Evo, todo el poder

Evo, todo el poder

Tras el aplastante triunfo del domingo pasado en las elecciones generales en Bolivia, dos parecen ser los más grandes desafíos a los que tendrá que enfrentarse el presidente aymara Evo Morales.

13 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

No caer en la tentación del absolutismo será el primero de ellos, entre otras razones, porque con un 63 por ciento de votos de los bolivianos en su bolsillo; con dos tercios del Congreso que le permitirán aprobar lo que quiera; con la capacidad para reconfigurar los tribunales Supremo, Electoral y Constitucional, quizás el único poder que no estará en sus manos será el de los medios de comunicación, de por sí alejados de sus ambiciones ‘refundacionales’. De la oposición, ni hablar. Claramente derrotada en las urnas, su más fuerte candidato, Manfred Reyes Villa (27,7 por ciento), ni siquiera pudo ir a hacer campaña fuera del país porque se le investiga por presunta corrupción mientras fue prefecto (gobernador) de Cochabamba.

Por eso, cualquier semejanza con lo que ha sucedido con el proyecto ‘bolivariano’ de Hugo Chávez en Venezuela no es mera coincidencia, y aunque son en esencia dos visiones diferentes –por el alto contenido étnico de la de Morales–, es claro que el fortalecimiento de un Estado interventor, amo y señor de los recursos del subsuelo, y que tiene en el asistencialismo una de sus grandes bazas electorales, guía las dos 'revoluciones'. Eso, sin contar la persecución judicial a los opositores.

Evo, que es presidente desde enero del 2006, ha dicho que no le interesa, por ahora, otra reelección en el 2015, a la que tendría derecho, ya que en su interpretación, el que viene sería su primer mandato bajo la nueva Constitución (solo acepta una reelección).

El rival que todavía tiene vivo es el de los medios de comunicación, tanto que al día siguiente de su triunfo, el Presidente dijo que tienen “una exagerada libertad de expresión”; y rechazó un informe de la Misión de Observadores de la Unión Europea, que objetó el uso de medios de difusión estatales en la campaña oficialista. No sorprendería, por eso, que siguiendo el patrón de Venezuela y Ecuador, impulse leyes o medidas para ponerle cortapisas a la libertad de prensa.

El segundo desafío es hacer que la ‘reconquista’ del poder por parte de las comunidades indígenas no parezca un revanchismo contra las comunidades blancas que durante décadas dominaron a sus anchas el mapa del país y relegaron a un segundo plano a los nativos.

El nuevo Estado ‘plurinacional’ del que tanto habla Evo desde la propaganda oficial hasta los nombres de las instituciones se basa en los cuatro niveles de autonomías contempladas en la nueva Carta Magna, y que tiene una de sus expresiones más poderosas en las indígenas, que podrán diseñar su propio modelo de desarrollo y justicia, y que pondría a estas etnias con una especie de derechos privilegiados o exclusivos.

Como lo anotó el ex presidente y reconocido intelectual boliviano Carlos Mesa, “la fuerza de Evo es ya en Bolivia una mezcla de símbolo y mito, pero lo es también para una comunidad internacional embobada con la idea de que a un país de indígenas le corresponde un presidente indígena, olvidando que el país tiene casi la mitad de su población no indígena”.

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