El triunfo de la ‘Ghandi’ del Sahara

El triunfo de la ‘Ghandi’ del Sahara

Postrada en una cama de su hogar familiar, donde sólo ingiere por ahora agua y suero oral, la militante saharaui Aminatu Haidar se mostraba ayer dispuesta a “seguir luchando hasta el final” por la independencia del Sahara Occidental.

19 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Mientras familiares y amigos se agolpaban a las puertas de la casa para dar su bienvenida a la activista, unos pocos íntimos, junto al médico español Domingo de Guzmán, intentaban preservar la calma para que pudiese reposar en su pequeña habitación.

Apodada ‘la Pasionaria’ o ‘la Ghandi del Sahara Occidental’, la militante pro saharaui irritó a Marruecos en la misma medida en que incomodó a España por la determinación que la llevó a mantenerse en huelga de hambre por más de un mes, y su férrea resolución de volver a su casa, viva o muerta.

La huelga de hambre de esta mujer de 42 años tomó la forma de un pulso con Madrid y Rabat para exigir su vuelta a su casa de El Aaiún, capital del Sahara Occidental, donde viven su madre y sus dos hijos, de 13 y 15 años.

Rabat se opuso categóricamente mientras Haidar no pidiera perdón por haber “renegado de su nacionalidad marroquí” a su vuelta de un viaje a E.U., motivo por el que la expulsó a España el 14 de noviembre.

Pero las autoridades marroquíes no podían imaginar entonces –tampoco las españolas– que la mujer iniciaría una huelga de hambre, acamparía ante las cámaras en el aeropuerto de la isla canaria de Lanzarote y rechazaría la nacionalidad española, el estatus de refugiada o el alojamiento que Madrid le ofreció.

Con su firmeza, Hairad logró fijar la atención mundial en la defensa de su causa: el reconocimiento del “derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación”, un conflicto estancado desde hace 35 años.

Ex colonia española, el Sahara Occidental fue anexionado en 1975 por Marruecos, que propone para esta región una amplia autonomía bajo su soberanía.

Después de un acuerdo que llevó a Marruecos a autorizar su regreso, Haidar suspendió su ayuno. Desde su cama, dedicó palabras duras para el Estado marroquí, cuya estrategia definió como “estúpida”

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