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HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS

HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS

Ya tenía preparado el balance del primer año de Gobierno de Samper. No es un balance fácil porque la mayor parte del tiempo él ha tenido que dedicarlo a defenderse en el interior y en el exterior de las acusaciones que todo el mundo conoce, y que tienen al país entero sumido en una orgía de rumores, chismes y especulaciones.

Pero ante los acontecimientos de los últimos días, es mejor dejar el balance para otra ocasión. Nadie entendería que en este momento no se hiciera referencia al huracán político que azota a Colombia, y que aquí en los Estados Unidos lo sentimos más que el propio Erin , que finalmente no causó los tan temidos estragos en la Florida.

Cuando hace unos meses el Fiscal dio la famosa rueda de prensa en la que señaló a ciertos personajes de la vida política como supuestos beneficiarios de dineros provenientes de la mafia, escribí en esta misma columna que al doctor Valdivieso había que apoyarlo y respaldarlo. Pero al mismo tiempo dije que si salía con un chorro de babas, tendría que renunciar.

En ese momento se decía que la única prueba que había era el pago de unas cuentas de hotel. Sin embargo, los informes que se publicaron sobre ese hecho en el exterior fueron implacables contra el país. Nadie tomó el asunto como una demostración de que en Colombia existían todavía sectores honestos de la sociedad capaces de señalar y combatir a los corruptos. Para la opinión pública internacional fue la confirmación de que Colombia entera era una narcodemocracia.

Es importante reconocer que el Fiscal no salió con ningún chorro de babas, sino con una de las investigaciones más importantes para el futuro de nuestra nación. Es una investigación que tiene que seguir sin titubeos, hasta llegar a las últimas consecuencias. Para ello, hoy más que nunca, es imperativo rodear y respaldar al Fiscal en su tarea moralizadora.

Por qué? Porque tal vez la peor crisis que sufre Colombia es la falta de credibilidad en sus instituciones y en sus dirigentes. Aterradora, como síntoma, la encuesta publicada hace unos días donde los jóvenes consideran que los políticos son más peligrosos para la sociedad que los narcotraficantes o los guerrilleros. Solo una sociedad enferma puede manifestarse en esa forma.

El Presidente hizo bien, aunque un año tarde, en agarrar el toro por los cachos. La institución presidencial es de lo poco que todavía mantiene cierta respetabilidad en el país, y hay que preservarla. Por ello ojalá el presidente Samper logre aclarar cómo se financió su campaña, para que no queden dudas sobre su legitimidad y para que por fin se pueda dedicar a gobernar.

Ya rodaron algunas cabezas, y tendrán que rodar más. Pero eso no es lo importante. Las personas, al fin y al cabo, son dispensables. Lo indispensable son las instituciones.

Ahora habrá que esperar el resultado de las investigaciones, sin tanta interferencia. Espectáculos tan grotescos como el robo durante el fin de semana pasado del expediente del señor Medina, ponen al país y la Justicia colombiana en ridículo.

Todo este trauma habrá sido positivo y saludable si al fin la gente queda con la certeza de que nadie en Colombia puede estar por encima de la ley y que el sistema tiene sus mecanismos de autodefensa. Si por el contrario, llega a quedar la sensación de que por cualquier razón se tomaron actitudes débiles y condescendientes, y en la ciudadanía todavía queda un sabor amargo de duda y escepticismo, entonces todo este remezón habrá sido en vano. Y la crisis institucional seguirá ahondándose.

En todo este drama nacional no hay que olvidarse que la Fiscalía acusa pero no juzga. La verdadera prueba de fuego estará, entonces, en las instancias que reciben las acusaciones del doctor Valdivieso. La opinión pública deberá estar pendiente de que allí se obre con rectitud, prontitud y objetividad.

Es la opinión pública, es el pueblo colombiano, el que exige claridad para volver a creer. Porque esa opinión pública no solamente no cree en los políticos. Tampoco en la Policía ni en la Justicia, ni en nada de lo que debe inspirar respeto y autoridad. Es una situación de semi-anarquía que está disolviendo lo que queda de la fibra moral de la sociedad colombiana.

De ahí la importancia de que este lío de los dineros calientes en la campaña presidencial, que ha tocado puntos tan neurálgicos y sensibles de nuestra estructura política, quede totalmente aclarado. Lo peor que puede pasar es que al final de semejante odisea, subsista cualquier sombra de sospecha. Porque ya no sería sobre el hecho en sí mismo, bien grave de por sí, pero al fin y al cabo coyuntural, sino sobre la capacidad misma de las instituciones para afrontar y remediar coyunturas como éstas.

Como siempre, saldrá a relucir en muchos la pusilánime actitud de: Silencio, enfermo grave . Pero en esta ocasión, el silencio sería mortal. El sistema está enfermo, es cierto: tiene gangrena. Y para salvarlo hay que tomar decisiones radicales, así sean dolorosas y traumáticas.

No hay que tenerle miedo a la dificultad. Y afrontar las consecuencias, cualesquiera que sean, debe ser la consigna. Si el sistema no da muestras claras de su capacidad de renovación y rectificación, saldrá muy maltrecho. Porque esto ya tocó fondo: la verdad existe y lo único inventado son las mentiras.

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