El Salto Ángel, lleno de aventuras

El Salto Ángel, lleno de aventuras

La impresionante caída de agua, de casi un kilómetro de altura, resplandece bajo el sol del amanecer que golpea la montaña y una sonrisa aparece en el rostro de los visitantes del Salto Ángel, un tesoro que Venezuela reserva sólo para aventureros en un rincón del sureste del país.

17 de septiembre 2009 , 12:00 a.m.

“Es una explosión de la naturaleza. Vale la pena venir hasta aquí”, asegura Marta Romeu, una catalana de 32 años que planeó hace meses este viaje desde España.

La visión de la cascada más alta del mundo compensa para estos viajeros el periplo de 12 horas en avioneta, en canoa y a pie, y la noche de intensa lluvia vivida en un precario refugio, acostados en hamacas.

“Llevo años pensando en este viaje y la visión del Salto Ángel superó todas mis expectativas”, asegura Amaudy López, un venezolano que no se cansa de tomar fotos junto a su esposa.

El Salto Ángel lleva este nombre en homenaje al aviador estadounidense Jimmy Ángel, quien en 1937 aterrizó sobre el tepuy en el que nace la cascada. Para los científicos, estas montañas de cima plana son las formaciones más antiguas del planeta.

El viaje transporta a los visitantes al mundo perdido del libro de Arthur Conan Doyle, inundado de cascadas, selvas, tepuyes, lagunas y un exuberante mar verde de vegetación. “Es mi primer viaje a Suramérica y me parece una aventura increíble: desde que uno toma la avioneta hasta que llega al pie del Salto Ángel, mojado, exhausto y sucio, pero feliz”, asegura el alemán Philipp Luehrs.

Situada en el parque nacional de Canaima, esta reserva de 30.000 kilómetros cuadrados fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1994, es finalista para convertirse en una de las nuevas maravillas del mundo en una votación que se está llevando a cabo por la Internet y ha ganado renombre gracias a la película Up (Arriba).

“Muchos nunca habían oído hablar de los tesoros de nuestro país. Vieron la película y decidieron hacer el viaje hasta aquí”, asegura José, guía indígena de la región.

- Si usted va El turista extranjero debe llegar a Caracas, viajar a Ciudad Bolívar o Puerto Ordaz y tomar una pequeña avioneta hasta el pueblo de Canaima.

Desde allí se remontan los rápidos de los ríos Carrao y Churún durante cuatro horas en una ‘curiara’, embarcación indígena de madera; se emprende una subida a pie por la selva de más de una hora y se llega al mirador final.

Otra opción es sobrevolar la cascada, una visión espectacular pero cara y breve, que no permite extasiarse frente a este regalo de la naturaleza.

“Todo es muy improvisado, no hay ningún tipo de preparación para recibir al turista. Pero cuando uno ve este paisaje, da igual que la comida sea mala, el equipaje esté mojado y no se haya dormido nada”, asegura una turista española.

El nombre indígena del salto es ‘Kerepakupai-merú’ (caída de agua hasta el sitio más profundo)

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