LA INICIATIVA PRIVADA PROTAGONIZA UNA BATALLA CONTRA LA POBREZA

LA INICIATIVA PRIVADA PROTAGONIZA UNA BATALLA CONTRA LA POBREZA

En esta remota y montañosa región del país, Virginia Hernández realiza todos los días visitas a domicilio. En un día típico, camina 10 kilómetros para visitar cinco familias, a las que entrega antibióticos y otros medicamentos que lleva en su bolsa de lona azul. También ofrece consejos sobre el cuidado de los niños y advierte sobre los peligros de la deshidratación.

05 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Hernández no es médico. Es una promotora de servicios de salud que trabaja para una organización no gubernamental (ONG). Aunque su formación no es completa, está capacitada para tratar problemas médicos simples, que a menudo amenazan en regiones como ésta. En una casa de una sola habitación con el suelo de tierra, examina a un bebé de un mes para ver si tiene síntomas de deshidratación. Con lo que parece una balanza de una tienda de alimentos, suspende al bebé, que está enrollado en una frazada, de un gancho al extremo de la balanza. El bebé ha engordado casi un kilo. Es una buena señal.

En la mayoría de los países en desarrollo, el gobierno suele responsabilizarse de los servicios básicos de salud. Pero con la evaporación de la ayuda de los gobiernos extranjeros _no hay más que seguir el debate que se desarrolla en el Congreso de Estados Unidos sobre el tema_ las ONG se usan cada vez más como subcontratistas para realizar labores en países cuyos gobiernos ya no pueden, o no quieren, hacerlas. En su mayoría son pequeñas organizaciones de base de las que muy pocas personas han oído hablar jamas.

Decenas de miles de ONG han surgido en toda América Latina, Asia y Africa y en algunos de los antiguos dominios de la Unión Soviética. En Mali, pequeños grupos de barrios pagan a las ONG para que recojan la basura.En Bolivia dirigen parques nacionales. Y aquí en El Salvador, además de ofrecer servicios básicos de salud, participan en programas de educación, formación profesional, del medio ambiente y hacen pequeños préstamos a futuros empresarios.

La proliferación de las ONG está relacionada con el colapso del comunismo. Durante la Guerra Fría, la ayuda externa se usó como una arma entre la lucha entre Oriente y Occidente. Se destinaron grandes sumas de dinero a ganar lealtades políticas y no se prestaba mucha atención a si ayudaban a los pobres o iban a parar a los bolsillos de los líderes. Ahora que ya se ha disipado la amenaza soviética, Estados Unidos y muchas otras naciones no tienen la inclinación ni los recursos para ser generosos en la ayuda externa.

Así, un número cada vez mayor de gobiernos aprovecha las ONG y les hacen llegar donaciones con la esperanza de que entreguen servicios de forma más eficiente.

Muchos de nuestros proyectos, especialmente en las áreas rurales, involucran a las ONG , dice Joseph Wood, vicepresidente de la región del Sur de Asia en el Banco Mundial. Son mejores en llegar a los sectores más pobres y desposeídos .

Mayor protagonismo En Estados Unidos, bajo la presión de un Congreso liderado por los republicanos, que intenta reducir la ayuda externa, el gobierno de Clinton usa las ONG para privatizar esta ayuda. El vicepresidente Al Gore dijo recientemente que el próximo año alrededor de un 40% de la ayuda externa se entregará a través de las ONG, en comparación con un 17% hace dos años. Las ONG también jugarían un mayor papel en un plan de reorganización propuesto por el senador Jesse Helms, de Carolina del Norte, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores.

El Congreso planea recortar US$2.800 millones del presupuesto de ayuda al extranjero, que el gobierno ya considera mínimo . Y con las vacas sagradas de la ayuda externa, Israel y Egipto, la mayoría de las reducciones se sacarán de los países en desarrollo donde tienden a operar las ONG.

Desafortunadamente, aunque en general las ONG son mejores en comparación con las organizaciones burocráticas centralizadas, no todas están tan bien administradas como querrían los donantes. Muchas no tienen las prácticas de contabilidad adecuadas, una debilidad que muchas veces pasan por alto los gobiernos ansiosos de entrar en acción. Y a medida que aumenta el número de ONG, es difícil saber cuales son buenas y cuales despilfarran, o incluso son corruptas. Las grandes ONG internacionales a veces se enfrascan en campañas para recaudar recursos y gastan grandes cantidades de dinero en publicidad. Y las ONG inspiradas en el gobierno son a menudo poco más que conductos con que los políticos canalizan fondos a sus amigos.

Todos en el Tercer Mundo han aprendido cómo escribir propuestas al estilo de las ONG para ganar donaciones, se lamenta Michael Maren, escritor que antes trabajaba para la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) de Estados Unidos, que administra la ayuda externa. Se ha convertido en una verdadera industria de crecimiento .

Un vistazo a la red de 35 ONG destinadas a los servicios de salud en El Salvador ilustra tanto la fortaleza como los problemas de estas organizaciones, a medida que luchan para ayudar a los pobres. Las relaciones de muchas ONG con el Ministerio de Salud son difíciles porque éste las ve como competencia.

Aún así, ofrecen servicios de bajo costo en forma muy eficiente en las áreas en que operan. La mortalidad infantil a causa de la deshidratación e infecciones respiratorias ha bajado drásticamente. Pero son menos seguros cuando se expanden hacia actividades no relacionadas con la salud en sus esfuerzos por recaudar dinero.

En 1989, Estados Unidos entregó US$25 millones para un Proyecto de Salud y Sobrevivencia Materno Infantil, que reúne a las 35 ONG de El Salvador en una sola red. Las ONG seleccionadas para el proyecto funcionan en El Salvador desde hace varios años y no están afiliadas con ninguna ONG internacional. Actualmente la red cubre 500.000 personas o un 10% de la población en las zonas rurales de El Salvador.

Secuelas de guerra Los pilares de la operación son los promotores, como Virginia Hernández, de 23 años, que nació no muy lejos de este pequeño pueblo y supervisa la salud de 1.182 personas por un salario de unos US$250 mensuales. Es una área aislada, donde se aventuran muy pocos médicos, alejada del resto del país por el río Lempa y las secuelas de una brutal guerra civil que terminó en 1991. De hecho, en medio de los combates, el gobierno prácticamente abandonó esta parte del Oriente salvadoreño a las guerrillas marxistas del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). Durante la guerra, un médico guerrillero le dio a Hernández su primer curso de capacitación: cómo contener una hemorragia. En sus cuatro años con la ONG, Hernández ha acumulado mucha más experiencia, e incluso ha ayudado a traer al mundo media docena de niños.

Virginia Hernández, que tiene 10 años de instrucción escolar, (más que la mayoría de los promotores) supervisa su área mediante un inteligente sistema formulado para personas con una instrucción limitada y sin acceso a servicios eléctricos. En un enorme mapa de pared, Hernández ha dibujado una casa por cada familia y ha dividido la casa en pequeñas secciones cuadradas. Cada sección representa una situación diferente, como una mujer embarazada, un recién nacido o una enfermedad respiratoria. Una tachuela roja en una sección significa que hay un problema; una blanca significa que el nivel de salud es normal. Las tachuelas rojas la ayudan a programar sus visitas diarias.

El día que Hernández visita al recién nacido de un mes, también se ocupa de la madre, Dolores Hernández (no son familia). Mientras un cerdo busca qué comer en el jardín, Dolores le recuerda a la madre que hierva el agua antes de tomarla, que se lave las manos antes de preparar los alimentos y la aconseja sobre los beneficios de darle el pecho a su hijo. Cuando yo nací, la única atención que recibió mi madre fue una mujer que vino a cortarle el cordón umbilical , dice la madre agradecida.

La mortalidad infantil en las zonas rurales de El Salvador es de 44 por cada 1.000 nacidos vivos. Según una revisión del programa por parte de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) que opera casi independientemente bajo el Departamento de Estado de Estados Unidos, la tasa bajó a 26 por cada 1.000 nacidos vivos en 1994, en áreas donde prestan servicios las ONG.

Cada una de estas pequeñas ONG cuenta con cuatro o cinco promotores, que asisten a programas de capacitación de seis meses en aulas improvisadas, como la de Santa Ana, en la zona occidental de El Salvador. Esta aula es parte de una ONG llamada Asaprosar, la Asociación Salvadoreña para la Salud Rural, que inició hace nueve años una enérgica doctora rural llamada Vicky Guzmán. La Dra. Guzmán estudió Medicina en México, donde recibió la influencia de un grupo llamado Médicos sin Zapatos, formado por recién graduados que trabajaban en las montañas enseñando a los campesinos a curar a sus vecinos con métodos de primeros auxilios, hierbas y plantas.

Las ONG tratan de hallar nuevos medios para recaudar fondos pero no todos son prometedores. Por ahora, aproximadamente el 25% del presupuesto de la Dra. Guzmán, de casi US$1 millón, proviene de la AID, y el resto lo donan iglesias y otras organizaciones. Frente a la sede de la organización, varios trabajadores construyen un restaurante financiado con una donación de US$110.000 del Sindicato Internacional de Empleados de Servicio de Washington. La Dra. Guzmán espera que el restaurante sea rentable pero reconoce que no tiene experiencia en administrar este tipo de negocio.

Es importante apegarse a lo que uno sabe, dice Héctor Silva, médico que fundó una ONG llamada Maquilishuatal, palabra indígena que significa árbol que florece antes de las lluvias y que se considera una señal de esperanza. Para generar fondos, planea crear un negocio de empaque y distribución de medicamentos genéricos, si puede encontrar a alguna empresa farmacéutica europea que se los suministre. Silva opina que la ONG se ahorraría una tercera parte del costo de las medicinas que necesita para sus pacientes y que podría vender medicamentos adicionales para ganar algo de dinero.

Viejas costumbres El Dr. Silva reconoce que las ONG deben deshacerse de algunas viejas costumbres. Los años de guerra, cuando Estados Unidos proporcionó gran cantidad de dinero a las ONG en la lucha contra el comunismo, engendraron corrupción y falta de responsabilidad, dice. Otro legado del conflicto es muchas ONG operan de manera autónoma y se acostumbraron a no revelar a quiénes prestaban servicio ni de dónde provenían sus fondos. Agrupar las 35 ONG en la red ayuda a solucionar este problema. La red también planea estandarizar los programas de capacitación, tratamiento y métodos de compra, en un esfuerzo por llegar a ser más eficiente.

Mientras tanto, las ONG amplían sus actividades. En Chirilagua, un pequeño poblado donde las vacas pasean a su antojo por los caminos de tierra, la ONG del Dr. Silva distribuye alimentos a los niños desnutridos. Se les identifica con una tachuela roja en el mapa y se les trae a la sede de la organización tres veces por semana para recibir una comida completa cocinada. El Dr. Silva también aprovecha el programa para atraer a las mujeres embarazadas, a quienes le proporciona orientación de salud.

En la ONG de la Dra. Guzmán, una junta de dirección que integran un sacerdote dominico, varios estudiantes universitarios y un ex guerrillero, revisan solicitudes de pequeños préstamos. Catalina Beltrán, cuyo ajado rostro la hace lucir mayor de los 49 años que en realidad tiene, solicitó US$900 para comenzar un negocio de costura y abrir un quiosco de refrescos que atenderían sus cuatro hijos mientras ella se dedica a coser. La Dra. Guzmán dice que su programa de micropréstamos ya ha concedido empréstitos por valor de US$75.000 y que el índice de pago es del 94%.

Tuvimos que poner en práctica todas estas cosas debido a la necesidad de solucionar problemas que el gobierno no había tenido en cuenta , dice.

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