Supermercado de barrio se cuida solo, en Cúcuta

Supermercado de barrio se cuida solo, en Cúcuta

Cúcuta. En once años de funcionamiento, nadie se ha atrevido a realizar algo en contra de los supermercados Ebenezer de Cúcuta.

28 de septiembre 2009 , 12:00 a. m.

Tanto el habitual punto de venta del barrio La Victoria, en el populoso sector de Juan Atalaya, como la nueva sede de la Ciudadela La Libertad han tenido en los últimos años su propia protección, que es muy diferente a la normal seguridad privada, que para estos casos se emplea en las áreas urbanas.

Quizá la garantía de trabajar sin la amenaza del robo y el atraco se las han brindado, hasta ahora, los bajos precios que ofrecen los dos supermercados a sus 64.000 clientes, la mayoría de estratos 1 y 2, y que llegan a estar 8 por ciento por debajo de las cotizaciones tradicionales en esos sectores deprimidos de la ciudad.

También, habría contribuido en la seguridad el servicio que se les brinda a los clientes, llevándoles gratis hasta sus casas los mercados que adquieren diariamente en cualquiera de las dos sedes, así como el buen trato a sus 80 empleados (63 directos y 17 indirectos) vecinos de esas zonas, a quienes se les paga por encima del sueldo mínimo y tienen la posibilidad de adquirir casa y tener su motocicleta, todo financiado por la empresa.

ABIERTO LAS 24 HORAS Pero la mayor confianza que podría existir para tener disponibles los supermercados las 24 horas es el servicio social que se le ofrece a la comunidad con el denominado ‘Programa feliz’, el cual está distribuido en cuatro etapas que se desarrollan cada año.

Una de ellas es la de ‘Útiles felices’, que consiste en regalar, en febrero, 7.500 kits escolares en escuelas y colegios de estrato uno; otra es ‘Bolsita feliz’, que entrega en octubre hasta 20.000 refrigerios y regalos a los niños pobres. La tercera es ‘Almuerzo feliz’, que permite alimentar a 120 ancianos de lunes a viernes y, por último, ‘Sancocho feliz’, organizado hasta 16 veces cada año en beneficio de las comunidades pobres.

“Queremos tener niños que estudien y que no sean nuestros verdugos, sino que nos vean como amigos. Pero también buscamos la alegría de los padres, que de pronto, cuando vayan a actuar contra de nosotros recuerden que hemos tenido en cuenta a su familia”, explica Wilman Tarazona Pacheco, autor de la idea.

'' Queremos niños que estudien, que no sean nuestros verdugos y que nos vean como amigos”.

Ejemplo de responsabilidad social.

Los supermercados Ebenezer han sido presentados en diferentes eventos como un ejemplo del aporte que las empresas pueden hacer a la comunidad, sin necesidad de regalar productos o diseñar campañas asistencialistas.

En este caso, se trata de un proyecto que redistribuye utilidades, no solamente entre los consumidores, sino entre los empleados, pues ellos reciben grandes beneficios por trabajar en la empresa, empezando por salarios superiores al mínimo y posibilidades de crédito para el bienestar de sus familias.

El negocio nació con 30.000 pesos.

Según Tarazona, propietario de los supermercados Ebenezer (que significa “Piedra de ayuda” o “Hasta aquí nos ayudó Jehová”), trabajar en sectores urbanos de conflicto no ha sido nada fácil, pues les ha tocado sortear inconvenientes, así como intenciones de robo y extorsión.

“Aunque me han extorsionado, nunca he dado un peso. Siempre he contribuido a que en los sectores donde ellos están ayudarlos con mis programas. Me han pedido, pero yo les digo que no puedo darles plata, porque si lo hago estoy contribuyendo con la guerra, que es muerte, desolación y muchas cosas que no puedo alimentar”, confiesa Tarazona, quien hace 31 años llegó a Cúcuta huyendo de la violencia.

Pero el trabajo de este empresario no ha sido individual. Junto a él siempre ha estado su hermano William, quien le regaló los 30.000 pesos con los cuales montó la primera tienda callejera en la invasión del barrio María Paz y con quien formaron el grupo de supermercados ‘Betel’ (Casa de Dios) con el que le dan empleo a 250 personas de bajos recursos.

También, intervienen en esa labor social varios de sus 173 proveedores regionales y nacionales, entre ellos Nacional de Chocolates, Nestlé y Distribuciones Pastor Julio Delgado, con quienes invierten al año cerca de 60 millones de pesos en ayuda a la comunidad menos favorecida de Cúcuta.

'' Me han extorsionado, pero nunca he dado un peso. He contribuido con mis programas en los sectores donde ellos viven”

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