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EXISTIRÁN LOS ECO-MILAGROS

EXISTIRÁN LOS ECO-MILAGROS

Siendo optimistas, las primeras respuestas de recuperación de la Ciénaga Grande de Santa Marta, luego de las obras de ordenamiento ambiental que requiere, podrán verse en 10 ó 15 años. No antes, porque el actual proyecto de recuperación de sus ecosistemas tiene un carácter experimental que cuenta con cierto nivel de incertidumbre.

Las mortandades van a seguir. Y el contexto en el que se generan y se generarán debe tomarse desde el punto de vista de un conjunto de desastres ambientales no solo locales sino nacionales.

El problema de la Ciénaga es, entonces, el problema de las 320.000 hectáreas de llanura aluvial del río Magdalena, de Neiva a Barranquilla; de 300 ó 400 años de uso y explotación de sus recursos; de la deforestación de la cuenca del río en Cundinamarca; de las cargas de contaminantes y plaguicidas que se le vierten en el Tolima, y del manejo desordenado que se le da a la minería en Caucasia, Antioquia.

Y todo esto, termina reflejándose perfectamente en lo que hoy se ha dado en llamar el patio de atrás de Colombia , la Ciénaga, uno de los problemas socioambientales más grandes de América Latina, de acuerdo con la Ministra del Medio Ambiente, Cecilia López de Montaño.

Estas son algunas de las conclusiones obtenidas durante un debate organizado por EL TIEMPO la semana pasada, acerca de la situación de la Ciénaga Grande de Santa Marta, su importancia social y ambiental y sus expectativas de recuperación, entre otros.

Participaron la ministra del Medio Ambiente; el vice ministro, Ernesto Guhl, el subdirector de Asentamientos Humanos, Jhonny Palencia, el coordinador del proyecto Ciénaga Grande de Santa Marta (Unidad Coordinadora Ambiental BID- BIRF), Pedro Arenas; el biólogo y representante de la Fundación Puerto Rastrojo, Patricio Vonhildebran; la Defensora delegada para el Medio Ambiente, Beatriz Londoño y el científico, director de Biocolombia, Jorge Hernández.

Responsabilidades? Nadie está exento. Hay culpa del gobierno nacional que hizo caso omiso de las alertas y estudios que reflejaban el deterioro de la zona, desde la década del 70, y que casi veinte años atrás había construído la troncal del Caribe, carretera que impidió el flujo de agua dentro de la Ciénaga; de los gobiernos locales que hicieron la carretera paralela al río; de agricultores y ganaderos que taponaron los caños a punta del desvío de cauces y que contaminaron con agroquímicos las aguas; y de los mismos pescadores de la zona con sus prácticas ilícitas de pesca.

Pero hay algo más de fondo sobre lo que la mayoría de los participantes hizo énfasis: la desidia. La forma como un país entero pasó por encima de un problema que hoy tiene en la indigencia a 150.000 personas, habitantes de este sistema ecológico. Estos colombianos se encuentran en un 75 por ciento por debajo de los niveles de las necesidades básicas insatisfechas.

Situación similar a la que enfrentarán los habitantes de ciénagas como la de Zapatosa, sobre la cual se alertó durante el debate, y sobre la cual ya se ha pasado varias veces por encima.

Hace algo más de dos meses el Minambiente retomó el proyecto de cooperación técnica colombo-alemán, Prociénaga, que de aquí a 1998 ejecutará obras por valor de 15 millones de dólares, y lo enfocó hacia el desarrollo humano sostenible . De hecho, este es el primer modelo concreto de este tipo de desarrollo que se aborda en el país.

Volviendo a ser nuevamente optimistas, lo menos que se puede esperar, entonces, es que el proceso de deterioro rampante que ataca a diario a la Ciénaga se frene. De ahí para adelante, todo será ganancia.

Expectativas De acuerdo con Jorge Hernández, una de las personas que primero alertó sobre el deterioro de la Ciénaga hacia la década del 70, para solucionar el problema de este conjunto de ecosistemas tendría que solucionarse primero el problema ambiental del alto y medio Magdalena que, a corto o mediano plazo, es imposible.

Aunque para él aún es factible la recuperación ambiental, con una serie de medidas como la de llevar a la zona a lo que se cree que fue originalmente: un bosque de cativo (uno de los ecosistemas más productivos que existen en el mundo). Esto unido a un manejo integrado y de absoluta protección de zonas como el Parque Nacional Natural Isla de Salamanca.

En concreto, y luego del debate, para la próxima mortandad de peces, que no se sabe a ciencia cierta cuándo podrá ocurrir, pero que se prevé para el mes de octubre, se puede esperar que ya se tenga monitoreada la zona a fin de que las comunidades informen a tiempo y se alcancen a aprovechar algunos de los peces que empiezan a morir.

Igualmente, se puede esperar que los pescadores que se queden sin qué pescar, luego de la mortandad, estén trabajando para ese entonces en un proyecto de repoblamiento de ostras, reforestación de mangle y limpieza de caños.

Eran 50 mil hectáreas de riqueza Es un conjunto de caños lagunas costeras, pantanos de manglar y planicies aluviales que abarca algo más de 50.000 hectáreas y que actualmente tiene no menos de 26.000 de ellas completamente destruidas.

Se trata de la Ciénaga Grande de Santa Marta, un complejo estuarino (cuerpo de agua formado por aportes de un río al mar y que incluye varios hábitats) que se originó como una bahía costera cuyas características fueron modificadas por la formación de una barra (la actual Isla de Salamanca) y la acumulación progresiva de sedimentos aportados por algunos brazos del río Magdalena, y los ríos que descienden por el lado occidental de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Su productividad biológica tiene que ver con los aportes de nutrientes y de especies de las cuencas hidrográficas de la Sierra, del mar Caribe y del bosque de manglar que la circunda.

El bosque de manglar es uno de los ecosistemas más productivos del planeta por su gran capacidad para transformar la energía solar y los nutrientes en alimento. Es albergue de gran cantidad de especies entre las que se encuentran aves migratoras mamíferos, reptiles y moluscos.

Las mortandades Nada ha alarmado tanto al país como las mortandades de peces en la Ciénaga. Desafortunadamente, es lo menos que se puede esperar de un conjunto de ecosistemas tan enfermos.

En 1971 se alertó sobre un tabaquillo (así se conoce en la zona a las mortandades) no solo de peces sino de animales domésticos. Catorce años después hubo otra descomunal.

Hace un año se presentaron tres mortandades. Una sola de ellas representó más de veinte toneladas de peces.

Esa vez, así como se comprobó con las de este año, los peces murieron ahogados.

Un desaforado crecimiento de algas, relacionado con un incremento en las concentraciones de fósforo y nitrógeno, especialmente, propio de la descomposición de la materia orgánica, hizo que los peces se quedaran sin qué respirar debido a la exagerada demanda de oxígeno de las algas.

Ello, porque cuando llueve se inundan los pantanos de mangle muerto que es de donde sale la materia orgánica.

Un círculo vicioso producto, en últimas, de una cadena de muerte y destrucción que se disparó cuando se alteraron los flujos normales de agua dulce que desembocaban en la ciénaga debido a la construcción de la carretera Ciénaga-Barranquilla y de la que comunica Palermo con Sitionuevo.

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