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OTRA COMISIÓN

OTRA COMISIÓN

Con noble ánimo, destacados jerarcas de la Iglesia designaron a un grupo de ciudadanos para integrar, no una comisión de actuación, sino una que busca la aproximación entre las guerrillas y el gobierno para conseguir la paz. Hay que comenzar por comentar que esta es una comisión heterogénea, compuesta por sacerdotes, representantes de la izquierda, de los partidos políticos y de los sectores influyentes en la vida nacional. Cuánto hemos abogado por la paz. Tantas comisiones se han designado. De qué manera el gobierno abre los caminos para hacernos pensar que en poco tiempo se habrá logrado la reconciliación nacional. No hay puerta que no se haya tocado.

Infortunadamente la violencia guerrillera prosigue y, con esa actitud, se dificulta que la mayoría de los colombianos, ansiosos de la reconciliación nacional, se preparen mentalmente para lograr su máxima aspiración, como es la de no ver correr más sangre en el suelo de nuestra patria. Y en estas fiestas nacionales, los guerrilleros activaron sus acciones. Afortunadamente en los sitios donde quisieron perturbar el orden, las fuerzas estatales supieron repeler los ataques. Pero hubo muertos y heridos de ambos lados. En pocas palabras: siguió la guerra. Mas el anhelo inquebrantable debe ser el de que cesen los odios. Que se sumen al trabajo creador aquellos que hoy empuñan las armas.

Aceptemos la generosa idea de que la aproximación es un buen paso. Pero, y ojalá no suceda, preparémonos para que, como en tiempos anteriores, la guerrilla malogre las buenas intenciones de la Iglesia. Entre quienes van a actuar se encuentran personalidades que ven a los guerrilleros con alguna simpatía, a pesar de sus abominables actos. Sin compartir sus buenas intenciones, pensamos que ellos pueden ser artífices de la aproximación. Talvez los alzados en armas confíen un poco más en ellos que en otros comisionados, ya aburridos y con el sabor de la frustración aún fresco.

La aproximación sería el primer paso para que la guerrilla diera pruebas fehacientes de querer la paz. Es la puerta necesaria de tocar, porque seríamos injustos si no reconociéramos que el gobierno ha abierto casi todos los caminos para lograr el cese de una lucha que no causa sino daños morales y materiales a Colombia.

El éxito máximo de la Iglesia, que salva tantas almas en una tierra golpeada por la rudeza y el derramamiento de sangre, sería que consiguiera reunir a los compatriotas en un solo haz para que así el capital público y el privado, o sea de toda la Colombia trabajadora, produjera frutos que contribuyeran al crecimiento del país.

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