Gracias ‘Flaco’, dijo la gente

Gracias ‘Flaco’, dijo la gente

Sus amigos más cercanos y familiares lo acompañaron en la misa que se llevó a cabo en la Iglesia Cristo Rey, al norte de Bogotá.

23 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

A las 3:20 p.m., su cuerpo fue trasladado de la Funeraria Candelaria a la iglesia, que quedaba a pocos metros. Unas doscientas personas acompañaron al humorista en la homilía en la que se le reconoció varias veces su talento para hacer reír. Nadie lloró, al contrario, un silencio solemne invadió al templo en el que seguidores del ‘flaquito’ cumplieron su última cita con el artista.

Su gran amigo y jefe por muchos años Alfonso Lizarazo estuvo en el velorio junto a Fabiola ‘La Gorda’ Posada, pero luego desaparecieron durante la ceremonia religiosa. “Él tuvo el don de dar alegría y en el cielo se contarán sus chistes”, fue una de las frases del sacerdote a los asistentes.

“Lo suyo fue un apostolado que vale la pena seguir haciendo en este país, donde a veces tenemos muchas cosas por qué llorar”, fue otra de las frases que hizo que muchos asintieran.

Una hora después terminó la misa y la gente comenzó a agolparse en la entrada de la iglesia para el último adiós. Entre la multitud, que en su mayoría eran personas de más de 40 años, apareció Óscar Meléndez, su ex compañero de ‘Sábados felices’ y quien interpretó durante muchos años el papel del papá cascarrabias de ‘Jaimito’, el entrañable personaje infantil que hizo famoso a Agudelo.

“Nosotros nunca nos reuníamos en fiestas ni en vacaciones; usted sabe lo que significa verle la cara a Jaime y salir a vacaciones y volvérsela a ver, eso era una pesadilla”, bromeó Meléndez, quien se despidió de un ‘hijo’ con una risa emotiva, como a ‘El flaco’ le hubiera gustado.

Mientras la gente aplaudía el féretro en una actitud de respeto, otro de sus amigos Jaime ‘El topolino’ Zuluaga recordaba a Agudelo como un hombre dedicado al chiste y que se moría de la felicidad con la respuesta del público. “A él le encantaba el aplauso de la gente, esa es su mejor despedida”, dijo.

“¡Gracias, flaco!”, gritó una señora a la salida de la iglesia, mientras la gente aplaudió

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