Panamá y la sombra de la invasión

Panamá y la sombra de la invasión

Con una de las economías más estables de América Latina, Panamá muestra hoy un rostro totalmente diferente al de hace 20 años, cuando Estados Unidos invadió el país para derrocar al general Manuel Antonio Noriega y poner fin a una dictadura de la que ya sólo quedan sombras.

19 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

El 20 de diciembre de 1989, 26.000 soldados estadounidenses invadieron a Panamá en la denominada ‘Operación Causa Justa’ para expulsar del poder y capturar al entonces hombre fuerte del país y destruir sus Fuerzas Armadas.

Las refriegas y los desórdenes en barrios populares de la capital dejaron un balance de víctimas que nunca se conoció con certeza, pero que la mayor parte de los cálculos cifran en 5.205 panameños muertos, de los que sólo 205 fueron militares.

De hecho, docenas de organizaciones panameñas de derechos humanos todavía reclaman al Gobierno que asuma un papel en la recuperación de la verdad sobre los muertos que dejó la invasión estadounidense.

Noriega se entregó a las autoridades invasoras trece días después, recién comenzada la década de los 90, tras haberse refugiado durante ese tiempo en la Nunciatura.

Un fin y un comienzo.

Muchos analistas dicen que el momento en que Noriega, hombre fuerte de Panamá entre 1983 y 1989, se rindió ante las autoridades estadounidenses, significó el fin de una era de intervencionismo militar directo en Latinoamérica.

La operación devastó la economía del país, que ya se movía en cámara lenta, y que quedó destruida por los efectos de la invasión y los saqueos en días posteriores. A pesar de ello, en el 2008, este país centroamericano de 3,5 millones de habitantes tuvo un crecimiento económico del 9,2 por ciento, uno de los más altos de la región, y este año se espera que acabe en alrededor del 3 por ciento, después de eludir, con aparentemente pocos daños, la crisis económica mundial.

Este tema aún es objeto de debate. Para algunos expertos, la buena evolución y salud de la economía actual se cimentaron a inicios de la década de los 80, cuando precisamente las órdenes las daban los generales de turno, aunque para otros la puerta sólo quedó entreabierta tras el derrocamiento de Noriega.

El sociólogo Marcos Gandásegui considera que la invasión estadounidense llevó a una ruptura absoluta en todo lo relacionado con la política, “porque los militares llevaron el peso político del país” desde 1968, fecha en que el general Omar Torrijos dio el golpe de Estado contra el presidente constitucional Arnulfo Arias.

La invasión de Panamá supuso para el país centroamericano la refundación de su sistema político y la abolición del Ejército.

Sin daños permanentes .

“La intervención militar, ordenada por George Bush, fue sin duda traumática”, pero no dañó las relaciones entre los dos países de manera permanente” y hoy estas son buenas, según Susan Kaufman, directora del Center for Hemispheric Policy, de la Universidad de Miami.

En cuanto a la figura de Noriega, Gandásegui, catedrático universitario, precisó que “sigue vigente, pero no como una figura de recambio, porque no contribuyó en forma significativa al desarrollo” del país.

“Hay que verlo como una figura del pasado que, creo, tiene mucho menos peso que un (Augusto) Pinochet, en Chile, o un (Francisco) Franco, en España”, destacó.

¿QUÉ SERÁ DE MANUEL NORIEGA?.

A veinte años de la invasión, Manuel Antonio Noriega sigue en una cárcel de E.U. a la espera de que se decida si regresa a su país o lo extraditan a Francia.

Pero son pocas las posibilidades de que vuelva a Panamá ante el pedido de París, donde un tribunal lo juzgó y condenó en ausencia en 1999 a diez años de prisión por el lavado de unos 3,15 millones de dólares a través de bancos franceses.

Noriega, de 74 años, permanece en una cárcel de Miami (Florida) mientras finaliza su apelación a un dictamen que despejó el camino de su extradición.

Es la última batalla del ex hombre fuerte de Panamá en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, instancia a la que recurrió en julio de este año.

“Nos encontramos en este momento ante la Corte Suprema de Justicia esperando que se pronuncie”, dijo el abogado de Noriega, Frank Rubino.

La defensa arguyó ante el máximo tribunal que Noriega es un prisionero de guerra y, según la Convención de Ginebra, E.U. tiene que enviarlo a Panamá al concluir su sentencia. La pena de 40 años de prisión que le fue impuesta en 1992 por tráfico de drogas fue rebajada por buena conducta a 20 años, de los que cumplió 17 en septiembre del 2007

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