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LA TIGRA RESULTÓ MALA VECINA

LA TIGRA RESULTÓ MALA VECINA

Un penoso accidente casi le cuesta una pata y posiblemente la vida a Chiva , una leona que habita el zoólogico de Santacruz desde hace alrededor de quince años, los mismos que tiene de nacida.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
11 de enero 1996 , 12:00 a. m.

Sin embargo, gracias a los cuidados de la veterinaria del lugar, Heidi Monsalve, hoy está fuera de peligro y se recupera lentamente.

El accidente ocurrió el 27 de noviembre, un poco antes de las ocho de la mañana. Chiva introdujo su pata delantera izquierda en la jaula de al lado, para coger un pedazo de comida. A su vecina, una tigra bizca llamada Clarens , no le agradó la idea. Con la fiereza que caracteriza a estos felinos la atacó y, a fuerza de mordiscos y arañazos, le desgarró completamente la piel de la pata, dejando a la vista huesos y tendones. Según Monsalve, lo curioso es que la leona no se hubiera fracturado la pata, ya que el forcejeo fue de tal magnitud, que los dos animales doblaron una de las varillas de hierro que separa las jaulas.

Con frecuencia, ella solía arrastrar hasta su recinto los pedazos de comida que quedaban en la jaula de al lado, que por siete años solamente estuvo habitada por un manso tigre llamado Nerú . Hace tres meses Clarens fue trasladada desde Cali para compartir la jaula con Nerú .

El mismo día del accidente encerraron a Chiva y le cogieron unos cien puntos en la parte superior de la pata. Entonces empezó el tratamiento. Los primeros cinco días fueron los más difíciles, porque se resistía a probar la comida. Con la ayuda de una pistola, la leona era anestesiada y recibía dosis diarias de antibióticos y anti-inflamatorios.

Cuando empezó a comer, se le cambió el antibiótico por uno para humanos, que se le suministraba en la comida. Al principio era necesario partirle la carne en pequeños trozos, porque no podía agarrar presas enteras con la mano, que, literalmente, le colgaba. Solamente cuando recuperó sus fuerzas y aparecieron nuevos tejidos entre la mano y lo que quedaba de la pata, se le volvieron a dar pedazos grandes de carne.

Cuando Monsalve consultó el caso con otros veterinarios, éstos le dijeron que era muy probable que la pata completa fuera atacada por una gangrena. De ser así, habría que amputársela y probablemente hacerle eutanasia. Cuando visualicé la eutanasia como una posibilidad, me dije a mi misma que había que hacer cualquier cosa por salvar al animal, y así lo hice. Desde entonces, no le he suspendido los antibióticos ni los anti-inflamatorios. Además, día de por medio le hago una limpieza con agua oxigenada y azúcar.

En unos ocho días será sometida a una operación para extraerle dos tendones, que a raíz del accidente quedaron como en el aire. Monsalve espera que, después de la intervención, poco a poco la herida se vaya rellenando y sane en un término máximo de dos meses. Chiva no volverá a ser la misma, porque perdió dos dedos y probablemente quedará coja, pero esto no es nada comparado con la amputación o la eutanasia. Para evitar que vuelva a ser atacada por su irascible vecina, ahora dos gruesas láminas de cemento separan ambas jaulas, excepto en una parte donde, además de los barrotes de hierro, están separadas por un estanque.

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