Amargas navidades

Amargas navidades

Doy la chiva: nació el Niño Dios de Belén. A millones les trajo su detalle. Hoy, muchos niños estrenan patines y demás.

26 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Y de aquí en adelante patinamos todos para pagar deudas y tarjetas de crédito, que están con el cupo completo, como van los TransMilenios. Muchos hoy lucen chaquetas, piyamas, zapatos, calzoncillos o cucos, ese adminículo que se regala con cariño y se quita con amor. Otros estrenan gripa, que, con tanto beso en la mejilla, no falta. El Divino Niño no permita que sea la de origen mexicano.

A propósito, ¿vieron que en México lindo y querido, país de hombres de pistola al cinto, de machos machotes, fue aprobado el matrimonio entre homosexuales? Dizque ciertos cuates están uniendo los pistolones. Se comenta que, con humor, ya no se dice “no me crean tan güey”, sino no me crean tan gay. Cada quien es libre de echar su tiro al aire y los derechos individuales son respetables.

Volvamos a lo nuestro, decía una amiga. Parece que al comercio le fue bien.

Digo parece, porque la crisis se siente; hubo hogares en los que el Niño Dios estuvo pobre. Sin embargo, un taxista me contó que la gente iba con su paquete, pequeño o grande. “Es que el año pasado sí se jodió la Navidad por la caída de las pirámides. A una prima mía la tumbaron”, dijo. “En este mundo, ¿a quién no tumban? ¿Vio que en la misa de gallo tumbaron al Santo Papa?”, le dije. “Sí, dizque una vieja...”, contestó. “El destino del hombre, por más santo que sea, es que lo tumben las viejas...”, le advertí.

Le conté que no había pasado del susto. Que Dios le dijo al Papa, como a todos los tumbados: “Levántate y anda”. A la mujer la detuvieron. “¿Le meterán 16 años de cárcel, como al muchacho que amenazó a los niños Uribe?”, preguntó el taxista. “No creo, pues, a pesar de ser el Papa, él no se cree el Mesías”. ¿Qué pasaría con Nicolás? Le conté al taxista que el Pontífice está bien e impartirá la bendición Urbi et Orbi (“A la ciudad y al universo”). Y aquí nos quieren impartir la bendición: Uribe o Uribe.

Me bajé y me quedé pensando en que miles de gentes tenemos felicidad en estas fiestas. Otros viven una amarga y triste Navidad. La violencia es la tragedia nacional, pues –este término que vi por ahí habría descrestado al taxista– hay mucho “bergante” suelto. Es decir, mucho pícaro, tunante, bribón. Y asesinos.

Qué absurda y brutal la muerte del gobernador de Caquetá, Luis Francisco Cuéllar, precisamente el día en que cumplía 69 años. Qué miserables los secuestradores, que seguramente porque él se negó a seguir, no solo por su edad, sino porque iba para el quinto secuestro, lo asesinaron. ¿Qué le espera a un país donde a una persona la secuestran cinco veces? Con justicia, el mundo ha repudiado el hecho. Eso está bien. Pero esta no es seguridad democrática. Un gobernador amenazado, en una ciudad como Florencia, de donde las Farc se saben llevar a la gente, debe estar rodeado por 20 hombres, mínimo. Con anillos de seguridad. Paradójicamente, el Gobernador había dicho: “Las Farc van a hacer cualquier cosa estos días; hay que cuidarse”. Pero no lo cuidaron a él mismo.

La Seguridad Democrática hay que defenderla y la crítica constructiva, oírla, Presidente. No es bueno encogerse de hombros ante advertencias como las que hizo la Fundación Arco Iris. El Gobierno en pleno debió sentarse a revisar, llamar a León Valencia y pedirle detalles de su trabajo serio.

La violencia está ahí. ¿Cómo dejan matar a los líderes de Curvaradó Manuel Moya y Graciano Blandón, que clamaban protección? Así, ¿quién denuncia, por más recompensa y redes de cooperantes? Es hora de replantear la guerra. O de plantear la paz. Porque, mientras haya hambre, miseria, desempleo del 13 por ciento, corrupción al 80 por ciento, no habrá seguridad que valga. Esa debería ser la reflexión para Año Nuevo de políticos y electores. Santo Papa, bendíganos. Y después de esto, ¿qué será de la suerte de los demás secuestrados? Kyrie eleison.

luioch@eltiempo.com.co .

HELGON

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