Odio

Odio

11 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Los comentarios en Internet han reemplazado a las paredes de los baños: es una verdad de dominio público. Son manotazos, estallidos, escupitajos al aire: reacciones en caliente que no alivian a nadie. Pero son así. Y esos comentarios violentos que se suceden en las páginas de los medios colombianos, redactados por seres anónimos que exigen que les den la razón a punta de injurias (yo dejé de leerlos, hace rato, para no caer en la tentación de defenderme), son solo otra manifestación de un país gobernado por el miedo. Tomemos, como ejemplo, el caso del insensato estudiante Nicolás Castro. Que es, a todas luces, un hombre de 23 años común y corriente. Y que, tras escribir un alegato adolescente, en Facebook, para inspirar a un grupo autodenominado ‘Me comprometo a matar a Jerónimo Uribe’ (se refiere, claro, al hijo menor del Presidente), fue capturado, esposado y exhibido, como un cabecilla del terrorismo, por “instigar a delinquir”.

Un día se dejó llevar por el odio: eso fue. Se le subió a la cabeza ese poder cobarde que da Internet. Y, cuatro meses después, amaneció convertido en una advertencia: “Que nadie se meta con ningún hijo del Presidente”.

No, no “que nadie se meta con nadie”, no: está claro que si Castro hubiera sido uno de esos personajes que animan a los demás a matar a alguna senadora de la oposición, si hubiera amenazado de muerte a algún periodista crítico del Gobierno o hubiera sido aquel ministro que una vez invitó en público, impunemente, a “exterminar” a no sé qué delincuentes, su caso les habría tenido sin cuidado a las autoridades.

Quiero decir que algo de fondo nos está diciendo esta captura. Que este caso insólito debe servirnos para sacar conclusiones.

Por supuesto, que hay cosas que no se pueden hacer cuando se vive en comunidad, que vivir en sociedad es el esfuerzo permanente de convertir el odio en compasión. Pero, también, que vivimos tiempos escalofriantes: de verdad, después de leer los testimonios de los que lo conocen, ¿alguien cree que Castro les dio alguna idea nueva a los 16 miembros del grupo virtual al que perteneció o que se pasaba los días organizando un atentado o que hacía parte de una peligrosa red de grupos terroristas? ¿No es más importante, en este punto, preguntarse de dónde viene tanto odio? ¿Por qué pierde alguien el sentido del humor de semejante manera? ¿Por qué una persona que solo ha podido votar una vez en su vida, que tendría que tener en mente algún futuro, termina detestando con todas sus fuerzas a alguien que no conoce? Porque, como no le ve principio ni fin, le teme a este gobierno como a Dios.

Porque eso es lo que pasa cuando el poder se concentra de esta manera durante tanto tiempo. Y porque después de siete años de pequeños escándalos, una montañita en la memoria colectiva, no es nada fácil sentir compasión por los hijos del Presidente: se puede lograr, claro, porque a la larga están igual de atrapados que nosotros en esta pesadilla, y a veces, de vez en cuando, la angustia los despertará en la noche (la frase es, sea lo que sea, “que nadie toque a ningún hijo de nadie”), pero estos dos son demasiado visibles, demasiado negociantes, demasiado astutos, demasiado prósperos para esta época hecha ruinas, tan mala para el resto, que ya debería haberse acabado. Y además, como si no bastara, los dos juegan el juego. En el comunicado que emitieron el 3 de diciembre, a través de la oficina de prensa de Casa de Nariño, aseguran que no le guardan rencor al señor Castro aun cuando repudian “el terrorismo” y “la instigación al homicidio”: es decir, aun cuando ellos mismos, de la mano de las autoridades, ya lo han declarado culpable.

El torpe señor Castro: su captura nos recuerda que, mientras más nos alejemos de la democracia, mientras más nos extraviemos en la lógica de la derecha, iremos perdiendo la cabeza por turnos. Y cada día caerá alguno de nosotros en la trampa del odio.

www.ricardosilvaromero.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.