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CHIRIMIA, UNA TRADICIÓN CULTURAL QUE SE MANTIENE

CHIRIMIA, UNA TRADICIÓN CULTURAL QUE SE MANTIENE

Para los Ordóñez la chirimía es más que una música. Es tradición y salvaguardia de su cultura. Es amistad y jolgorio alrededor de las festividades. Es reunión familiar y, sobre todo, herencia bien repartida entre los habitantes del municipio de Almaguer, en el departamento del Cauca. Por eso, la participación de la chirimía de los Ordóñez en el Primer Encuentro Nacional de la Cultura Crea, que por estos días se celebra en la capital del país, refleja mucho más que una simple invitación para dar a conocer su folclor. Eudoro Males, su director, lo dice de un solo tajo:

conservamos las chirimías como una herencia. Algo que viene de nuestros antepasados y que significa, para nosotros, ánimo y vida. Queremos dar a conocer nuestras tradiciones a través de la música. Esto es una manera de montar cultura .

De ahí que no resulten extraños los aplausos ofrecidos a cada uno de los integrantes de la chirimía de los Ordóñez durante su trayectoria musical. Aplausos que han nacido en varias regiones del país. Pasto, Medellín, Cali y -por tercera vez- Bogotá, han sido escenario del tañer de flautas y el golpetear de tambores.

No es que nos las demos por el don asegura Males lo que pasa es que ya tenemos un reconocimiento en el país .

Para lograr esto, desde pequeños han sido educados con el fin de preservar su folclor. A Males, por ejemplo, el gusto por la chirimía le vino de su abuelo, quien solía tocar la flauta a toda hora.

Aprendí de los mayores, cuando yo tenía 10 ó 12 años. Mi madre me compró el instrumento y desde ahí empecé a repetir todos los sonidos que interpretaba el abuelito .

Similar a la chirimía de los Ordóñez, las restantes agrupaciones del municipio de Almaguer han recibido el mismo legado. En las 60 veredas que hacen parte de la región existen igual número de chirimías, todas ellas guiadas bajo el lema de mantener siempre viva su cultura.

Por eso, Males es mucho más que un solo portavoz. Con su agrupación, que incluye dos niñas y una decena de adultos, va narrando las historia de su pueblo a través de tamboras, redoblantes, flautas, maracas, rondadores, guasas y carraspas -instrumentos claves de la chirimía caucana.

Y aunque existe un marcado interés por dar a conocer sus tradiciones, la chirimía de los Ordóñez le mete el hombro a cualquier ritmo. No sólo interpretamos nuestras propias composiciones. También hay paseos, merengues, bambucos y joropos.

Cada una de las melodías las sacamos de nuestro propio pensamiento, sin necesidad de recurrir a letras ya escritas ni a talleres musicales .

El de ellos es un repertorio que hasta el próximo 10 de agosto se podrá escuchar en los diferentes escenarios de la capital y que suena a himno del sur, a tierra colombiana y, en especial, a rajaleña y chirimía del suelo caucano.

Porque, al fin, como lo asegura Eudoro Males, estamos acá con el único propósito de montar cultura .

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