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VOCES QUE SALIERON DE LA CALLE

VOCES QUE SALIERON DE LA CALLE

Pasar de pedir limosna, robar o deambular por la oscuridad de la Calle del Cartucho a cantar algo tan sublime como el Ave María de Shubert, no puede llamarse de otra manera que un milagro .

De esta dimensión es la metamorfosis que han sufrido las 46 niñas entre los 9 y los 14 años que integran el coro de Juventud Unida, el ala femenina de la obra del padre Javier de Nicoló que, en términos oficiales, hace parte del Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud (Idipron).

Para el padre Nicoló esta es una manera de formar ciudadanas por medio del canto. Como ésta, existen muchas más opciones de formación, como la floristería y la danza, para las niñas que encontraron un futuro más claro en Juventud Unida (ubicado en la calle 76 con carrera 30), que dirige Dora, la hermana del padre Nicoló.

Y aunque tanto él como el maestro Simón Galindo, director del coro, consideran que éste es aún incipiente, constituye en si mismo un encanto ver la concentración que llevan las niñas en sus ojos, el cálculo que hay en la apertura de sus labios y la atención que hay en todo: en la altura donde sus medias blancas rozan sus rodillas, en el planchado de sus uniformes y en el moño de sus corbatines.

Y son cotizadas. Durante los nueve días de la novena, cuenta el maestro Galindo, que para ellas es como un papá , reciben unas 25 solicitudes. Además, se han presentado en el Congreso de la República, en el Salón Rojo del Hotel Tequendama, en la Escuela de Cadetes, en un matrimonio chic en el Gimnasio Moderno, en el Club Alfa, en el Hotel Dann Colonial, en el Centro Comercial Granahorrar, y recientemente fueron las invitadas de honor para la celebración de la fiesta del Corpus Christi en Anolaima.

Su repertorio incluye tanto canciones religiosas como profanas. Sí, el Ave María de Shubert, La misa, el Padre Nuestro, Los sonidos del silencio, Los tres amores de Luisa Calvo, pero también Mi Buenaventura, Rosamaría y otras canciones del folclor colombiano.

Para llegar a cantar todo eso, tuvieron que pasar los exámenes de voz y luego estudiar casi una primaria paralela a la que reciben en las mañanas: aprender a leer música (solfeo), entonación, medida y violín, pandereta, piano y tambor, para hacer el acompañamiento del coro.

A ello le dedican, en principio, dos tardes en la semana con el maestro Galindo que no es un oído fácil de complacer; antes de comenzar a preparar este coro, dirigió durante dos años el Conservatorio de la Universidad Nacional.

Aunque cada una de las 46 integrantes quería aparecer en el periódico , esto no fue posible por razones obvias. Solo dos fueron las seleccionadas por el maestro Galindo por considerarlas dentro de las más destacadas. Ellas son Mireya y Velkis.

Mireya Cuando su mamá se separó de su papá, Mireya Parra Gamboa pasó de vivir en la Perseverancia a vivir con su madre y sus tres hermanos cerca de la Plaza España Luego, vendía dulces en los buses y estaba estudiando segundo de primaria en la Escuela Reino Unido de Suecia, cuando decidió escaparse de la casa.

Tenía 9 años. Yo pensaba que era más seguro en la calle que allá en la casa. Yo peleaba mucho con mis hermanos y me aburría mucho. Además, me parecía que me tocaba hacer mucho en la casa. Yo llegaba y hacía oficio, para mi era pesado , dice.

Entonces se fue con una amiga que tenía en ese entonces 11 años. Ella me había enseñado a robar. Robábamos comida. Dormíamos en una residencia más acá de la Caracas. Nos encontrábamos a las 7 de la noche y volvíamos a la residencia. Mi mamá me iba a buscar y yo nunca estaba, hasta que me encontró, y me trajo al patio de la Mamá Sonia .

El Patio de Mamá Sonia está ubicado cerca a la calle de El Cartucho, en seguida de Bosconia, que es el lugar a donde voluntariamente comienzan a ir los niños y jóvenes que viven en la calle antes de decidir vivir en uno de los hogares de Idipron.

La presentación del coro que más le ha gustado a Mireya la hicieron en diciembre del año pasado en el centro comercial Granahorrar. Allá es como más feliz en Navidad. Se ven muchas cosas bonitas .

En cambio a Velkis Pegi Bañol, otra de las integrantes del coro, lo que más le gustó fue ir a la Escuela Militar de Cadetes. Era el día de las madres y los soldados también aprendieron con nosotros , dice. Su aspiración es cantar en un Coliseo y que les guste las canciones que nosotros cantamos y de pronto las aprendan , dijo.

Velkis La vida para Velkis, una niña que se le ve a la legua el empeño, por el cual se ganó la entrada al coro tan solo un mes después de llegar, hoy sabe tocar cualquier instrumento (maracas, pandereta, guitarra, violín y flauta) y además canta como solista el Padrenuestro, cosa que todavía la asusta. No había sido más fácil que para Mireya.

Mi mamá se iba a trabajar y no tenía con quien dejarme. Entonces yo me iba para la calle hasta las 9 ó 10 de la noche, rompía vidrios, tiraba piedras y tocaba las puertas por estar jugando. Me divertía mucho con mis amiguitas .

Mi mamá ahora cuida una casa arrendada. Teníamos una casita pero nos sacaron de ahí. Entonces mi mami hizo una casita de paroi con palo, allí arribita de Jerusalén (en Ciudad Bolívar). Era en una montaña, no había baño ni cocina, todo lo teníamos que hacer en la montaña.

Si necesita plata pues trabaje, decía mi mami. En diciembre yo vendía con mis hermanitos mirlas, unos pajaritos a los que se les echa agua y cantan. Los tres (de 11, 10 y 9 años) íbamos a trabajar en la carrera 7a., cada uno en una esquina. Lo que recogíamos se lo llevábamos a mi mamá, ella nos recogía a las 8 de la noche.

Cuando a mi hermana la tuvieron que enyesar nosotros no almorzábamos para pagarle el yeso. En ese momento mi mamá trabajaba en un aeropuerto y me pagaba la escuela, entonces cuando salía me decía que embolara los zapatos y por la noche venía y me pegaba .

Entonces mi mamá me tuvo que internar . Velkis es la mayor de 5 hermanos, 4 niñas de las cuales dos están en la casa estudiando y la otra, Cecilia, es también integraste del coro. Además tiene un hermanito que está en Bosconia, el lugar ubicado cerca de la calle del Cartucho que es el primer estadio para entrar a la obra de Nicoló.

A su madre y las dos hermanas que viven con ella las ve cada 15 días de 10 de la mañana a las 2 de la tarde. Voy a la casa, le ayudó a mi mamá, nos vestimos con mis hermanitas, vamos al parque y almorzamos , cuenta.

Ahora, aspira a enseñar música, a cantar y a tocar instrumentos a los niños que no pueden y que no tienen voz para eso .

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