Un cura que retó a Carlos Castaño y a ‘Martín Caballero’

Un cura que retó a Carlos Castaño y a ‘Martín Caballero’

El padre Rafael Castillo llevaba 12 años en Los Montes de María, entre las montañas de Bolívar y Sucre. Ya se había familiarizado con el mundo de la guerra, había tenido que enfrentarse con guerrilleros y paramilitares para proteger a la comunidad, pero nunca sintió tanto miedo como un día de junio del 2000.

07 de febrero 2010 , 12:00 a.m.

Eran las 2 de la tarde y el cielo despejado contrastaba con los pensamientos de este cura negro, alto y con barriga prominente, nacido en Cartagena hace 52 años.

En la cabeza le daban vueltas las palabras de Carlos Castaño, el ya muerto jefe paramilitar, que en una llamada en tono amable le dijo: “Padre, es conveniente que hablemos”. Castaño lo había llamado a la oficina de la Pastoral Social, que dirigía desde 1998.

“Fui a la finca y hablamos, muy duro, muy fuerte. Lo dejé que hablara, porque lo vi muy ofendido, muy molesto”, recuerda el sacerdote, que piensa que el hombre tiene derecho a sentir miedo, pero que, “cuando está comprometida la justicia, uno no puede ser cobarde”.

Cuando Castaño terminó de gritarlo, en medio de la mirada cómplice de no menos de 20 corpulentos hombres armados, el padre Rafa tomó un aire y le dijo: “Mire señor Castaño, yo le quiero decir dos cosas: primero, pedirle perdón porque mis afirmaciones lo han hecho sentir muy mal, y créame que nunca quiero hacer cosas que puedan afectar a otros, y segundo, que no me arrepiento de lo que dije, porque es verdad”.

La molestia del jefe ‘para’ era porque el padre, desde la Conferencia Episcopal, en Bogotá, cuando se discutía un despeje en los Montes de María para dialogar con la guerrilla, había afirmado: “con despeje o sin despeje allí hay un proyecto paramilitar”.

La fábula que le dio problemas El sacerdote, hijo de un sargento de la Policía (Arturo Castillo) y de una enfermera famosa en Cartagena por su labor en barrios pobres (Lorenza Torres, conocida como ‘la seño Lore’), nunca estuvo de acuerdo con la guerra (les costó la vida a más de 40 amigos y a su colega el padre Javier Cirujano, párroco de San Jacinto). Y el padre no escondía ese pensamiento.

Es más, una vez se metió en problemas por publicar un manual para proteger la vida en los Montes de María, que entregó por los 15 municipios de la región.

Empezaba con una fábula: “Un señor tenía un granero donde habían ratones y él viendo que los ratones estaban acabando con su granero, buscó un tigre, y claro, el tigre a la semana acabó con los ratones, pero después empezó a mirar a las gallinas, los patos, los pavos, los cerdos, los burros, las vacas y después lo miraba a él. Eso podemos constatar aquí, que el remedio resultó peor que la enfermedad, con la diferencia que aquí los ratones quedaron vivos y el tigre dejó peores consecuencias”.

Un ejemplo de ello, explica, es que ‘Martín Caballero’, el jefe de las Farc en la zona, había sobrevivido pese a la barbarie paramilitar, a los más de 2.000 muertos y a los 113.000 desplazados.

‘Caballero’, quien murió en un bombardeo en el 2007, también tenía en la mira al padre Rafa, como le dicen sus amigos. A él le parecían sospechosas las reuniones del cura con campesinos y sus manejos de dinero con ONG extranjeras.Operaba programas con apoyo de la Unión Europea y el Banco Mundial. “Él me dijo: padre, yo no tengo problemas con su trabajo por la comunidad, pero si en los listados de beneficiarios aparece un ‘paraco’, usted responde”.

Lo ven como a un santo Pero sobrevivir a las amenazas de los dos jefes de los grupos armados no enorgullece a Rafael, quien no se considera un mesías, ni mucho menos un héroe. “Héroes se hacían llamar los paramilitares”, recuerda con risa.

Tampoco cree que su labor haya terminado, pues la violencia de guerrilla y ‘paras’ dejó un déficit de tierras inmenso y los campesinos desplazados aún tienen una vida por reconstruir. Es reconocido por haber sembrado, en medio del conflicto, muchas semillas de ñame, yuca, ajonjolí y, sobre todo, de esperanza.

En Palenque, donde en su honor bautizaron a un barrio como San Rafael de la Bonga, lo creen un santo. Le pusieron así, cuenta Primitivo Pérez, porque desde el 5 de abril del 2001, que las autodefensas los hicieron salir de la vereda La Bonga y les tocó instalarse en un colegio de El Carmen, el padre asumió la suerte de las 57 familias que llegaron al pueblo (Otras 33 se fueron para San Pablo, en Maríalabaja).

Gracias a su gestión nació un nuevo barrio en Palenque, con casas que los mismos desplazados construyeron. No había duda, el barrio se llamaría San Rafael y le agregaron el ‘San’ porque presentían que el padre iba a ser asesinado, pero no fue así.

Dos días después de la cita en la que Castaño le dijo que no permitiría que engordara guerrilleros, los superiores lo enviaron a Europa por tres meses, para calmar los ánimos. Regresó y siguió su lucha, que continúa hoy desde la Corporación de Desarrollo y Paz de los Montes de María, que dirige.

Para sobrevivir, dice, tiene tres secretos: “la confianza en Dios; la comunión con mis superiores, mi obispo y mis sacerdotes (no hago nada a escondidas), y la unión. Sé que soy parte de la solución y que el secreto está en la capacidad que tengamos para conciliar intereses en torno a un interés superior: la paz.

‘‘Él (‘Caballero’) me dijo: padre, no tengo problema con su trabajo por la gente, pero si entre los beneficiarios aparece un 'paraco', usted responde".

Padre Rafael Castillo

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