Universitarios desde sus colegios

Universitarios desde sus colegios

La universidad ya no es territorio exclusivo de quienes han terminado el bachillerato. Ahora la U. también es cosa de colegiales.

20 de septiembre 2009 , 12:00 a. m.

Estudiantes de los dos últimos grados de la secundaria de algunos colegios pueden, desde ya, adelantar su carrera y entrar a la universidad con materias previamente cursadas. Camilo Bonilla, por ejemplo, se graduó el año pasado de bachiller técnico industrial con énfasis en mecánica automotriz, y comenzó prácticamente en segundo semestre su carrera técnica en ingeniería mecánica.

“Me valieron cuatro materias del colegio como si fueran las del primer semestre”, dice, entusiasmado con la idea de terminar su formación más pronto que otros.

Eso es posible gracias al programa de articulación que tiene su colegio con una institución de educación superior, una tendencia cada vez más difundida en el país.

La iniciativa busca, entre otros propósitos, “generar un espíritu universitario para los estudiantes desde el colegio”, de acuerdo con Wilson Vivas, coordinador de articulación en el Instituto Técnico Francisco José de Caldas, de Bogotá.

Este es uno de los 46 colegios del distrito que están involucrados estrechamente con universidades y centros de formación técnica y tecnológica donde homologan las materias “especializadas” que cursan los jóvenes en el bachillerato.

Para hacerlo, universidades y colegios elaboran un plan de estudios unificado “desde el grado décimo hasta terminar la carrera”, explica Jaime Naranjo, subsecretario de calidad y pertinencia de la Secretaría de Educación de Bogotá.

Y con eso, “se evita la repetición de contenidos y se depura el tiempo de alumnos y maestros”, dice el profesor Vivas. Resalta, a la vez, que no se trata de cumplir con las exigencias de la universidad, sino de enriquecer el pénsum en la etapa escolar.

Porque, en los casos en que los jóvenes no pueden continuar con la educación superior, ese conocimiento adquirido pasa a ser una herramienta de trabajo.

“Con lo que aprendemos en el colegio podemos desempeñarnos en el mundo laboral”, afirma Camilo, que debió, eso sí, tomar 10 horas más de clases a la semana para obtener la especialidad.

Y esas áreas, que son 37 en Bogotá, responden a las necesidades de desarrollo de la ciudad, de acuerdo con Naranjo.

Así lo han asumido también las universidades que trabajan articuladas con las regiones, como la Corporación Universitaria Minuto de Dios, que tiene convenios con cerca de 100 colegios en 12 departamentos.

“En las zonas cafeteras trabajamos programas enfocados en el café”, explica la vicerrectora general académica, Marelen Castillo.

De modo que los jóvenes aprenden lo que sus comunidades necesitan, y, en cualquier caso, el estudiante gana: puede trabajar en áreas especializadas o puede brincar a la universidad.

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