Uribe pecador se confiesa

Uribe pecador se confiesa

20 de septiembre 2009 , 12:00 a. m.

Al presidente Álvaro Uribe se le sale a veces el espíritu cristiano y, cuando no cuelga oraciones a la Virgen en la página oficial de la Casa de Nariño, nos sorprende con ejercicios públicos de arrepentimiento. Lo hizo hace una semana en Pasto tras oír el Evangelio durante una misa solemne.

Versaba sobre la recomendación de Jesús en el sentido de que “si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra” (Mateo 5, 39). Con franqueza que no le abre las puertas del Cielo, pero sí las del confesionario, Uribe dijo que se sentía “muy pecador” porque quizás no era capaz de acatar tan generosa prédica. A lo más que podía comprometerse era a no odiar, pero eso de poner la otra mejilla sí no.

Me ocupo de las ideas religiosas del Presidente porque este suele mezclar sus sentimientos píos con las cuestiones públicas y no tiene el recato de guardárselos para la intimidad. Sus dos periodos y la posible ñapa que nos espera son un paso atrás en la separación entre la Iglesia y el Estado que la Constitución ordena.

El episodio de Pasto revela el problema de los evangelios cuando los destilan a su favor los pecadores. El Jefe del Estado demuestra con los hechos que cumple las palabras de Cristo en la parábola del sembrador: “Al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene se le quitará aun lo que tiene” (Mateo 13, 12). También acepta con humildad aquello de que “el que no está conmigo está contra mí” (Lucas 11, 23). Sin embargo, su indiferencia ante los escándalos de sus parlamentarios parece poco cristiana: “¡Ay del que causa el escándalo!” (Mateo 18,7). Y su soberbia al creer que sólo él puede salvar a Colombia podría conducirlo al fuego eterno, pues escrito está que “los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros” (Mateo 20, 16).

Conviene al gobernante repasar estas páginas. Y conviene a sus aduladores imitarlo. La última columna de José Obdulio Gaviria (EL TIEMPO, 15-09-09) es un ejercicio de intolerancia capaz de hacer temblar a cualquiera que conozca su influencia sobre Uribe. Según él, los columnistas que critican al Gobierno no escriben, sino que “vomitan basura conceptual”; mientras El Perfecto se desvela, “ellos ni leen, ni estudian, ni trabajan”; los reporteros que no simpatizan con la línea oficial sólo “preguntan majaderías”; al director de la revista Cambio le “queda muy grande” entender un discurso del Soberano. En cambio, ¡qué maravillosos son los amigos del régimen! Cierto columnista paisa que lo alaba “roza la genialidad”; el Presidente perora en Bucaramanga y lo oye “una audiencia embelesada”; y, para decirlo sin resquicios, “las mejores plumas del país son uribistas”.

¿La suya, por ejemplo? ¡Ah, pecadores!... Qué bien les vendría reencontrarse con los evangelios que su jefe públicamente dice acatar. Para hoy domingo les recomiendo la lectura de Mateo 7, 1 (“No juzguéis si no queréis ser juzgados”); Mateo 7, 3 (“Ves la paja en el ojo de tu hermano, pero no ves la viga en el propio”) y Mateo 7, 15 (“Cuídense de los falsos profetas”).

Pero, sobre todo, una larga meditación sobre Lucas 18, 14: “El que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado”.

Amén.

ESQUIRLAS. 1) Fue entrar al Gobierno un tipo reposado como el ministro de Defensa, Gabriel Silva, y se le pegó el mal estilo de la institución.

Resulta una brutal descortesía responder con un “Zapatero a tus zapatos” al ofrecimiento generoso del gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero para mediar con Venezuela. Confirma, además, que el Ministerio de las armas sigue orientando nuestra política exterior. 2) Me parece infame que alias Uribito monte su campaña pre-presidencial a base de cuñas temerarias contra Piedad Córdoba, a la que, en clásico ejercicio de calumnia impune, tilda de delincuente.

cambalache@mail.ddnet.es

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