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JUGANDO CON FUEGO

JUGANDO CON FUEGO

Veinte años construyendo un imperio no podían perderse así no más de la noche a la mañana. De ahí que el llamado coletazo del cartel que comanda Miguel Rodríguez Orejuela, haya sido de las proporciones descomunales que estamos padeciendo.

La estrategia de ese cartel no consistió en intimidar y asesinar personajes para ascender a las esferas del poder, como lo hacía el capo del cartel de Medellín. Ha sido una maniobra hábil y silenciosa que ha carcomido lentamente las bases del establecimiento y ha minado los soportes morales de la sociedad. Porque por dinero sucio sucumbieron diplomáticos, congresistas y jueces; militares de alto rango y humildes cabos; policías y detectives; alcaldes y concejales. Con tentadoras ofertas sobornaron desde modestos carceleros hasta livianas reinas de belleza. Y, según parece, se colaron en las tesorerías de las campañas políticas en donde, todavía no se sabe, pero lo averiguará la Fiscalía, también tenían sus fichas, de seguro contactadas por el acucioso jefe de relaciones públicas, que está hoy entre rejas.

Mientras que Escobar se destacó por su brutalidad y por su salvajismo, Miguel Rodríguez sobresale por su inteligencia y por su astucia. Acosado desde hace casi un año por las autoridades que han allanado centenares de sus propiedades edificios lujosos, palacetes urbanos, mansiones tipo Dinastía construidas en medio de fantásticas haciendas, Rodríguez había logrado burlar todos los cercos. Ni las redes de inteligencia, ni los mil millones de pesos ofrecidos por su captura, ni la valiosa información sobre sus andanzas y sus negocios, ni desmantelar sus escondederos e incautar sus modernas redes de comunicación, habían servido para dar con él. Provisto de una bala de oxígeno, porque dicen que padece una lesión pulmonar, le había escurrido el bulto al Bloque de Búsqueda. Estaba protegido, más que todo, por su gente; unos son personajes influyentes, otros son taxistas, empleados y enes enes. Ese poder de los narcos es la realidad que tenemos que enfrentar, sin más disculpas. Porque la denominación de narcodemocracia no es una invención gratuita de nuestros enemigos. Nos la hemos ganado con la ayuda de autoridades cómplices y complacientes. Y con la venia de una sociedad permisiva que por comodidad, o por interés, se hizo la desentendida.

No obstante la caída de Miguel Rodríguez, la situación del país es muy grave y echarle leña a la hoguera es exponernos a todos a morir en el incendio. Por eso considero irresponsable darles credibilidad y resonancia a las afirmaciones de un detenido, sin que los acusados hayan tenido la oportunidad de defenderse. Las filtraciones de una indagatoria que divulgaron los medios con gran despliegue, porque chiva es chiva y eso es lo que importa, ocasionaron la caída del ministro de Defensa. Y sacar del ring a quien se distinguió por el valor y la decisión con que combatió a las mafias, es una victoria de los narcos. Y tendrán muchas otras si no esperamos los pronunciamientos de la Fiscalía, y si continuamos sacándoles partido a los chismes, a las calumnias y a las consejas.

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