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CUANDO EL BÉISBOL ES UNA FIESTA FOLCLÓRICA

CUANDO EL BÉISBOL ES UNA FIESTA FOLCLÓRICA

Desde el momento que oscurece, alrededor del Wellingwourth May Memorial Stadium docenas de lujosos automóviles importados que envidiaría cualquier capital de la Colombia continental muestran de inmediato a quien llega que aquí no hay cama para tanta gente . Por lo general, todo partido de la Copa Kola Román de Béisbol-Efficient semiprofesional desnuda la insuficiencia del escenario, que apenas alberga a tres mil aficionados.

Aquí, lejos del mundanal ruido y la contaminación, se vive la pasión del béisbol. Y de qué manera...

En la tribuna principal todo resulta una fiesta nocturna. Los partidos se disputan al tenor de la luz artificial, para permitir el cierre del comercio y la asistencia de sus trabajadores, los principales aficionados al cuadro de casa.

Así, nativos y residentes se mezclan para apoyar a la novena de Davivienda Islas, el mejor equipo de la tercera edición del torneo semiprofesional del deporte de la pelota caliente .

La mujer de color, presente en gran número en las tribunas del estadio isleño, es la que más grita. A su lado, casi siempre, hay un rastafari , con su cabellera larga, como jefe de grupo.

Las banderas azul y blanco, los colores del departamento, ondean flamantes en cualquier rincón y una pancarta de La Aplanadora (el apodo que le tienen al equipo por el poder ofensivo) parece llevada por una veleta en vez de un humano: se mueve por todo lado durante todo el transcurso del encuentro.

Las matracas suenan. Las sirenas, también. El ambiente en la tribuna hierve con cada batazo, cada robo de base, cada carrera...

Una banda ameniza sin descanso cada turno al bate de los isleños y la botella de aguardiente gira sin bajar de mano en mano.

Cuando el marcador resulta amplio, la trompeta suena como si se tratara de toreo y hasta un espigado y negro aficionado conocido popularmente como Zubeldía, porque dice saber más del Atlético Nacional que los propios paisas y cada minuto grita Nacional hace las veces de César Rincón.

El apoyo aquí es permanente. Y se siente mayor por lo pequeño del diamante. Abajo, con el público sobre los vestuarios, la presión acaba con los nervios del equipo visitante y parece nutrir de fuerza al local.

Aquí uno se siente seguro y tranquilo, sin que ello signifique dejar a un lado la responsabilidad. El público nos apoya y nos quiere , opina el torpedero Joaquín Gutiérrez, profesional colombiano y estrella de Islas.

Aunque en el béisbol se sostiene que la condición locataria poco importa, por algo de 17 juegos en el parque isleño durante la tercera Copa Kola Román-Efficient semiprofesional, Davivienda apenas fue superado en la ronda eliminatoria por Lotería La Sabanera de Sincelejo, 10-9.

Esa fiesta deportiva, impregnada de música del isleño en su reducto parece esta temporada contar con final feliz, esquivo en tantas oportunidades anteriores. De un rey que aquí es super-rey: el béisbol.

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