EL MÁS SANGRIENTO COMBATE DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS EL CORONEL FAJARDO PARECÍA UN LEÓN...

EL MÁS SANGRIENTO COMBATE DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS EL CORONEL FAJARDO PARECÍA UN LEÓN...

Eran poco más de las 3:00 de la madrugada del sábado. Este municipio dormía bajo el calor aplastante que caracteriza al bajo Cauca. Pero en ese instante, el pueblo entero despertó. El primer ataque fue una andanada de rockets que echaron por tierra los techos y muros de un costado de los dormitorios de la Base Militar, situada en una pequeña colina que domina el pueblo, desde la zona noroccidental.

12 de noviembre 1990 , 12:00 a.m.

La Base acababa de ser rodeada por más de 200 guerrilleros, bien armados.

Dos pelotones de soldados (unos ochenta hombres), encabezados por el Comandante del Batallón Girardot, Teniente Coronel Jaime Fajardo Cifuentes, que estaba allí desde hace varios días, reaccionaron de inmediato y se ubicaron estratégicamente para iniciar la defensa.

Unos cincuenta metros más abajo, a un lado de la estrecha carretera que sube a la base, en su rancho de madera, un par de ancianos, los esposos Marcelino Reyes y María Rosalbina Orrego, fueron despertados en forma abrupta con el primer impacto. Se metieron bajo la cama.

Lo que siguió era como un infierno, el fin del mundo. Parecía que se iba a caer este rancho, como si estuvieran disparando aquí mismo, sobre él , dice Marcelino Reyes.

Los subversivos de la Coordinadora Nacional Guerrillera Simón Bolívar (CNGSB) habían llegado por el río Tarazá, al parecer en chalupas con remos para no hacer ruido. Mientras el grueso del grupo rodeó la base compuesta por tres bloques de dormitorios, otros cincuenta hombres se desplazaron hacia el centro del pueblo y atacaron el comando de Policía. Era la primera incursión guerrillera que ocurría en la historia del pueblo.

En forma simultánea, por lo menos otros cincuenta guerrilleros atacaron la población de Cáceres, unos 12 kilómetros al oriente de Tarazá.

En la Base Militar, el combate fue ardoroso. Parapetados detrás de los muros de los corredores y en las trincheras construidas en los patios, los militares hacían la defensa del fuerte, mientras los guerrilleros, muy superiores en número, arreciaban el ataque con morteros, lanza cohetes M-72 y fusiles Galil, M-16, Fal y AK-47.

Todo parece indicar que los insurgentes planearon en forma milimétrica el modo en que harían el ataque, pero no previeron las consecuencias. La base por lo general es sede de centenares de soldados que operan en el bajo Cauca, pero la mayoría de ellos estaban en patrullajes en las montañas a varias horas de allí. Eso fue lo que trataron de aprovechar los guerrilleros.

Desde los primeros disparos gritaban a los militares para que se rindieran y entregaran la base, pero la respuesta que recibieron fue la intensificación del fuego. El coronel Fajardo, un hombre de baja estatura y delgado, no obstante parecía un león disparando y gritando, para animarnos , cuenta un soldado. El coronel dirigía el combate desde la esquina donde estaba el equipo de comunicaciones.

Fajardo llevaba varios días operando en la base, que era el puesto de comando adelantado del Batallón Girardot con sede en Medellín. El coronel era poco amigo de permanecer en la ciudad. Por el contrario, pasaba el mayor tiempo en el bajo Cauca, frente a los hombres que combatían la guerrilla en su propio terreno, e infundía siempre mucho valor y respeto.

Por eso, pese a lo sorpresivo del ataque, sus hombres lo vieron contra-atacar y dar órdenes para impedir la toma de la Base.

Mientras tanto, en la plaza de Tarazá, trece agentes frustraban las intenciones de los insurgentes. Estos, tratando de desalojar a los policías de sus posiciones, incendiaron la casa contigua al comando, perteneciente a un médico. Eran unos cincuenta guerrilleros, yo los vi parapetados en las bancas del parque, disparando hacia el comando , dijo Jairo Sánchez, un joven que vive en una de las casas del marco de la plaza, y por un momento se asomó al balcón.

En forma simultánea, en Cáceres, otros cincuenta guerrilleros atacaban y destruían el comando de policía. Pero encontraban una férrea resistencia de una docena de agentes.

En la Base Militar de Tarazá dos horas después de iniciado el combate, las granadas seguían estallando por los cuatro costados y el intercambio de fuego era intenso. Fajardo se la jugó Los guerrilleros se habían logrado meter aquí no más al alambrado que cerca la base, a unos cincuenta metros. Eran muchos y muy bien armados , relató un soldado.

Eran más o menos las 5:00 de la madrugada cuando el coronel Fajardo decidió jugarse el todo por el todo. Pese a las advertencias de algunos de sus hombres de que era muy riesgoso tratar de pasar desde la esquina del fuerte donde estaba, hasta una trinchera del patio situada a unos diez metros, decidió intentarlo. El coronel corrió hacia el lugar. Estaba por ganar la trinchera donde lo esperaban varios soldados cuando recibió un proyectil de fusil en la cabeza. Cayó junto a la trinchera, y sus compañeros lo arrastraron hasta ella para evitar que recibiera más disparos. Pero todo fue inútil. El coronel murió en forma instantánea.

Los demás militares, pese a la pérdida de su comandante, en vez de claudicar combatieron con más fuerza. Los guerrilleros continuaban gritándoles que se rindieran, que respetarían sus vidas.

A las 6:00 de la mañana cesó el combate. Nadie se explica qué pasó. Pero no se escuchó ni un disparo más.

Marcelino Reyes y Rosalbina Orrego, esperaron un momento debajo de la cama. Luego salieron de allí. Cuando la calma se prolongó, pensaron asomarse a la puerta del rancho. Pero otra vez empezó a tronar el fuego.

Eran las 6:30 cuando se reanudó el combate. A esa hora llegó el primer helicóptero de El Bagre. Fue recibido con intenso fuego y se tuvo que devolver.

En Cáceres, en la destrucción del puesto de Policía, había muerto el agente John Jairo Arias Mateus, pero los guerrilleros empezaron su retirada ante la imposibilidad de tomarse el puesto y dominar el pueblo.

Poco después de las las 8:00 de la mañana, a la Base Militar llegaron más helicópteros que obligaron a los guerrilleros a desalojar sus posiciones. Mientras tanto, varios contingentes de soldados que estaban en el monte iban camino a la base. Los insurgentes huyeron por río y tierra, sin lograr los objetivos de tomarse la Base, ni los puestos de Policía de Tarazá y Cáceres.

Marcelino Reyes y su mujer Rosalbina, sintieron como si hubiéramos resucitado . Habían terminado más de cinco horas de fuego. En los barrancos junto a su rancho quedaron proyectiles y huecos dejados por granadas.

La Base Militar y los prados que la rodean quedaron convertidos en un campo de muerte. Sobre el césped y corredores estaban los cadáveres del coronel Fajardo, el teniente Germán López, comandante de la Compañía A, del Batallón Girardot, y seis soldados. Igualmente numerosos soldados heridos, uno de los cuales murió posteriormente en el Hospital de El Bagre.

Sobre las laderas, un total de 15 guerrilleros fueron hallados muertos, con sus armas y equipos de campaña a un lado. Igualmente se encontraron dos piernas de un hombre, por lo que se cree que los guerrilleros muertos en el sitio son 16. Los insurgentes se llevaron a todos sus heridos. Comunicado del Gobierno El Gobierno Nacional se permite comunicar a la opinión pública: 1. Que en la madrugada del día 10 de noviembre, un grupo de las FARC y del ELN atacó las poblaciones de Tarazá y Cáceres en el departamento de Antioquia, ataque en el que perdieron la vida el teniente coronel Jaime Fajardo Cifuentes, el teniente Germán López, siete soldados del Ejército colombiano y un agente de la Policía Naiconal. El Gobierno deplora estas muertes y señala que este hecho criminal se suma a la escalada de actos violentos ocurridos después que el Presidente de la República hiciera una generosa propuesta a las FARC y al ELN que permitiera dar inicio a diálogos de paz con esas agrupaciones insurgentes.

2. El incremento de los ataques contra las Fuerzas Armadas y el recrudecimiento del secuestro de civiles y militares ha sido hasta ahora la respuesta de las FARC y del ELN a los ofrecimientos del Gobierno de conformar una comisión de personalidades que permitiera establecer una agenda de conversaciones, así como a la disposición de considerar una veeduría internacional para los acuerdos a que pudiera llegarse, siempre que las FARC y el ELN demostraran con hechos su real voluntad de paz. Los actos señalados indican, por el contrario, que esas organizaciones guerrilleras no solo carecen de voluntad de paz, sino que se alejan cada vez más de las posibilidades del diálogo. Como manifestación patente de esa actitud, cabe señalar que los hechos criminales de Tarazá y Cáceres ocurrieron justamente horas después de que una comisión de la UP autorizada por el Gobierno, regresara de una visita al secretariado en gestiones de buena voluntad y de que la comisión exploratoria informara a las FARC de su interés en una segunda reunión, con miras a examinar procedimientos de aproximación para el diálogo directo con el Gobierno.

3. El Gobierno, de diversas maneras ha expresado su propósito de diálogo con las FARC y el ELN. Sinembargo, ante la propuesta inconsecuente de estas organizaciones a una propuesta generosa del Gobierno, este se abstendrá de considerar cualquier posibilidad de diálogo directo con ellas, así como de autorizar y dar consentimiento a la gestión de comisiones de buena voluntad de paz.

4. El Gobierno reitera que estará siempre dispuesto al diálogo con las organizaciones guerrilleras, disposición que no implica, desde luego, el desconocimiento de su obligación constitucional de preservar el orden público. Por otra parte, el diálogo con las FARC y el ELN estará condicionado a la liberación de los civiles y militares que permanecen en poder de estas organizaciones, así como a un cese unilateral del fuego por parte de las organizaciones insurgentes. En ningún caso el Gobierno estará dispuesto a considerar la presencia de las Fuerzas Armadas en todo el territorio nacional como un asunto objeto de negociación con la guerrilla.

5. Finalmente, y en relación con el comunicado de las FARC y el ELN dado a conocer a través de la comisión de la UP antes mencionada, el Gobierno deja claro que la eventual participación de las FARC y el ELN en la Asamblea Nacional Constituyente está condicionada a compromisos serios y precisos de esas organizaciones respecto a su desmovilización. La Asamblea Nacional Constituyente es un mandato del pueblo colombiano y no puede someterse el curso de este proceso a las alteraciones derivadas de actos de fuerza originados en minorías violentas, cuyos procedimientos han sido rechazados por la nación.

Julio César Sánchez, ministro de Gobierno; Jesús Antonio Bejarano A., consejero de paz.

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