BOYACÁ: DE PROMISORIO A PROMETIDO

BOYACÁ: DE PROMISORIO A PROMETIDO

Alborozados los boyacenses saludamos al Presidente Ernesto Samper y a su equipo ministerial. Su presencia en esta tierra tiene un significado especial, por la esperanza que despierta entre quienes ya están fatigados de vivir de las promesas y del canto, hermoso sí pero profundamente improductivo, que nos elogia como los hijos del patriotismo o como los habitantes del tabernáculo de la Patria.

16 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Este departamento pasó de ser el territorio promesa que le aseguraba las bondades de su suelo, el espíritu trabajador de sus hombres y el indeclinable apego de todos sus hijos a la paz y al respeto de las instituciones democráticas, para convertirse en un departamento bañado por las promesas y las ilusiones.

Pero ni siquiera ese patriotismo, tantas veces cantado, ha servido para que a Boyacá se le reconzca y se le premie por lo que es y por lo que vale en el concierto nacional.

A este departamento todo se le ha ofrecido, pero también todo se le ha negado. Como si tal tratamiento fuera la justa retribución para un pueblo que, al parecer, cometió el grave pecado de haber sido el campo donde se sembró y se cultivó la independencia nacional. Casi todos, para no decir que todos, los gobiernos nacionales han sido injustos con esta región. Se ha abusado de la humildad y del desprendimiento de su gente. Nadie se ha preocupado por reparar tanto abandono y tanta burla.

Sin embargo, como en la frase de cajón, la esperanza es lo último que se pierde , hoy, con la presencia entre nosotros del Jefe del Estado, doctor Ernesto Samper Pizano, esa debilitada fe en el porvenir trata de renacer. En medio de los desgastados rayos de la esperanza que agoniza, los boyacenses esperan escuchar no las reiteradas frases bonitas ni las promesas irrealizables, sino la reafirmación de un nuevo estilo de gobierno. Por lo menos, la nueva Carta Constitucional asegura unas nuevas formas de relación entre gobernantes y gobernados, las cuales no están sujetas al vaivén de las improvisaciones ni de las intrigas. Es el Plan Nacional de Desarrollo el que las determina. En ese documento legal está el derrotero de este gobierno, no solo frente a Boyacá sino frente a cada uno de los departamentos colombianos. La suerte de nuestro departamento está hechada en ese Plan.

Así las cosas, Boyacá espera que el señor Presidente defina la suerte de los programas y las inversiones incluídas en el Plan Nacional de Desarrollo, que se comprometa señalando qué tratamiento les dará su gobierno, si el de la justa prioridad o quedarán sujetos a la obligada espera por la importancia que han alcanzado otras regiones con mayor poder de participación en las grandes decisiones nacionales.

Señor Presidente, en sus manos está el que a Boyacá se le pague la deuda que tradicionalmente tantos gobiernos le han negado. Conviértase Usted, doctor Samper, en el ángel guardián del desarrollo y progreso de esta tierra, que es tierra buena.

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