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SE MURIÓ LA REINA DEL TAMAL

SE MURIÓ LA REINA DEL TAMAL

Durante los 50 años que María Nicomedes Lozano dedicó a la preparación de uno de los platos más famosos de la cocina colombiana, fueron muchos los personajes de la vida del país que arribaron hasta su casa o al pequeño puesto de comidas típicas ubicado en la plaza la Concordia de El Espinal para probar uno de sus exquisitos tamales tolimenses.

Por su cocina pasaron desde presidentes y congresistas hasta famosos artistas de la televisión.

Pero muchos de los que no alcanzaron a tener este placer ya no podrán hacerlo, pues la tamalera más reconocida de Colombia falleció, a sus 74 años el pasado 14 de Julio en la capital del Bunde.

Sin embargo, las escapaditas de varias estrellas de la televisión o las tomas de la Concordia por parte de los guardaespaldas que protegían a grandes figuras de la vida nacional como el ex presidente Belisario Betancur, Andrés Pastrana, el periodista Jorge Enrique Pulido y el senador Alberto Santofimio, para degustar los tamales de Nicomedes pasarán a la historia junto a la veterena campesina.

Incluso en esta localidad conocida como centro agrícola del Tolima hay quienes afirman que personaje de respeto que visitara al Espinal no podía evadir en su agenda una visita a la casa de la carrera 11 Número 4 -22 del barrio Isaías Olivar donde Nicomedes vivió la mayor parte de su vida.

Allí, en su humilde cocina, entre montañas de leña y ollas negrientas, en un ambiente impregnado por el olor a las hojas de plátano soasados con las que se envuelven los tamales, se sentó una tarde el fundador del nuevo liberalismo, Luis Carlos Galán a paladear una de las ricas masitas de Nicomedes.

También conocieron su casa, única en el mundo donde todos los días del año se preparan tamales, Alfonso Lizarazo y su elenco de Sábados Felices, el famoso dúo cómico musical de Emeterio y Felipe, Los Tolimenses y el dueto de los maestros Garzón y Collazos, entre una larga lista de personalidades.

Tolimense hasta el tuétano Tan tradicional como los tamales que preparaba, Nicomedes era autóctona hasta en la música. Cada año le traímos una serenata. Pero a ella sólo le gustaba la música de cuerda en especial la del trío Los Carlos , relata su hija Noemí quien confesó que un día cometieron el error de traerle a un joven mariachí, cosa que en lugar de agradarle terminó por disgustarle.

Y es que a esta vieja de piel morena, mediana estatura, mirada tímida y sonrisa amplia, rasgos que caracterizan al típico campesino del centro del Tolima, no era raro encontrarla cantando y silbando alguna estrofa de Hurí, uno de los pasillos más famosos de la música colombiana.

Pero no siempre estaba así de contenta, pues había que verla cuando no encontraba su cuchillo o cucharón preferidos en el puesto que ella les tenía asignados. Eso cogía esas ollas a golpes y le daba rabia porque siempre fue muy ordenada , dice Nohemí, quien junto a sus hermanas Mercedes y María Nidia heredaron el oficio con el que su madre levantó a los ocho hijos de la familia.

Humilde y tímida Como buena campesina, el día para Nicomedes, quien alcanzó a vender tamales a un centavo, comenzaba a las cuatro y media de la mañana, hora en que se levantaba a calentar las viandas que enviaba a la plaza.

Definitivamente, introducirse en la personalidad de Nicomedes no es otra que reconocer los rasgos del campesino tolimense donde están presentes la humildad y timidez. Cada vez que llegaban hasta su casa personajes o periodistas en busca de una entrevista, se escondía. Hace unos años vinieron los de un noticiero y le dio tanta angustia que no quiso salir . Y es que a la reina del tamal no le gustaba posar ni para las fotos, pues como lo afirman sus familiares, lograr un registro fotográfico de su madre era todo un acontecimiento.

En cierta ocasión un señor, de esos que se llevan hasta 100 tamales para Bogotá y Cali, la felicitó por que la había visto en televisión. Esa vez casi se muere de la verguenza , comenta Nohemí.

Este año, rompiendo con la tradición, sus hijos no pudieron llevarle serenata el día de su cumpleaños. Estaba enferma, con dolores de estómago y se venía adelgazando terriblemente. Como presintiendo que su fallecimiento estaba cerca, a Nicomedes se le escuchó decir en las últimas semanas: Quién me llevará flórez cuando me muera? . Pero ese día, no sólo la población de El Espinal se volcó a su entierro sino que le llegaron 42 arreglos florales como prueba del reconocimiento de sus paisanos a una de las mujeres que también se ganó el cariño de los vecinos. Tenía un corazón tan grande que los niños del barrio se amañaban donde la vieja, quien les daba consejos y hasta les daba para el recreo. A mucha gente que no tenía para comer le daba para su mercadito , dice una de las vecinas.

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