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DE LOS CRÍOS Y EL SUBDESARROLLO

DE LOS CRÍOS Y EL SUBDESARROLLO

Robert Graves en su libro Las islas de la ingratitud relata cómo durante la conquista de las islas del pacífico resultó evidente la pérdida del poderío naval y militar del Imperio Español, como resultado de los celos surgidos entre dos de sus principales instituciones, la Armada y el Ejército. Este conflicto llegó a significar el que en ausencia de una orden superior que dirimiera la pugna entre las dos fuerzas, se perdieran no pocas batallas, porque el general en comando de las tropas de tierra no prestó el concurso de su ejército durante las escaramuzas navales y ocurrió la inversa cuando el ejército desembarca en costas hostiles. Mientras todo esto sucedía, la Reina Isabel de Inglaterra organizó sus fuerzas para que respondieran todo acto de agresión al unísono, bien fuera bajo el comando del Almirante, si éste sucedía durante la travesía, o a cargo del general si el ataque se producía en tierra, con lo que obtuvo fantásticos resultados.

Nosotros heredamos de parte y parte esta pasión por los celos, ya que desde la época de la conquista perdimos los imperios Inca y Azteca como consecuencia de luchas fratricidas motivadas en esta actitud del espíritu humano. Este persistente síndrome ha llegado en nuestros días a paralizar a la Administración Pública, por el hecho de la simple rivalidad existente entre las instituciones que tienen que ver con el bienestar de los ciudadanos. Esto atañe especialmente a lo que concierne con el orden público, a cuyo cargo están varias instituciones que fácilmente pueden enredarse entre sí, entorpeciendo resultados que son urgentes de ver. Otro tanto ocurre con la justicia, en donde si se pisan las mangueras los diferentes entes que deben velar por su pronta aplicación, la única beneficiada es la impunidad. A otro nivel también ocurre en temas de la importancia de la recreación o de la preservación del medio ambiente, en donde la puja entre las diferentes entidades encargadas de estas responsabilidades termina generando un vacío operacional. Lo mismo puede suceder con los esfuerzos que actualmente se adelantan en Ciudad Bolívar, en donde el concurso de la Empresa Privada es requerido, a la usanza de los casos de Medellín y Cali, si se quieren atacar todos los frentes de acción necesarios como son: la generación de empleo, la salud, la vivienda, la mejora de infraestructura y transporte, etc.

Una última consideración sobre nuestro ancestro español, que viene a cuento ahora que el país navega por aguas tormentosas es que somos un pueblo dado a la palabra fácil, extendiéndonos en la complacencia del ruido que brota de nuestra voz. Es claro que a punta de labia y hábil oratoria no podemos resolver los problemas que afrontamos. El país tiene que creer en quienes lo gobiernan, más allá de la brillantez de los discursos de quienes lo representan. Es urgente que las autoridades a la cuales les compete juzgar los hechos ocurridos lo hagan a la mayor brevedad posible, despejando las dudas que flotan a diestra y siniestra. Nada sería tan nefasto como prolongar este ambiente de desinformación por más tiempo, ya que en la incertidumbre no prospera ni la economía ni la paz.

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