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EL CEMENTERIO QUE CORRIERON

EL CEMENTERIO QUE CORRIERON

El artista quiso tanto la tierra donde nació, que pidió que donde quiera que muriera llevaran su cuerpo sin vida hasta Suba. Y para asegurarse esculpió en piedra su propia sepultura. Don Noé Tovar parecía adivino: murió lejos de su tierra, en un crucero por Europa. Pero lastimosamente no se pudo cumplir su petición porque sus restos fueron arrojados al mar. Sin embargo, su recuerdo y su tumba vacía se convirtieron en símbolo de uno de los cementerios más viejos de la capital: el de Suba. Se sabe que la tumba de don Noé anda así desde mediados de siglo.

Y esa es solo una de las leyendas por las que se conoce este cementerio ubicado sobre la transversal 92 del otrora pueblo de Suba que fue anexado a la capital. Pero otra más por la que la gente se acordará de él durante mucho tiempo es el recorte que debieron hacerle hace menos de tres años, cuando descubrieron que los planos de la actual Avenida Suba pasaban justo por encima del camposanto.

En consecuencia, debieron correrlo veinte metros atrás para darle paso al separador central de la vía. Ese fue todo un problema de sentimiento ya que la gente de esa localidad protestó incluso ante la Arquidiócesis. Es que aparte del trasteo que debieron hacer algunos de los dolientes con los restos de sus seres queridos, el cementerio estuvo cerrado por más de un año. Pero ya funciona de nuevo.

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