Acuérdese de su carro, ahora que tiene algo de plata... y de tiempo

Acuérdese de su carro, ahora que tiene algo de plata... y de tiempo

Empecemos por el lavado: el chorro de agua a presión, o la máquina, no limpian por completo, así que el operario del lavadero está en la obligación de refregar con un trapo o un cepillo el cual, a su vez, debe estar embadurnado de un agente que disuelva la suciedad, como jabón especial o champú para autos.

26 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

La carrocería requiere un tratamiento especial, pues todas las partículas de polvo, grasa o lodo se convierten en elementos abrasivos que rayan la pintura si no se remueven con precaución, antes de aplicar manguera.

Por debajo, el chorro a presión es muy efectivo, pues las latas de los carros modernos vienen con un tratamiento que las protege de la oxidación, conocido como cataforesis, que hace innecesarios los tratamientos que se ofrecen en el mercado, como petrolizadas y grafitadas.

El motor, por su parte, está hecho para trabajar, luego el polvo, el barro y la grasa del uso normal no le hacen daño. Se puede decir que su limpieza es más cuestión de estética, es decir, es normal que permanezca sucio.

Finalmente, la limpieza interior debe hacerse en seco, pues la humedad en pisos y cojines genera malos olores con el tiempo y puede desembocar en oxidaciones.

Lo mejor es retirar los tapetes sueltos y lavarlos y secarlos por separado.

Piso y sillas se pueden limpiar con trapo humedecido con champú quita-manchas y luego aspirar.

El cuero se puede lavar con agua y jabón suave (sin abrasivos), es más, es importante hacerlo de vez en cuando, pues este material requiere humectarse (como cualquier piel) para evitar resequedades.

El cambio de aceite En otras épocas, el recambio se hacía cada 2.000 ó 3.000 kilómetros porque los aceites eran monógrados (con un solo grado de viscosidad) y se les incorporaban a motores de carburador, que eran (y siguen siendo) fijos de mezcla y, por lo tanto, los contaminaban más rápidamente con residuos de la combustión y mezclas incorrectas.

Los aceites de hoy son multígrados, es decir, son capaces de variar su grado de viscosidad de acuerdo con la temperatura del motor y, por si fuera poco, son mucho más detergentes que sus antecesores.

Esta evolución surge de un principio muy sencillo: todo aceite, al calentarse, tiende a adelgazarse y, por lo tanto, su capacidad de lubricación disminuye. Por eso hoy las referencias ya no son de uno, sino de dos números (20W50, por ejemplo), que corresponden a su grosor en frío (20) y en caliente (50).

Lo anterior significa que es muy distinto mirar ‘qué tan bien está de aceite’, cuando el motor está frío y apagado, que hacerlo cuando está caliente y prendido. Si está por debajo del nivel máximo que indica la varilla de medición significa que el motor está caliente y la mitad del aceite está repartido por el motor, no en el cárter, luego es imposible ver si, en realidad, está ‘bajito’.

Las llantas No en vano los fabricantes de vehículos les asignan un número a cada uno de los elementos y aspectos de seguridad que componen una llanta. No en vano también le recomiendan al usuario balancear y alinear cada tanto los rines y la dirección, dos componentes que inciden directamente sobre ella.

Fecha de fabricación, presión de inflado, capacidad de carga, rangos de velocidad, resistencia a la temperatura, tamaño, tracción, desgastes, alineación y balanceo… son muchas las consideraciones que debe tener en cuenta alrededor de sus llantas para un andar seguro. El balanceo se hace necesario cuando el conductor nota vibraciones en la dirección y si ve que hay desgastes prematuros e irregulares.

La alineación debe hacerse cuando nota que una llanta se gasta más que la otra, pues algunos los componentes de la suspensión y la dirección pueden estar fallando. Si están en buen estado, el carro ‘va derecho’ y está alienado.

La necesidad de intervenir dirección, suspensión, llantas y rines se ve en los desgastes: si se da a lado y lado de la banda significa que les falta aire; si es en el centro de la banda es porque tienen demasiada presión y su los desgastes son irregulares, la dirección requiere alineación inmediata.

Los frenos Un hecho inesperado en la vía hace reaccionar al conductor rápidamente, que oprime el pedal del freno y transmite, a través de él, una fuerza más grande de la normal. Esta, a su vez, desemboca en el bloqueo de las llantas.

Los vehículos ruedan con tres tipos de freno: los de tambor o campana, a los que se les debe revisar cilindro, bomba, depósito de líquido, tambor de freno, zapata o banda y los muelles recuperadores de zapatas.

Los frenos de disco transforman la energía cinética en energía calórica y, al momento del frenado, la mordaza ejerce presión sobre la pastilla y esta, a su vez, sobre el disco. Si chillan es porque las pastillas están ya para cambio o que las que tiene puestas son de mala calidad. Si, al oprimir el pedal, se siente ‘saltón’, lo más seguro es que se deban cambiar discos también.

El líquido de frenos no disminuye, pero es importante controlar su nivel para cerciorarse de que no haya fugas. Cámbielo cada seis meses, pues absorbe humedad y merma su punto de ebullición.

Los dígitos de las llantas tienen su razón de ser.

Las carcasas de las llantas están marcadas con una serie de números que informan las características especiales que tienen.

La caducidad. Es un número de cuatro dígitos (por ejemplo, 07/08) a partir del cual se deben contar máximo cuatro años para cambiarlas.

La presión. Los números 32/28, 44/35 ó 50/44 indican el máximo de presión y la presión normal que aguanta cada una.

La capacidad de carga. Se trata de un número de dos o tres dígitos, seguido de la letra T, que indica el índice de carga en libras y en kilogramos, que es imprescindible respetar para que los neumáticos no se deformen ni se rompan.

El tamaño. Lo identifican una serie de letras y números, cada cual con su propio significado, por ejemplo, P265/60 R18.

P significa que es una llanta para vehículo de pasajeros.

265 significa el ancho de la llanta en milímetros.

60 significa que la relación de la altura de la carcasa con el ancho de la llanta es del 60 por ciento.

R significa que se trata de una llanta radial.

18 significa que es apta para un rin de 18”.

La temperatura. Está demarcada con la palabra “Temperature”, seguida por las letras A (área caliente) B (área normal) y C (área fría).

La tracción. Indica la capacidad de agarre, así: AA (mayor agarre), A, B y C (menor agarre).

El desgaste. Se mide en decenas: a mayor número, más dura, es decir, una llanta 400 debe durar el doble de lo que dura una 200.

EL FILTRO DEBE CAMBIARSE MÁS A MENUDO.

Cuando el vehículo circula, día a día, por los interminables trancones de la ciudad, tienden a recoger todo el hollín de los carros que lo rodean y la mugre del piso, impurezas todas que van a ir a parar al filtro y lo taponan rápidamente.

Por eso lo recomendable es cambiar el filtro, a más tardar, cada 5.000 kilómetros, indistintamente del cambio de aceite (que hoy se hace cada 8.000 ó 10.000 kilómetros), pues de nada sirve añadirle al motor el mejor lubricante, si el encargado de limpiarlo no funciona.

El mejor filtro es el de marca reconocida, que se ajusta a los requerimientos del fabricante del motor y no es reciclado ni sobreutilizado.

El mejor aceite es el multígrado (mineral o sintético), de marca reconocida y que se ajusta a los requerimientos del fabricante del vehículo

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