‘Leche brava, Caquetá’: entre la belleza y el dolor

‘Leche brava, Caquetá’: entre la belleza y el dolor

Laureano Rodríguez y su familia tuvieron que abandonar su pequeña finca y sus animales cuando un grupo armado los amenazó de muerte; como prueba de que cumplirían su palabra, se llevaron a su hijo menor.

11 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Eso fue hace más de ocho años y desde ese momento, el viejo Laureano salió de su tierra y se dedicó a recoger en su canoa las cantinas de leche que los campesinos dejan a orillas del río Orteguaza, en el Caquetá. A su hijo jamás lo volvió a ver.

Él es el hilo conductor de Leche brava, Caquetá, el documental con el que Ramón Jimeno vuelve a la acción después de 14 años.

“La historia con Laureano fue muy espontánea. Un día, cuando nos estaba llevando en su canoa, empezó a contarnos su historia; la sacó del alma; encontró un espacio de confesión para hablar de su dolor”, revela Jimeno, abogado de profesión, pero más conocido por sus programas de debate y crónicas en televisión –como Hechos y personajes–, sus incursiones en la política y sus más de 20 años dedicado a la producción de documentales.

Leche brava, Caquetá intenta responder cómo y por qué campesinos, colonos, actores armados y una de las mayores multinacionales de alimentos –Nestlé– conviven en una región donde la ganadería y el narcotráfico son los ejes de la economía.

“Lo más difícil fue encontrar el tono justo de todos los personajes que funcionan alrededor del tema de la leche. Por eso, Laureano sintetiza todo el peso del conflicto en el Caquetá. Es un hombre que está fuera de la guerra, pero que termina sometiéndose a ella”, argumenta el director, que trabajó como coguionista de La estrategia del caracol, al lado de Sergio Cabrera.

Tras atentado de las Farc La decisión de contar la historia de Leche brava... la tomó en el 2007, cuando las Farc estallaron un carro bomba en la planta procesadora de leche de Nestlé, en Doncello. A partir de ahí, empezaron dos años entre investigación, entrevistas, filmaciones en condiciones extremas y posproducción. El resultado es un documental de 54 minutos que divide los sentimientos del espectador entre la belleza de los paisajes, la opinión de los entrevistados y el dolor de sus historias.

“Llegó un momento en el que nos olvidamos de los actores armados y nos quedamos con el punto de vista de los civiles. Creo que eso nos permitió darle un tono distinto: la guerra es el telón de fondo, pero la gente común es la protagonista”, comenta el director.

El documental contó con la musicalización del maestro Francisco Zumaqué, que compuso los temas con base en los cantos de vaquería y los ritmos indígenas de la zona; también se incluyeron canciones del grupo de rock Ratón Pérez.

El destino de Leche brava, Caquetá son algunos festivales de documental en Canadá, Holanda, Suiza y España.

“Creo que lo más importante es cómo los civiles se superan, siguen su vida cotidiana, esperando que las cosas mejoren. La esperanza de la gente es enorme”, dice Jimeno, que espera poder concluir otros dos documentales que tiene en remojo: uno sobre la forma cómo gobierna el presidente Hugo Chávez en Venezuela, que empezó en el 2004 y no ha podido terminar por las dificultades para rodar en ese país, y otro acerca de la dura labor de los corteros de caña en el Valle del Cauca.

SUS CANALES DE EXHIBICIÓN El documental contó con 30 personas en la producción, que en áreas abiertas se reducían a siete y en el río, a cinco. Se destaca el trabajo de fotografía que hicieron el colombiano Jorge Aragón y el cubano Ernesto García.

“Hubo trayectos en los que nos dio mucho susto, nos sentíamos observados todo el tiempo, pero nunca nos amenazaron”, recuerda Ramón Jimeno. ‘Leche brava...’ no se estrenará en TV abierta ni en cines colombianos por la seguridad de sus protagonistas. Solo saldrá en DVD y se verá en canales internacionales, como NatGeo. El nombre del documental surgió del comentario espontáneo de uno de los hijos de Jimeno, cuando su padre le contó que iba a titularlo ‘Yuca brava’, que es lo que significa Caquetá en lengua indígena. “¿Cuál yuca brava, papá?, eso es pura leche brava”

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