Liberalismo: ¿virar a la izquierda?

Liberalismo: ¿virar a la izquierda?

Motivados por la tradición del Partido Liberal y por la necesidad táctica de establecer un claro contraste con el uribismo, el candidato liberal, Rafael Pardo, y sus asesores han estado debatiendo si conviene o no que el Partido Liberal se mueva abruptamente hacia la izquierda, buscando un acercamiento con el Polo. El ex presidente Samper, sin hacer mención a lo que ya estaba debatiéndose dentro del partido, se les ha adelantado y ha hecho propia esa propuesta, en lo que parece ser un nuevo intento de quedarse con la colectividad y una iniciativa para atraer a Jaime Dussán y a la porción del Polo que él orienta.

11 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Pero lo que Ernesto Samper entiende por izquierda es clientelismo puro y descarado, al estilo del que hacen Jaime Dussán, Iván Moreno y sus colaboradores en el Polo. Disfrazan con ideas progresistas su voracidad burocrática y su anhelo de conectarse directamente al presupuesto público.

Las ideas de izquierda no son acogidas por estos profesionales de la política tradicional por su contenido o por el anhelo de promover una sociedad justa y progresista, sino porque les sirven de disculpa para “agarrar pueblo” y para explotarlo con promesas que nunca cumplen, pero que corresponden a necesidades que no les conviene satisfacer.

Pardo condenaría al liberalismo a continuar en un papel disminuido si siguiera a Samper y virara el partido hacia la izquierda. Dejaría sin alternativa a los que dicen estar con Uribe pero ya anhelan cambio o le temen a un tercer período. También enterraría la oportunidad de alcanzar un acuerdo con Cambio Radical y con Vargas Lleras. Y si el acuerdo con el Polo se hace con Dussán, perdería también a Petro. El paso del partido a la izquierda afianzaría en sus creencias y preferencias a las mayorías que respaldan a Uribe, que posee todas las características de los líderes carismáticos de derecha, se comporta como un patriarca autoritario y hace caso omiso de los obstáculos legales y constitucionales que limitan su autoridad.

Lo que se necesita es una colectividad que congregue a las mayorías que no militan en los extremos, a las que les preocupa que alrededor del 20 por ciento de la población viva en la miseria, que saben que ni la seguridad democrática ni otro tipo de seguridad han llegado a vastas áreas rurales, a donde tampoco han llegado los servicios básicos y es apenas perceptible la presencia del Estado. Ellos se sentirían cómodos en un partido que promueva progreso y equidad, que, además de seguridad, brinde trabajo y oportunidades y que comulgue con los ideales humanitarios y materiales de una democracia moderna.

El liberalismo podría renovarse si se orienta en esa dirección, confirma su vocación popular y progresista y congrega a personas de distintos orígenes, de distintas clases sociales y de distintos matices ideológicos que no militan con Uribe en la derecha pero tampoco simpatizan con la izquierda de Carlos Gaviria. Podría retomar lo que lo hizo mayoritario en el pasado y abrirles las puertas a los jóvenes, a los trabajadores y a los pobres, para expresar sus necesidades y defender sus derechos y aspiraciones. Debería establecer la diferencia con los partidos de gobierno comprometiéndose inequívocamente a respetar la Constitución, la leyes y los derechos humanos, incluidos los derechos de los trabajadores y los de los pobres a tener acceso al trabajo, a la propiedad, a los servicios básicos y a ser protegidos y tenidos en cuenta por el Estado. Podría garantizar educación, justicia y seguridad verdadera, no solamente represión.

El país no necesita dividirse entre una izquierda y una derecha inhumanas, sino que necesita partidos de centro, que congreguen mayorías, con empatía por los pobres, capaces de conformar un Estado íntegro y eficiente, comprometido con progreso, equidad y libertad. Pardo podría organizar un partido de esa naturaleza si asume la jefatura y no deja ir a Gaviria para caer en brazos de Samper

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