ESTE MES CELEBRARON SUS OBRAS SOCIALES Costureras de Cedritos, 50 años dando puntadas

ESTE MES CELEBRARON SUS OBRAS SOCIALES Costureras de Cedritos, 50 años dando puntadas

19 de septiembre 2009 , 12:00 a.m.

CAROL MALAVER REDACCIÓN EL TIEMPO ZONA Lilia Sánchez de Rozo, a sus 79 años, todavía da puntadas precisas, así como sus convicciones. Ella es una de las pocas residentes que fueron testigos del crecimiento de Cedritos, en Usaquén.

Dice que cuando llegó sólo pastaban vacas lecheras sobre hectáreas de sembrados de cebada y la gente se abastecía con el agua de un acueducto que cobraba 30 pesos mensuales por el servicio.

Muy joven, en 1959, se unió a un costurero, un grupo de refinadas mujeres que tejían para donar prendas o recaudar dineros destinados a obras sociales.

“Muchas de quienes comenzamos con la causa han muerto. Sólo vivimos dos: Lucía Ucrós de Martín y yo; el resto son descendientes del grupo que se unieron con el tiempo al costurero”, dijo Lilia con nostalgia.

La primera obra que logró en compañía de las matronas de la zona fue una capilla, llamada El Tabor, para que la misa no les quedara tan lejos a los vecinos. “Quedaba en la 9a. con 139. Estábamos tan felices que le pagábamos el alquiler a un padre de apellido Chaparro, que luego se enamoró y se casó”, recordó entre risas la abuela, mientras tapaba con sus manos una pícara sonrisa.

El trabajo del costurero servía también para ayudar a las personas que habitaban en los ‘cambuches’ de lata que ocupaban los inmensos lotes desocupados. “En Navidad, por ejemplo, les dábamos regalos a los niños pobres. No nos importaba que sus vacas se comieran nuestras flores”, dijo Lilia.

El trabajo, aunque gratificante, ha sido arduo. Han tenido que tejer como arañas durante décadas para lograr su cometido.

De las obras más destacadas recuerdan haber levantado la iglesia de San Tarsicio, una de las de mayor tradición en el sector. “A punta de arepas de huevo y las famosas empanadas de los domingos, durante siete años, varias mujeres levantamos esa parroquia”.

La urbanización El barrio comenzó a crecer. Por eso, estas mujeres decidieron ampliar la cobertura de sus obras. “Comenzamos a tejer prendas para los ancianatos más necesitados de la ciudad”, recuerda Lilia, quien hoy lidera el grupo conformado por 18 miembros. “Todas son hijas, nietas o familiares de quienes iniciamos este sueño”, agregó.

Hoy, chales, pantuflas, gorros y bufandas hechos en medio de largas tertulias, alegradas por los cuentos que emergen de la memoria de las más sabias mujeres, abrigan del frío a los abuelos de varias partes de la ciudad.

También tejen ropa de bebé que luego venden a sus clientes. “Con lo que nos ganamos con la ropa de los niños financiamos lo de los viejos”.

En septiembre, Lilia decidió celebrar los 50 años del costurero. “No sólo quiero honrar el trabajo social que hemos logrado; también quiero homenajear a cada una de las mujeres que han hecho parte de este sueño por la amistad y los bellos momentos que hemos compartido juntas. Somos una familia”, dijo Lilia.

Una misa, una copa de vino y un almuerzo hicieron parte de la celebración del costurero.

“Este proyecto no se acaba: cuando yo no esté, otras seguirán con la tejedera”.

Carol Malaver/EL TIEMPO.

Archivo particular.

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No sólo quiero honrar.

el trabajo social que hemos logrado; también quiero homenajear a cada una de las mujeres que han hecho parte de este sueño por la amistad y los bellos momentos que hemos compartido juntas. Somos una familia”.

Lilia Sánchez de Rozo, directora del costurero de Cedritos.

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