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FALLO IMPROCEDENTE

FALLO IMPROCEDENTE

Desde el momento en que se informó sobre la posibilidad de que la Corte Constitucional se pronunciara contra el Concordato suscrito entre la Santa Sede y el Estado colombiano en el año de 1973, y aprobado por la Ley 20 de 1974, tuvimos ocasión de expresar nuestro concepto adverso a la revisión de los tratados públicos en que se haya comprometido el país. Ya conocido el fallo de la Corte, mediante el cual fueron declarados inexequibles 16 de los 32 artículos del referido Concordato, es oportuno ratificar plenamente las observaciones adversas que formulamos en el correspondiente comentario editorial. De lo que se trata, específicamente, no es del Concordato sino de los tratados públicos en general. Como lo expresó en su salvamento de voto el magistrado José Gregorio Hernández, con muy claro criterio y sólido fundamento jurídico, todo lo relacionado con la conducción de las relaciones internacionales corresponde constitucionalmente al Presidente de la República. Y la propia Constitució

Habida cuenta de ese precepto máximo, es más que improcedente el hecho de que la Corte Constitucional haya considerado que tiene atribuciones para revisar tratados suscritos en cualquier época anterior a la vigencia de la nueva Constitución. Ello equivale poco menos que a un atentado contra la seguridad jurídica de los compromisos internacionales del país.

Se sienta de esta manera un precedente de imprevisibles consecuencias, en el que además se deja de tener en cuenta que el Concordato aprobado por la Ley 20 de 1974, y cuyo canje de ratificaciones se registró el 2 de julio de 1975, ya había sido objeto de una modificación posterior, y de otra más que está para ser presentada a la consideración del Congreso.

Tampoco entendemos las explicaciones dadas por la mayoría de la Corte respecto de que en nada se afecta la estabilidad de los convenios internacionales firmados por Colombia. Y como casi se tumba el Concordato, no podrían abrigar otros países el temor de que se quebranten los acuerdos internacionales? La tesis sentada es peligrosa, muy peligrosa. Y además, ha servido para que todos esos extremistas anti-religiosos se aprovechen, alcen la voz y den alaridos contra la Iglesia, como si ella fuera una fuerza explotadora, lejana de los fines espirituales que la animan. También eso consiguieron los magistrados.

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