Meluk le cuenta

Meluk le cuenta

21 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

¡Qué noche la de anoche! La gran final del Finalización-09, fue eso: grande.

Deportivo Independiente Medellín ganó su quinta corona de manera justa y merecida y tuvo la personalidad y el temple de darle vuelta a un 0-1 en contra con el que Huila les puso la soga en el cuello.

Medellín asumió su destino de campeón, lo aceptó, asumió el reto de no dejarse derrotar por un rival durísimo, que dio una lección de buen juego, gallardía, entrega y temple.

¡Cómo es de bueno el fútbol cuando el duelo es de poder a poder en la cancha! Fue un partidazo, el de anoche en ese manicomio colosal que era el estadio Atanasio Girardot. Fue un partidazo para los cultores de la táctica, la estrategia; para los amantes de los relevos, movimientos y obligaciones, de los cambios de fase defensiva a ofensiva, de sincronización de líneas y manejos de espacios.

Leonel Álvarez, el hoy técnico campeón del DIM, movió sus jugadores como si fueran alfiles, caballos y torres de un tablero de ajedrez. Y Guillermo Berrío, el hoy técnico subcampeón del Huila, planteó un partido estratégicamente casi perfecto, y mostró tener sangre, cabeza fría y ambición. El 2-2 con el que acabó el juego, no le alcanzó al ‘Teacher’ para el título, pero sí para graduarse con honores de ‘profesor’.

Fue un partidazo para los amantes de la técnica, para los que veneran una volada de un arquero (Luis Estacio tuvo un par geniales), para quienes esperan una gambeta letal (Luis Fernando Mosquera y Ervin González desajustaron varias cinturas), para quienes confían en el poder de los goleadores, de esos depredadores del área y del gol (Jackson Martínez metió el gol que le dio la vida al DIM)...

Fue un partidazo porque en el campo se jugó con lealtad, pero con hombría; con jugadores que en cada balón arriesgaron las canillas, las rodillas y hasta el alma, pero que nunca patearon al rival con mala fe. ¡Bravo! Fue un partidazo porque Medellín y Huila, además, decidieron jugar al fútbol y no se fueron a un juego para raspadores: los dos quisieron jugar al fútbol. ¡Y LO HICIERON! Atrás quedaron esas teorías que aseguran que en las finales hay que ser rudo y avaro. Ambos equipos cumplieron su credo de tener el balón, de darle buen manejo, de esperar la creación de espacios, de abrir la cancha, de respeto por el buen juego y nos ofrecieron un bello y soberbio espectáculo de alternativas y goles.

En verdad fue un partidazo porque tuvo de todo: grandes momentos de aplicación táctica y movimientos defensivos, pasajes de asumieron riesgos para buscar el título al ataque.

De verdad, hace mucho, pero mucho rato, no se veía una final tan equilibrada, tan de poderes similares, tan linda en nuestro fútbol.

Una felicitación inmensa para el DIM, el mejor equipo del torneo de comienzo a fin: su título es una declaración de justicia. Y otra felicitación también enorme para el Huila, que ayer demostró que era un equipazo. Pero sólo uno podía ser el campeón

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