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UN CAMALEÓN ENTRÓ EN ESCENA

UN CAMALEÓN ENTRÓ EN ESCENA

Parece un auténtico camaleón: se transforma con pasmosa facilidad en diversos personajes, jamás se repite y difícilmente se reconoce a quien los representa. Eso, para Nicolás Montero, es la gran satisfacción que ha tenido en su carrera artística durante once años.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
25 de enero 1996 , 12:00 a. m.

Once años de carrera que lo han dejado en escena con el premio a actor revelación del 94 y el mejor actor del 95. Una profesión -porque así él la considera- que día a día le deja nuevas enseñanzas para aplicarlas en cualquier personaje que le pongan por delante.

Actualmente, Montero se transforma en Jacobo Aragón el hombre bueno pero a la vez atormentado. El joven apasionado pero a la vez equilibrado. El hombre que, por su obsesión por la honestidad, se convierte en ambivalente; en un ser de carne y hueso que a pesar de querer ser recto, es imperfecto y, por lo mismo, voluble a salirse del camino . Así es Jacobo en Sueños y espejos , pero Nicolás...

... Nicolás Montero en primera instancia aparece como un hombre distante, callado e, inclusive, arrogante. Sin embargo, con el paso de los minutos, a medida que la charla se va tornando menos tensa, el actor se va soltando, va dejando ver que detrás de ese pared de frialdad se encuentra una persona cálida, sin pretensiones de dictar cátedra ni mucho menos de creerse la fama.

Es más, para él la fama es lo menos importante en su carrera. Sobre todo, porque, según confiesa, lo único que le trae son límites. Limites que degeneran en problemas, chismes y enredos como los de su supuesto matrimonio con la actriz venezolana Coraima Torres: No me gusta que se metan en mi vida privada. Es algo por lo que lucho y aparto de mi profesión de actor. Lo importante es que la gente se fije en mi trabajo, en mis personajes, en si lo estoy haciendo bien, mal, regular, en fin. No me interesa estar exhibiendo mi vida personal, a quién le importa eso? De ahí que lo de su matrimonio se haya quedado en puro chisme, porque, a la larga, el bogotano no se casó: Me casaron los medios que es bien distinto .

Por culpa de la curiosidad Montero estudió antropología en los Andes pero optó por la actuación. Realmente jamás sentí una vocación específica. Sentí curiosidad por lo artístico y por eso decidí ser actor .

Vino, entonces, en medio de la búsqueda, el teatro que hizo que pudiera moldear cada personaje, cada línea que debía salir más que del actor, de quien representaba en ese momento. He aprendido que la materia prima de cualquier personaje que realice está en el libreto. Así que de ahí parte todo para lograr escenas reales que se confundan con la vida misma .

Sus estudios de teatro y dirección en Londres lo llevaron a trabajar en el teatro Libre y varios años después pasó a la televisión para convertirse en Juan, el tartamudo de Amor, amor : Un personaje bondadoso y pleno de inteligencia . Más tarde en Manfred, el alemán de Momposina : Un loco maravilloso que hacía sus sueños realidad . Y ahora en Jacobo Aragón: Con una piel bien difícil de asimilar porque se encuentra a la deriva de la vida .

Acercándose a sus 30 años de edad -el próximo 10 de febrero los cumplirá-, Nicolás Montero continúa intentando encontrar elementos que lo sitúen como un actor de calidad. Que le den la posibilidad de transformarse sin límites, como un camaleón. Y que le entreguen la oportunidad de ser, como él mismo afirma: Un verdadero actor para, a su vez, poder ser una persona anónima .

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