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LA MUERTE RONDA ENTRE CAFETALES

LA MUERTE RONDA ENTRE CAFETALES

El 15 de diciembre, Anadelia Cuadros hizo lo que creyó que tenía que hacer.

Tenía 48 años, y en su finca de Florida, una vereda del Líbano, había vivido toda la crisis cafetera.

La mujer se bebió el medio litro de Thiodan que empuñaba, con el ánimo de seguir el ejemplo de Duván Mora, su esposo, quien 45 días antes se suicidó con la fórmula de moda en este pueblo del norte tolimense: medio litro de refresco, con otro tanto de Thiodan, poderoso plaguicida usado para combatir la broca.

Afortunadamente para los Mora, el abuelo se encontraba en la finca, y junto con Cecilia y Mercedes impidieron una nueva tragedia en la familia. Tragedia que se inició en 1989, con el rompimiento del Pacto Cafetero y la llegada de la broca, que hoy afecta más del 90 por ciento de los cafetales en las veredas de Río Recio, La Honda, San Isidro, California, el Alto del Sol, Pantanillo, Mateo y Santa Rita, por sólo mencionar las más importantes.

Desde la muerte de Duván Mora, propietario de dos fincas de 15 hectáreas que están a punto de ser embargadas por la Caja Agraria, Anadelia Cuadros no hace otra cosa que llorar por la muerte de su esposo y la partida de tres de sus hijas quienes, al igual que centenares de libaneses, emigraron en busca de trabajo.

Mi papá decía que ya no tenía ganas de vivir, pero nunca nos imaginamos que cometiera esa barbaridad , dice Herminso Mora, único hijo varón de la familia, quien revela que antes de la crisis las fincas producían treinta cargas de café por cosecha.

Hoy no se recogen ni cinco cargas, y no alcanza para pagarles a los recolectores , dice.

Su madre no es la única viuda que ha dejado la crisis del grano, ya que una tragedia similar ocurrió a comienzos de año en el hogar de Olga de Martínez, en la vereda Maten. Su esposo, Pablo Martínez, uno de los más reconocidos caficultores del corregimiento de Tierradentro, también fue encontrado muerto en medio de un cafetal, al lado de un frasco de Thiodan.

Doña Olga tuvo que montar una tienda en Filo de Hambre , como llaman ahora a Tierradentro , relata Rosa Ema Arias, una vecina.

Y es que definitivamente el Thiodan pasó de ser el enemigo más temido por la broca para convertirse en un arma suicida.

De acuerdo con el boletín interno sobre las actividades del Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI) de la Fiscalía en el Tolima, en lo que va corrido del año se ha practicado el levantamiento de otros nueve cadáveres en el Líbano, todos por intoxicación con el famoso herbicida.

Inseguridad y guerrilla Pero los suicidios y la broca no son los únicos males que afectan a la que hasta hace unos años se consideró como la región más próspera y rica del Tolima.

Desde comienzos de 1994, la situación de desempleo hizo que la inseguridad se tomara el norte del departamento.

Asesinatos como el de Niray González, agente de la Cooperativa de Caficultores de Tierradentro, quien al momento de su muerte transportaba dineros de la entidad, se sumaron a los robos en las fincas, atracos, intentos de secuestro, boleteo y extorsiones.

Tampoco podían faltar las incursiones guerrilleras, que hasta antes de 1989 se creían exclusividad del sur del Tolima.

A partir de ese año, la crisis convirtió al Líbano en terreno abonado para la guerrilla.

De esta manera hizo su aparición el Frente de los Bolcheviques, célula del Eln que tomó el nombre de la primera protesta popular que tuvo lugar en el Líbano, en 1927. En un primer comunicado conocido en la región, los guerrilleros advertían que su intención era la de impedir los embargos y remates de las fincas.

Los guerrilleros no tardaron en empezar a cumplir la promesa. Según el dirigente local Gabriel Buitrago, este año, en la vereda El Corozo, de Santa Isabel, un grupo de sediciosos hizo regresarse a un juez y a dos funcionarios del Juzgado Civil del Circuito de Lérida, que pretendían embargar una finca.

Pero, lo más preocupante, es que hoy los campesinos que no han emigrado a las grandes ciudades, se debaten entre la idea de convivir con la angustiosa situación, o hacerle el juego a las ofertas de la guerrilla, que según los propios caficultores, es de dos salarios mínimos mensuales para irse como guerrilleros.

Y es que la rentabilidad de este sector, no da para más, según Francisco Barragán, miembro del Comité de Cafeteros del Tolima, ya que producir una libra de café para exportar cuesta 1,74 dólares, y actualmente se paga a 1,36 dólares.

La crisis en cifras En 1991, Líbano era el quinto productor de café a nivel nacional. Tenía 16.214 hectáreas sembradas y recolectaba 24.000 cargas del grano al año. Hoy esas cifras no llegan a la mitad.

Según datos del Comité Departamental de Cafeteros, la entidad atendía, a mayo pasado, 123.619 hectáreas del grano en el Tolima. En el departamento, el número de hectáreas afectadas con la broca asciende a 82.705.

A marzo de 1995, la cartera con la Caja Agraria ascendía a 6.234 millones de pesos en el Líbano, y en toda la región a 11.605 millones.

A la misma fecha, el valor de la deuda vencida era de 2.115 millones y en el resto de la zona era de 3.923.

Según el Censo de 1985, la población del Líbano ascendía en ese año a 41.500 habitantes. De acuerdo con el Censo de 1993, la población bajó a 34.800.

Un símbolo de la crisis La historia de Jerónimo Torres, un campesino de Tierradentro que hasta 1991 recolectaba hasta 50 cargas de café en su finca, en un fiel retrato de la dramática situación que padecen cerca de 5 mil campesinos en el norte del Tolima.

Por su mente nunca cruzó la idea de que algún día tendría que abandonar su finca, que luego de 20 años de duros sacrificios y largas jornadas como recolector de algodón en Armero, logró comprar en 1982.

Hoy, a sus 65 años y luego de sostenerse desde 1992 a punta de préstamos, no pudo resistir por mas tiempo las pérdidas que arrojaban sus cafetales y decidió que allí ya no tenía nada que hacer.

Cuando me puedo parar, salgo a jornalear a la finca de don Anselmo. Con los 3.500 pesos que me pagan me rebusco algo de comida para mi esposa y una hija que también está enferma .

La difícil situación económica producto del rompimiento del Pacto Cafetero y los consecuentes bajos precios del café durante cuatro años, obligaron a sus tres hijos a marcharse para Bogotá donde trabajan como celadores.

Como no había plata ni para el mercado, fue imposible mantener la finca. La maleza nos cogió ventaja, no pude fertilizar los árboles y mucho menos cómo controlar la broca .

Pero el drama de don Jerónimo no terminó aquí. En 1991 se endeudó con la Caja Agraria para renovar los cultivos y no tienen cómo pagar el empresario. Al paso que vamos nos quedaremos en la calle, concluyó el a quien para rematar se le acaba de morir un hijo en Bogotá.

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