Las dos palabras

Las dos palabras

Hace un mes, un joven de la comunidad nukak, pueblo nómada del Guaviare, me dijo que los jóvenes nukak anhelaban conocer “las dos palabras”. Hacía referencia tanto al español como a su lengua nativa, idioma de la familia macú-puinave, porque había comprendido la importancia de hablar bien su lengua, a través de la cual puede acercarse a su historia, formar parte de una cultura, dominar una forma propia y única de expresarse y tener la posibilidad de interactuar con sus familiares y los mayores de su comunidad.

28 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

El español, por su parte, es necesario porque se ha convertido en su herramienta de supervivencia frente al nuevo contexto urbano, y en la forma de interactuar con los demás y ser intérprete entre su comunidad y los ajenos a ella.

En nuestro país, las ‘palabras’ de los otros, en especial de las comunidades diezmadas por la colonización, no solo pasaron a ser desconocidas para la mayoría, sino que fueron vistas como algo pintoresco y decorativo, a las que pocos prestaban atención ante la fuerza con la que se impuso el castellano.

La Constitución del 91 dio un gran paso para cambiar ese panorama, al reconocer y expresar –explícitamente– que en la diversidad cultural de nuestro país se fundamenta su fortaleza como nación. A través del artículo 7o. –que señala para el Estado su obligación de proteger la diversidad étnica– y del artículo 10o., que proclaman la cooficialidad de las lenguas de los grupos étnicos con el castellano en sus territorios, se reconoció a las lenguas nativas como elementos fundamentales de nuestra identidad.

La decisión era más que necesaria, pero faltaba avanzar en su implementación. Esto se ha hecho con la Ley de Lenguas Nativas, que acaba de aprobar el Congreso. Nuestro país tiene 68 lenguas nativas, que manifiestan la diversidad cultural y el patrimonio de casi un millón de colombianos.

Desde los 270.000 hablantes wayús de nuestra Guajira, los 186.000 de la comunidad nasa en el Cauca, o los 24.000 hablantes raizales de San Andrés y Providencia, todos ellos nos representan desde distintos ángulos en este crisol que es Colombia, y cada uno condensa una cultura y una mirada sobre el mundo. Preservar sus lenguas es, por tanto, un elemento fundamental para mantener la diversidad cultural de nuestra nación. La diversidad lingüística es un derecho humano fundamental, que constituye a la vez el derecho a la expresión y al acceso en condiciones equitativas a bienes y servicios públicos.

La Ley de Lenguas Nativas, que nació fruto de una amplia concertación con la Onic y otras organizaciones nacionales, con asambleas de 76 pueblos y 72 organizaciones, le presenta ahora al país un esquema para que tanto la documentación, como la protección y el uso, pero también la interacción y recreación de sus lenguas nativas, sean un hecho y una condición inalienable de nuestra nacionalidad.

Este nuevo marco legislativo, sustentado en el programa de autodiagnóstico y en los proyectos etnoeducativos del Ministerio de Educación, permitirá que las lenguas se amplíen a múltiples ámbitos modernos, sin dejar de preservar lo tradicional, y el manejo del bilingüismo equilibrado entre el castellano y las lenguas nativas, tal como lo quería el joven nukak makú cuando hacía referencia a las “dos palabras”.

Ese sueño, hecho realidad, le permitirá a este joven que palabras propias del nukak como kútu (‘atención’) tengan su traducción al español y viceversa, e intérpretes permitan ese cruce de culturas y contribuyan al acceso al conocimiento de parte y parte. De esta manera, se beneficiará a más del 40 por ciento de los pueblos que se expresan a través de lenguas nativas y que no hablan castellano.

La Ley, a su vez, permitirá conocer expresiones como kaf’i’ze’ñi, de la lengua de los nasas o paeces, y que no tiene traducción directa en castellano, pero que equivale a los significados siguientes: “luz del atardecer”, “armonía” y “justicia”.

Las lenguas de Colombia, su diversidad y su riqueza nos pertenecen a todos.

La Ley permite dejar de verlas como algo distante, para visibilizar que en el interior de nuestro país hay decenas de culturas y concepciones que nos esperan, con su sabiduría ancestral y su universo propio, para ser abordadas y reveladas por nosotros.

* Ministra de Cultura

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