Diez años de los ‘realities’

Diez años de los ‘realities’

Hace una década, en septiembre, se emitió por vez primera en una cadena de televisión de los Países Bajos Gran Hermano, el precursor de la fórmula del reality. Aunque en términos estrictos no fue el programa inicial que tuvo “la realidad” como protagonista, la idea de aislar una decena de jóvenes en una casa y grabarlos 24 horas ha sido, desde entonces, la gallina de los huevos de oro para numerosos canales de televisión en más de 70 países.

21 de septiembre 2009 , 12:00 a.m.

El artífice fue el holandés John de Mol y su invento se ha reproducido durante estos años derivando en fórmulas, a veces grotescas o exageradas, basadas sólo en el imperativo de mover la aguja de la sintonía hacia arriba.

El título del programa, inspirado en el personaje omnipotente de la novela 1984, de George Orwell, buscó asimismo dotar a este reality de un manto de experimento sociológico y así defenderlo de las críticas.

Lo innegable es que Gran Hermano ha roto registros de audiencia y cumple, sin lugar a dudas, con su cometido de entretener. Sus réplicas en países como Suecia, Bulgaria, Brasil y Eslovaquia así lo demuestran. Colombia tampoco ha sido extraña a esta “fiebre” global de realities y desde hace años estos formatos son invitados de honor a las parrillas más atractivas de los canales nacionales.

A partir de esa primera transmisión de 1999 hasta ahora, los más diversos formatos se han reproducido como conejos: chefs, solteras, prisioneros, adolescentes, políticos, familias de roqueros maduros, reinas y aspirantes a cantantes. La fórmula ha dado para todo: hasta realities hechos especialmente para ex concursantes de realities. Por no mencionar a uno que reunió bajo el mismo techo a una actriz porno, a un enano alcohólico, a un travesti y a una ninfómana.

El secreto del éxito parece estar en divulgar en horario triple A todo lo imaginable: operaciones estéticas, partos, problemas familiares, económicos, de sobrepeso. A la gente le gusta inmiscuirse en la privacidad de los demás, y qué mejor si lo que ve no es una actuación sino la vida real.

Sin embargo, las nuevas condiciones financieras del mercado global de la televisión también influyen en el auge de estos formatos. Más baratos de producir que dramas, seriados o telenovelas, los realities son el producto de un entorno televisivo más competitivo, lleno de canales de nicho y con acceso satelital. Por dinero o por voyerismo, lo cierto es que, hoy en día, muy pocos pueden ufanarse de no haber sucumbido nunca ante esa ventana abierta de par en par hacia la intimidad de otros.

editorial@eltiempo.com.co

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