Vandalismo contra patrimonio

Vandalismo contra patrimonio

Como si fuera una caja de cables de teléfonos sucia luce hoy el monumento al físico italiano Guillermo Marconi, ganador del Nobel de Física en 1909, en la carrera 11 con calle 70.

26 de septiembre 2009 , 12:00 a. m.

¿Qué diría el científico si viera que su busto desapareció y que avisos publicitarios, además de grafitos, e incluso dos árboles, ocultan el pedestal que le hicieron allí? “Igual que ocurre con las tapas de las alcantarillas, se robaron la cabeza de la escultura de un día para otro”, dice Claudia Herrera, miembro del Frente de Seguridad de la calle 70.

Es un misterio cuál fue el paradero de Marconi, a pesar de que se hiciera el reclamo a la Policía en su momento, hace cinco años.

EL TIEMPO ZONA realizó un recorrido por la localidad de Chapinero y encontró que la fortuna de un sacerdote, un general de la Gran Colombia y un navegante ha sido parecida a la del Nobel.

El busto de mármol de monseñor Vicente Arbeláez –inaugurado en junio de 1926–, en la carrera 10 con calle 63, en el costado oriental de la iIglesia de Nuestra Señora de Lourdes, lleva inscritos en su pedestal tatuajes en azul y negro que compiten con la leyenda del arzobispo con las frases y palabras “Metal forever”, “Rasta o Soniko Rastman JKM” y “Escudero”, entre otras.

En un parque de la carrera 6a. con 76, el general chileno Bernardo O’Higgins dejó de ser un militar reconocido por su lucha en favor de la independencia.

Ahora, es un orinal público con grafitos. Su clon, en la avenida Chile con 9a., corrió con mejor suerte: está libre de garabatos.

Y el globo terráqueo de Américo Vespucio de nuevo rodó a las manos de delincuentes en la carrera 7a. con calle 97. Su mano quebrada está llena de basura, así como su sombrero, a pesar de que en junio de este año las autoridades locales lo presentaron restaurado a la comunidad.

Giordano Bruno, un filósofo compatriota de Marconi y Vespucio, es su antítesis. Fue elaborado por Miguel Urrutia con una cobertura anticorrosión y tiene vigilancia en el parque que lleva su mismo nombre, en la carrera 9 con calle 69.

El atractivo del metal “El bronce llama la atención de los ladrones, porque lo pueden revender”, explicó Lina Uribe –funcionaria del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural– sobre por qué las esculturas son codiciadas.

De acuerdo con Gabriel Pardo, director general de esa entidad, las estatuas son objeto del “desahogo social y fisiológico de la gente”. De ahí que la gente orine o escriba “Es una sociedad de alcohólicos la que condena a los más consecuentes a ser drogadictos”.

Para remediar el vandalismo, el instituto trabaja en la sensibilización y apropiación de los monumentos. Parte de esa labor se realiza por medio de ese inventario y de la declaración de algunas esculturas como bienes de interés cultural

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