Agro para todos

Agro para todos

El campo colombiano ha sido el principal escenario de los abusos a lo largo de nuestra historia. La explotación del trabajo campesino, el despojo violento de la tierra a sus legítimos propietarios, el desplazamiento, la acumulación de grandes latifundios en poder de las mafias, la violencia en sus formas más atroces, la falta de apoyo del Estado a los que en verdad lo necesitan, constituyen un extenso memorial de los agravios que han postrado al campo colombiano por décadas y le han impedido a Colombia aprovechar sus enormes potencialidades agrícolas.

27 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Lo primero que urge llevar a cabo es la reconversión de vastas extensiones para aprovecharlas en su verdadera vocación agrícola. De un potencial agrícola de 15 millones de hectáreas, solo empleamos 5 millones de manera adecuada. Mientras tanto, hay 38 millones de hectáreas en ganadería, cuando deberían ser un máximo de 19 millones.

El proceso de reconversión requiere, primero que todo, una actualización catastral para que la tercera parte de la frontera agrícola, que carece de formación catastral, quede registrada. A partir de esa actualización, es imperativo imponer un impuesto predial diferenciado según los usos del suelo, para gravar las tierras con vocación agrícola que están subutilizadas y desgravar aquellas que sí estén siendo aprovechadas en virtud de su vocación natural. De modo complementario, es fundamental realizar un inventario nacional de tierras que determine los territorios que deben y pueden ser utilizados en forma más eficiente y racional para que las inequidades aquí señaladas sean asunto del pasado.

Además, es imperioso desarrollar un plan de recuperación de tierras en manos de terratenientes que no estén usándolas adecuadamente, en virtud de su vocación natural, o que sean objeto de extinción de dominio. En este proceso, es necesario invertir la carga de la prueba de la propiedad en zonas donde se haya producido despojo o desplazamiento forzado. En consecuencia, la propiedad del desplazado se presumirá, mientras que la de la persona que diga ser dueña deberá ser acreditada.

La distribución de la tierra en Colombia es una de las más inequitativas del mundo. Las tierras recuperadas por este plan deben ser semilla para el impulso y la formalización de la pequeña propiedad campesina, que cree capital y empleo y mejore la calidad de vida de millones de habitantes del campo. De modo paralelo, resulta muy útil incentivar mecanismos alternativos de acceso a la tierra, tales como el usufructo, el arrendamiento y el comodato, lo mismo que formas asociativas de propiedad para medianos y pequeños productores que puedan, por esa vía, generar economías de escala.

Para redondear esta profunda revolución pacífica en el campo, el Gobierno debe promover la producción de cada región con base en sus ventajas comparativas. Debe también invertir en vías, centros de acopio y desarrollo de nuevas tecnologías, así como impulsar la biotecnología y crear clusters y complejos agroindustriales con ventajas tributarias y arancelarias para generar valor agregado y atraer así la inversión privada generadora de empleo. La tarea es inmensa, pero si se emprende con determinación y con objetivos tan claramente definidos, rendirá frutos en el inmediato futuro y le devolverá al campo su verdadera vocación de generación de empleo y riqueza para todos. * Candidato presidencialde Cambio Radical

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