Secciones
Síguenos en:
DIOS MÍO, QUÉ HEMOS HECHO!

DIOS MÍO, QUÉ HEMOS HECHO!

Hoy hace medio siglo, el 6 de agosto de 1945, Estados Unidos equipó y envió al famoso bombardero Enola Gay para que arrojara por primera vez en la historia una bomba atómica sobre seres humanos. En cuestión de segundos, 119 mil personas murieron en la ciudad japonesa de Hiroshima. Tres días más tarde, otros 70 mil japoneses morirían en Nagasaki. (Ver infografías)

Para el 15 de agosto, la Segunda Guerra Mundial había tocado fin. El Japón no podía permitir que continuara semejante genocidio.

Aquel gigantesco hongo azulado que se elevó hasta 12.000 metros de altura y destruyó 11.4 kilómetros cuadrados en Hiroshima, es la más rápida y horrenda incineración masiva que ha conocido hasta ahora la humanidad.

Dios mío, qué hemos hecho , fue la reacción nerviosa del copiloto estadounidense del Enola Gay. Mientras tanto, abajo, en Hiroshima, la bomba producía temperaturas de millones de grados. Nunca antes se había producido tanta muerte y destrucción en tan poco tiempo.

Varias teorías explican la decisión de lanzar la bomba, adoptada por presidente Harry Truman. Según las propias palabras del mandatario estadounidense: la bomba terminó la guerra y salvó millones de vidas . Truman argumentó que una invasión a Japón le hubiera costado a Estados Unidos cerca de medio millón de vidas.

Sus críticos afirman que en realidad esa pérdida estaba calculada en 229 mil muertos y que la verdadera razón de Truman estaba más en una opinión pública cansada de una guerra que había costado ya 290 mil vidas.

En 1965 un joven economista político llamado Gar Alperovitz, plateó una teoría más atrevida: el verdadero objetivo de la bomba no fue otro que demostrarle a Rusia el poderío militar estadounidense en un momento en que la Guerra Fría y el mundo bipolar prometían ya una era de tensión.

En un documento encontrado años más tarde, Truman decía a un amigo suyo que la bomba mantendría a los rusos en su sitio .

Al margen del debate del objetivo, las bombas de Hiroshima y Nagasaki desataron una desenfrenada carrera por acumular la mayor cantidad de armas de este tipo entre E.U. y la URSS. Los años sesenta fueron el climax de esta era. La crisis de los misiles (Cuba, 1962) y las amenazas entre potencia y potencia mantuvieron al mundo al borde de la tercera guerra mundial.

Para los sesentas, Estados Unidos llegó a tener 3.423 armas nucleares dirigidas a la Unión Soviética. Algo así como 600 mil Hiroshimas.

Según datos del Brookings Institution, en Washington, Estados Unidos gastó alrededor de 3.5 trillones de dólares en los últimos 50 años armándose nuclearmente. Durante ese período construyó 700 mil bombas.

En 1970 se inició la era de la distensión. En ese año se firmó el primer Tratado para la No Proliferación de armas nucleares, elemento fundamental para mantener los delicados equilibrios del mundo bipolar.

El fin de la guerra fría trajo consigo una voluntad de desarme por parte de las grandes potencias que si bien no ha eliminado el peligro nuclear si ha disminuido el número de cabezas nucleares listas para disparar. Lamentablemente, de forma paralela al desarme de E.U. y Rusia, hoy asistimos a una era marcada proliferación nuclear en la que varios países, generalmente con serios problemas internos y externos, tienen ya el arma atómica, y en la que muchos otros de similares características hacen grandes esfuerzos para conseguirla. (Ver mapa).

Las causas son varias, pero se resalta que al término de la bipolaridad (1989-90), los países anteriormente alineados con alguna de las potencias quedaron libres de actuar bajo sus propios instintos y necesidades.

La desintegración de la Unión Soviética contribuyó a este proceso de proliferación de varias formas. En primer lugar, al desaparecer el programa soviético de investigación y producción de armamento nuclear varios miles de eminentes hombres de ciencia quedaron relegados a la caridad pública, y son buscados por otros países para el desarrollo de su proyectos nucleares.

En segundo lugar, está el problema de robo de materiales e información para la fabricación de armas nucleares.

El caso de nuestro compatriota Justiniano Torres, independientemente del montaje hecho por los servicios secretos alemanes, demuestra que hay gente dispuesta a vender materiales y tecnología nuclear.

Compradores potenciales no faltan. India, Pakistán, Corea del Norte y el propio Irán tienen proyectos nucleares avanzados.

La ONU estimó en 1990 que en el mundo existen más de 30 países con reactores nucleares funcionando, y aunque la mayoría de ellos se utilizan con fines pacíficos, algunos de ellos podrían reorientarse a programas militares.

En un artículo publicado en marzo pasado en Foreign Affairs, la Biblia académica de la política internacional, Michael Mandelbaum escribe: No solo las superpotencias representan una amenaza nuclear. Un país pequeño y pobre con unos pocos explosivos nucleares... podría causarle un daño terrible a Estados Unidos . El título del extenso artículo lo dice todo: Lecciones para la próxima guerra nuclear .

Mandelbaum divide a los países que cuentan con bombas o con la posibilidad de construirlas, en tres. - Primer grupo: Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia. La responsabilidad de este lote es liderar al mundo hacia el desarme nuclear. Sin embargo, países como China y Francia siguen realizando ensayos. Actualmente Francia se prepara para ocho tests el próximo mes en el Pacífico Sur, una posición que arroja a la caneca toda posibilidad conjunta de servir de ejemplo a los países pequeños.

-Segundo grupo: referido como los huérfanos por no haberse asociado con las potencias, incluye países con la capacidad para construir bombas atómicas como Israel, India y Pakistán. Estos no han firmado el tratado de no proliferación y podrían desequilibrar la paz mundial.

- Tercer grupo: países como Corea del Norte, Irán, Irak, Siria y Argelia. Se consideran peligrosos por estar influenciados de manera tan poderosa por corrientes ideológicas extremistas como el fundamentalismo islámico y el marxismo-leninismo. O simplemente, como dice Dean Wilkering, de la Corporación Rand, porque es poco probable que la disuasión nuclear funcione bien entre India y Pakistán .

Así como Hiroshima y Nagasaki desataron una carrera armamentista nuclear hace 50 años, hoy asistimos a una especie de segunda carrera en el tercermundo. Una era en la cual la lucha contra la no proliferación, especialmente en lo que tiene que ver con el comercio internacional de elementos y tecnología nuclear con fines bélicos, será definitiva para evitar que la tragedia que vivió Japón se repita, y para hacer del mundo un lugar más seguro.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.