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PERESTROIKA A HOMOSEXUALES

PERESTROIKA A HOMOSEXUALES

Homosexuales rusos inauguraron el pasado fin de semana un club en el centro de Moscú, decididos a dar la cara a una sociedad extrañada ante el fenómeno y a luchar contra la administración para que reconozca sus derechos. La apertura de este lugar público de reunión va pareja con sus demandas a las autoridades para que les permitan registrarse como asociación social, algo que ya se les negó en la primavera pasada.

Eran entonces cuarenta personas agrupadas en la Unión de Liberación, fundada en octubre de 1991, pero no consiguieron registrarse porque las autoridades consideraron que su actividad atentaba contra la moral social .

Esta vez, en caso de que se les niegue el registro, los ya 200 miembros de la unión están decididos a llevar el caso ante los tribunales, explicó Evguenia Dobrianskaya, una lesbiana treintañal que está en la lucha desde hace ya tres años.

Dobrianskaya, que calculó que un 10 por ciento de la población rusa es homosexual, aunque naturalmente no hay estadísticas en Rusia que lo corroboren, explicó que exigen también sin falta poder casarse y adoptar y criar hijos como cualesquiera otra parejas. Las dificultades Su lucha incluye convencer a la sociedad rusa, que hasta ahora no ha conocido la homosexualidad abierta, de que sus tendencias sexuales no son un fenómeno sino algo natural.

Fiodor, un joven de 20 años que fue una de las estrellas de la reunión, admitió que aunque las últimas generaciones son más tolerantes , la sociedad rusa en su conjunto no ha madurado lo suficiente como para aceptarlo.

Sus padres fueron los primeros en no entenderlo, por lo que debió irse de casa una vez tomó la decisión consciente de optar por decir quién y cómo es.

El rostro de Fiodor, un joven bastante extrovertido, adquiría una expresión melancólica al contestar a las preguntas de EFE sobre sus dificultades en su casa, el trabajo y por la calle.

Con los amigos no tengo problemas, pero en general la gente que conozco tiene miedo de mostrarse en público conmigo , dijo.

Dobrianskaya disfrutó poco la noche de la inauguración, pendiente de la escasa prensa que se animó a asistir y de que los dueños del local no les aguaran la fiesta.

Sólo para entrar había que pasar un estricto control de seguridad, con un guardia vestido de faena, con pistola y porra incluidas, al que apoyaban media docena de policías que hacían ronda por el local moscovita.

Los tres centenares de personas allí reunidas, en su mayoría parejas de gays, aunque también unas pocas de lesbianas, hicieron todo lo posible por sacar su noche adelante y formalizaron con un corte de cinta y lectura de versos de la Iliada, de Homero, su entrada al templo del amor eterno .

Ya dentro de él, hubo actuaciones, más versos del ruso Vladimir Maiakovski y algún espectáculo de travestismo, para un público sentado que lentamente se animó a bailar también en parejas y a disfrutar de su primera noche en público.

Hace dos años, un par de cientos de homosexuales se manifestaron por primera vez por las calles de Moscú con consignas como: Bloqueo sexual a los comunistas o Un submarino nuclear equivale a miles de millones de preservativos , que ellos repartieron entre los transeúntes.

Evguenia Dobrianskaya asegura que son los gays y lesbianas los que más concientizados e informados están sobre la profilaxis, necesaria para no contraer el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), precisamente para contrarrestar las acusaciones de la sociedad rusa de que son ellos quienes lo propagan.

Esa mentalidad de que los homosexuales representan alguna rareza inadmisible estuvo latente la noche de su fiesta con los administradores del local que pululaban entre ellos y ponían orden impidiendo la filmación a los periodistas.

Fueron tímidas sus manifestaciones de afecto y sus danzas en la sala de baile del templo del amor eterno , en la que también había entrado una pareja de policías que los observaba perpleja.

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