La guerra de los drones

La guerra de los drones

Hace nueve años la historia parecía sacada de una novela de ciencia-ficción: aviones no tripulados que se aventuraban en territorio enemigo para espiar o destruir blancos sensibles sin poner en riesgo la vida de los pilotos. Y lo era.

11 de octubre 2009 , 12:00 a.m.

Cuando el Pentágono admitió finalmente que existían, sólo 100 de estos aparatos navegaban los cielos del mundo y eran considerados un “prototipo” empleado por la CIA para misiones ultrasecretas. Hoy, sin embargo, la ficción se ha tornado en más que cruda realidad.

A lo largo de está década los Unmanned Aerial Vehicles (UAV, vehículo aéreo no tripulado) o drones, como les dicen en E.U., se han convertido en una industria que mueve casi 5.000 millones de dólares al año y en la punta de lanza para conflictos como los de Afganistán e Irak.

Aunque hay más de 30 países que poseen alguna versión, E.U. está a la cabeza tanto en el desarrollo como en adquisición. Los cálculos modestos indican que la Fuerza Aérea de este país opera más de 7.000, y en el presupuesto del año 2010 tiene previsto gastarse unos 3.500 millones de dólares. El dato más significativo es que este año (2009) marca la primera vez en la historia en que Washington comprará más aviones de este tipo que convencionales, y piloteados, como los F-18 o el nuevo F-22.

De acuerdo con un informe de la revista The Economist, Israel es otro de los pioneros, seguido por el Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, Rusia, España y, probablemente, China, aunque de este país no existen datos precisos. Incluso, Irán sostiene poseer su propia versión, y hay reportes documentados de otros países como Colombia (ver recuadro), Ecuador o Sri Lanka, que ya los tienen o están en vías de adquirirlos (según la publicación).

El entusiasmo de la industria militar frente a este tipo de aeronaves no sólo es evidente sino justificable, dadas las ventajas que ofrece tanto en el campo de batalla como frente a los aviones clásicos. Aunque no son baratos –los más costosos pueden llegar a los 60 millones de dólares–, su valor suele ser modesto si se les compara con los F-18 y otros cuya factura supera los 100 (350 millones dólares en el caso del F-22).

Más baratos De acuerdo con fuentes del Departamento de Defensa de E.U., además, los costos de operación son una ganga si de compararse se trata con los tripulados: hasta un 90 por ciento más económicos.

La ventaja más evidente, por supuesto, es que estos robots aéreos no ponen en riesgo la vida de los pilotos. En su mayoría son dirigidos desde una base en tierra a cientos de kilómetros de distancia a través de una especie de simulador de vuelo que parece un juego de X-Box.

Pero hay muchas más. Sus características y materiales de construcción les permiten permanecer en el aire durante horas sin reabastecerse de combustible. Modelos como el Heron pueden navegar 30 horas sin regresar a la base. Esto los hace ideales para misiones de reconocimiento y espionaje.

Vuelan, además, a una gran altura (20.000 pies) lo cual los hace casi indetectables y fuera del rango de alcance de mísiles tierra-aire. Su función más importante está en la recolección de inteligencia. Dotados con cámaras y sensores de última generación, envían información precisa sobre los movimientos del enemigo e, inclusive, algunos cuentan con capacidad para desactivar explosivos sembrados en el camino de las tropas (alteran las frecuencias radiales o celulares).

“Es como tener un par de ojos invisibles infiltrados en territorio enemigo.

Sabemos con antelación a qué atenernos y eso nos da una gran ventaja”, dice el brigadier general Lyn Sherlock.

Hoy, el 50 por ciento de las misiones áreas de E.U. en Irak y en Afganistán se realizan con drones y no hay operativo terrestre que no sea antecedido por el vuelo de uno de ellos. Los drones, igualmente, han comenzado a desplazar a jets y bombarderos en misiones ofensivas.

El Predator, por ejemplo, tiene capacidad para lanzar misiles y con ellos se han dado de baja a más de 20 lugartenientes de Al Qaeda en la peligrosa frontera entre Afganistán e Pakistán. O el MQ-9 Reaper (sólo hay 10 en el mundo), que puede soltar una bomba de hasta 500 libras.

Y el futuro de estos aparaticos parece ilimitado. El Pentágono, de hecho, ha comenzado a estudiar un proyecto para construir un dron bombardero que podría cargar hasta 30.000 libras de explosivos, incluido armamento nuclear.

Portátiles También hay toda una industria de drones portátiles –eléctricos y muy parecidos a los avioncitos de control remoto que se usaban como juguetes– que son lanzados directamente en el campo de batalla y dirigidos por un solo soldado con un computador.

Su uso también está trascendiendo el campo de batalla convencional o el del espionaje transnacional. E.U., por - (PASA A LA PAGINA 1-10)

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