‘Me voy con la frente en alto'

‘Me voy con la frente en alto'

Abel Rodríguez, el secretario de Educación de Bogotá durante los últimos seis años, se ha dedicado esta semana a despedirse. Cree que es un acto de descortesía, un “acto horrible”, irse sin decirles adiós a las personas con las que trabajó y logró transformar la educación de la ciudad.

12 de septiembre 2009 , 12:00 a.m.

Reconoce que la investigación que le iniciaron por la compra de un lote en la que se falsificó un avalúo contribuyó a su decisión. Advierte que al pícaro hay que obligarlo a devolver la plata, pero que la Contraloría no se la puede cobrar a él como secretario, porque no se robó un peso.

¿Qué lo lleva a renunciar en la mitad del Gobierno? Yo nunca me había programado para estar la administración completa, porque siempre pensé que era imposible aguantar un ciclo muy largo en una entidad tan compleja. Y cuando el Alcalde me propuso que me quedara, le dije que sólo un tiempito. Pero además, se sumó esta serie de factores y decidí irme para no afectar la imagen de la Secretaría, ganada por el esfuerzo de muchos funcionarios, y tampoco afectar la imagen del Alcalde.

¿Qué siente de irse en medio de una investigación por la compra de un lote?.

He escuchado a concejales que dicen que el lote no tenía servicios. Es que ninguno tenía servicios públicos, porque nosotros no compramos lotes en el Salitre o en el Chicó, donde hay redes. Era en sitios no urbanizados, que la Secretaría tuvo que urbanizar. A nosotros nos tocó hacer planes parciales en Bosa, en Ciudad Bolívar y en Rafael Uribe Uribe, porque el colegio se necesitaba allí. Y nos tocó hacer colegios en zonas de lader a.

¿Se va tranquilo? Yo creo que sí. Puedo irme con la frente en alto. Yo tengo una investigación ahí, y seguramente me van a abrir otra, porque hay que castigar hasta el fin de los siglos al que sea intruso, y yo soy un intruso de la Administración Pública. Pero me voy orgulloso del trabajo realizado, es un esfuerzo de mucha gente y ojalá continúe.

¿Qué acciones destaca? La gratuidad, la alimentación escolar, los subsidios condicionados a la asistencia escolar, la distribución gratuita de útiles a través de los morrales de sueño para los niños de preescolar, que se entregan anualmente, y por supuesto los colegios con sus dotaciones, sus laboratorios y sus especialidades.

¿Es sostenible la educación gratis a largo plazo? Claro. Tiene que ser sostenible. Ese es un gasto que se vuelve recurrente.

Hasta ahora venimos disponiendo de esos recursos poco a poco; desde el 2010 serán de una sola vez 57 mil millones de pesos.

¿Estamos bien de colegios? Todavía nos falta. Hay que construir algunos colegios nuevos para reponer algunos mal ubicados o ubicados en espacio público, en zonas de recreación o en rondas de ríos. Y también nos quedan algunas demandas, por ejemplo en Patio Bonito y en Suba. Pero hacen falta lotes, estamos expropiando. El más grande que hay, no nos lo quieren vender.

Hay problemas en calidad… Si terminamos todo este mejoramiento, puedo decir que no hay ningún pretexto para que los colegios hagan una educación de calidad. Y obviamente, esa ya es una tarea de los docentes y de los rectores, con el apoyo de la Secretaría.

¿Y la violencia escolar? Los colegios no son violentos. La violencia llega a los colegios. El principal factor de violencia en los colegios es el entorno. Se organizan pandillas y los criminales se aprovechan de los chicos para que lleven droga, armas. Es la utilización de los niños y de los jóvenes.

¿Soñó con ser secretario, o se sorprendió cuando Lucho Garzón le ofreció el cargo? Me sorprendí. Yo siempre trabajé en la educación en la mentalidad de crítico de lo que hacía el Estado, y nunca con la aspiración o ambición de poder estar en una secretaría. No sabía cómo era la cosa, la veía complicada. Después entendí que se trataba de poner en marcha los sueños: esas cosas que uno gritaba de los buenos colegios, que doten los colegios, que haya computadores

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