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UN GERENTE PARA EL AGRO

UN GERENTE PARA EL AGRO

La designación de Gustavo Castro Guerrero como ministro de Agricultura, es la suma de todos los aciertos que ha tenido el presidente Samper. Llega el nuevo ministro a gerenciar el agro colombiano en un momento en que el sector continúa en cuidados intensivos. Ni las promesas del candidato presidencial, ni las buenas intenciones del Presidente, ni la labor más o menos aceptable del ex ministro Hernández Gamarra, han logrado levantar al campo de la enorme paliza que le dio el anterior gobierno.

El sector continúa sumido en la crisis que se inició hace cinco años, bajo la rectoría del ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes, quien todavía, sobre la inmensa catástrofe de su anti-ruralismo, sigue diciendo en sus artículos de prensa que el campo estuvo lleno de privilegios. De su estado de coma sólo podrá sacarlo un ministro de las altas calidades de Castro Guerrero, siempre y cuando cuente con la decisión presidencial y con el concurso del equipo económico del gobierno, porque bueno es recordarlo, que la sola presencia de un gran ministro, su experiencia, su conocimiento del agro y su magnífica voluntad no le dan, por estos solos hechos, poder suficiente, si a su paso se le tiende, por parte del alto gobierno, una alambrada de propósitos y garantías hostiles.

El ministro Castro Guerrero tiene una amplísima trayectoria de realizaciones fecundas. En la actividad pública impulsó el Banco Ganadero desde la condición de una entidad crediticia como tantas, hasta pavimentarle el camino para que se convirtiera en el primer banco del país, con ramificaciones en todas las esferas de la actividad agropecuaria. En el ministerio de Agricultura actuaba, ordenaba, dialogaba, escuchaba y hacía de cada ideal lo posible y de todo lo imposible, lo realizable. En el ministerio de Desarrollo fue notoria su presencia, ya que sus condiciones humanas y perseverancia lo conducen como de la mano, a estar haciendo algo por el país.

Ha ejercido liderazgo gremial con óptimos resultados y es la suya una voz de opinión, en los momentos difíciles, que se respeta, se atiende, se obedece y se recibe con todo el rigor del acierto. Para él no son desconocidos los 50 años de atraso rural en Colombia, ni las penurias de los campesinos pobres, ni los afanes de la agricultura y ganadería industrializada. Ha sido igualmente agricultor y ganadero. Como conoce la actividad y no le es extraño su país, sabe de las fatigas de los cafeteros del Quindío, Risaralda, Caldas, Antioquia y las tierras altas del Tolima, Huila y el Valle; de la tragedia de los finqueros en los Santanderes; y de los minifundistas de Boyacá, Nariño y todas las laderas colombianas.

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