Berlusconi, golpeado

Berlusconi, golpeado

15 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

La fotografía que ayer circuló velozmente por Internet y ocupó primera plana en los diarios del mundo será, seguramente, una de las más célebres del año: el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, agredido por un objeto que le arroja un ciudadano a la vista de miles de seguidores en Milán. Berlusconi termina su domingo de gloria con el rostro ensangrentado, la nariz herida y estragos en la dentadura causados por el golpe de una pequeña réplica metálica de la catedral milanesa.

Lanzado por un ciudadano sin antecedentes en lo penal, pero sí en lo siquiátrico, el contundente adorno ha servido para mostrar de manera dramática la tensa realidad que vive Italia. Berlusconi, dueño de la televisión privada y administrador de la oficial, ha sobredimensionado su figura hasta hacerla equiparable a la de un rey o un soberano. Basado en ese poder, congrega en torno a él un amplio respaldo político y popular que esgrime contra las instituciones empeñadas en poner freno a sus abusos y corruptelas, como las cortes judiciales y la prensa independiente.

El propio Cavaliere se sorprende ahora de los niveles de odio que es capaz de despertar. Algunos rivales suyos pretenden, equivocadamente, que recaiga sobre él la responsabilidad por el ataque. “Su comportamiento instiga a la violencia”, dice Antonio Di Pietro, uno de los líderes de la oposición. Es verdad que Berlusconi ha contribuido a crear el ambiente pugnaz que vive su país. Pero resulta injustificable el recurso a actos violentos como este, que solo se explica por el enajenamiento mental del autor.

En cualquier caso, debe servir de aviso a las autoridades que protegen al Primer Ministro, pues descubre la facilidad con que es posible aproximarse a un hombre tan custodiado como él y atacarlo. Algo similar, pero sin agresión, había ocurrido hace poco a Barack Obama, cuando dos personas no invitadas se colaron a un ágape en la Casa Blanca y se tomaron fotos con varios de los honorables asistentes. George W. Bush, por su parte, logró evitar el zapatazo que le disparó un periodista iraquí hace un año en Bagdad.

Es lamentable el atentado y solo cabe agradecer que no hubiera sido peor.

Pero, más allá de las consecuencias físicas –rotura de nariz y pérdidas dentales–, será imposible olvidar el contraste de la imagen personal que ha cultivado Berlusconi –el empresario sonriente, acicalado, elegante, triunfador, atractivo– con la de ese pobre hombre asustado y vapuleado que retrataron las cámaras el domingo en Milán.

editorial@eltiempo.com.co

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