¿Cómo afrontar un duelo en estas fechas?

¿Cómo afrontar un duelo en estas fechas?

En medio de la alegría de estas fiestas, algunos se ven obligados a enfrentar la inminencia de la muerte de un ser querido. Ninguna época del año es tan significativa desde el plano emocional y las relaciones de las personas con sus amigos y familiares, como las festividades de Navidad y Año Nuevo.

12 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Estas fechas no sólo son una referencia para hacer balances, sino también para hacer planes en los cuales siempre se involucra a los seres queridos.

Esa es la razón por la cual la sola idea de la posible ausencia de alguno trastorna la vida entera. Quizás el caso más dramático es el que enfrentan los enfermos terminales y sus familias, pues la inminencia de la muerte se convierte en el centro de todo.

“Aunque las situaciones están latentes en el tiempo, la naturaleza de estos días contribuye a exacerbar la confusión y los sentimientos de rabia, impotencia, duda, minusvalía y tristeza. Por eso es ideal que toda persona conozca elementos mínimos que le ayuden a enfrentar esta situación, en caso de que se presente”, dice el psiquiatra Rodrigo Córdoba.

Aunque cada caso es distinto, y lo más aconsejable en esta etapa es que tanto el paciente como la familia cuenten con apoyo, y con asesoría profesional cuando se necesite, no está de más tener en cuenta las siguientes orientaciones En el libro Morir bien, Isa Fonnegra de Jaramillo, psicóloga de duelos, manifiesta que ante un diagnóstico fatal es importante saber que las personas necesitan entornos que puedan escuchar y en los cuales sea posible compartir y abordar los momentos de crisis.

Por encima de todo , debe respetarse la personalidad del enfermo. Si este ha sido callado y reservado siempre, lo más probable es que continúe así hasta su muerte, y viceversa. La familia deberá entender y tener siempre presente que quien vive con algún tipo de enfermedad grave la percibe de múltiples maneras.

Habrá días en que predomine la esperanza, otros en los que la preocupación es su deterioro físico y algunos en que se sienta invadida por sentimientos de angustia y aniquilación.

Hay que entender que la percepción variable del enfermo hace que quiera compartir más con unas personas que con otras. Selecciona un interlocutor para cada caso, aquel con quien mejor se siente.

Es importante respetar el estilo personal de cada uno para enfrentar su problema y nunca tratar de minimizarlo ni contradecírselo. Evite frases como ‘eso no es nada, tranquilo’ o ‘tómelo positivamente’.

Es clave que toda la familia alrededor de un enfermo tenga una explicación médica clara de la naturaleza y el avance de los síntomas. Esto facilita una comprensión y una valoración de los mismos, que disminuye dudas y confusiones.

Procure no cambiar radicalmente las costumbres ni las actividades familiares, salvo las indicadas por el médico tratante, en razón de la salud de la persona enferma.

'' Siempre debe respetarse la personalidad del enfermo. Si este ha sido callado y reservado siempre, lo más proba- ble es que continúe así”.

'' La naturaleza de estos días contribuye a exacerbar la confusión y los sentimientos de rabia, impotencia, duda, minusvalía y tristeza”.

El momento del adiós.

Es recomendable que aquellas personas que, dadas las circunstancias, prefieren apartarse, quizá para anticiparse al dolor de la pérdida, no se lo hagan entender de manera tan evidente al enfermo.

Recuerde que en esta época es necesario mantener los cuidados paliativos, siempre ceñidos al objetivo de hacer la vida del paciente lo más cómoda y agradable posible, respetando siempre sus deseos. El propósito es que él participe en su cuidado y tenga apoyo familiar. Es indispensable que se mantenga una comunicación fluida entre la familia, el enfermo y grupo tratante.

Por otro lado, hay que asumir la parte más dolorosa, la que implica decir adiós. Los rituales para despedir a un ser querido son tristes, pero también pueden ser hermosos.

Deben organizarse siempre de acuerdo con las preferencias y la tolerancia física de la persona enferma. La tradición familiar y los gustos de la persona cuentan a la hora de organizar estas reuniones, de allí que son válidos desde una misa hasta una serenata y la lectura de escritos o poemas.

Es posible que la persona no reaccione tan emotivamente como se espera a ciertos estímulos (la caricia de un nieto, la visita de un familiar muy querido), entre otras razones porque ha entrado en un proceso de desprendimiento del mundo circundante y aceptación de la muerte próxima. Si este es el caso, no debe interpretarse esta actitud como desamor. Estos rituales también se recomiendan a quienes están dispuestos a reunirse para recordar a quienes han muerto.

'' Los rituales para despedir a un ser querido son tristes, pero también pue- den ser hermosos. Deben organizarse siempre de acuerdo con las preferencias de la persona”

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