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CLAVE 1967 BANDOLEROS VUELAN TREN EN SANTANDER: OCHO MUERTOS

CLAVE 1967 BANDOLEROS VUELAN TREN EN SANTANDER: OCHO MUERTOS

Qué conexión podían tener, un robo de película al estilo Rififí en el más elegante hotel de Bogotá y el asalto, también de película al estilo spaguetti-western contra un tren que viajaba por la región del Opón? Ninguna. No estaban conectados. Pero la espectacular acción de unos delincuentes comunes, contra las cajillas de seguridad del Hotel Tequendama, a comienzos de marzo, puso al descubierto la apasionante trama internacional, que incluía, el premeditado asalto al tren, del Ferrocarril del Atlántico, ocurrida una semana después del robo al hotel.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
15 de febrero 1992 , 12:00 a. m.

La primera película se rodó en las dependencias del Tequendama. Un huésped, elegantemente vestido, alojado en una suite, solicitó en las horas de la noche, servicio a la habitación. Pidió wisky, vasos, hielo y pasabocas, para atender a dos amigos que allí se encontraban.

Pasada la medianoche, se recibió una llamada en recepción solicitando ayuda en la suite. El pretexto? Uno de los invitados, pasado de tragos, estaba a punto de provocar un escándalo. Cuando se presentó el botones, los tres apacibles huéspedes se convirtieron en tres avezados apaches , que después de golpearlo, lo amarraron. Cinco minutos más tarde, una nueva llamada a recepción reiteraba la solicitud de ayuda. Con la misma velocidad con que acudieron a sacar al borrachito, otros tres funcionarios corrieron igual suerte, que su compañero el botones.

A continuación, los sofisticados cacos abrieron, una a una, todas las cajillas de seguridad y se alzaron con joyas, dólares y valores depositados allí, por los confiados huéspedes.

Cuando la autoridad se hizo presente y comenzaron las investigaciones, se descubrió que un huésped mejicano, que había llegado al hotel el 25 de febrero, estaba desaparecido. Su equipaje lucía abandonado.

El desaparecido mejicano, Renato Méndez, fue inmediatamente vinculado como principal sospechoso del robo de las cajillas. Pero, de este delito, era tan inocente como la santa María Goretti... en cambio, era él, el responsable del asesinato de nueve humildes colombianos, que viajaban en el vagón No. 1154, del Ferrocarril del Atlántico, por la región del Opón, el jueves 9 de marzo de 1967, a las 2:30 de la tarde.

Ese caluroso día, el tren serpenteaba perezoso, por el valle del Magdalena Medio. En su recorrido entre las estaciones de Puerto Opón y Las Montoyas, en el trayecto de cien metros, rodeado de altos barrancos, conocido como el Cajón de los Macías , estaba localizada la emboscada. De improviso, la máquina saltó, víctima de las dos minas de alto poder que descarrilaron el tren. A lado y lado, desde los barrancos, los fusiles del ELN vomitaron fuego y muerte.

Hombro a hombro, con los ochenta guerrilleros, Renato Menéndez, el periodista mejicano, accionaba la grabadora, mientras que su paisano y compañero de aventuras, el camarógrafo Armando Salgado, filmaba hasta los mínimos detalles del asalto al tren.

Nueve colombianos muertos y siete heridos, mil pies de película filmada, 75 fotografías tomadas y una serie de artículos para la revista mejicana Sucesos, sobre la valiente acción guerrillera, era el resultado de los tres días de preparación de la emboscada, organizada expresamente para que se luciera el periodista mejicano.

Veinte días más tarde, el comunicador apareció, fresco y orondo en una rueda de prensa que convocó en la embajada de su país en Bogotá. Allí explicó como razones de su desaparición, la serie de entrevistas que estaba realizando con grupos revolucionarios de América Latina, pero negó cualquier vinculación con el asalto al tren.

El 29 de marzo, las autoridades colombianas le echaron el guante. Durante varias semanas, en un paciente interrogatorio, se enfrentaron las coartadas del periodista manito , con la tenaz persistencia del servicio de inteligencia militar. Al final, todo pareció indicar que la partida terminaba en tablas. El viernes 21 de abril fue expulsado de Colombia, con la perentoria advertencia, de que podía ser condenado a cuatro años de colonia penal, si insistía en regresar.

Su última declaración antes de ser expulsado, es todo un monumento al cinismo: Es un hecho doloroso el que la prensa colombiana se haya solidarizado con este atropello a la libertad de expresión .

A mediados de junio salió publicado el primer informe de la revista Sucesos. Nunca en su historia había vendido tantos ejemplares.

Por la misma época cayeron todos los integrantes de la red urbana del ELN, en Bogotá, Bucaramanga, Barrancabermeja y la región del Opón. Nunca en su historia habían caído tantos auxiliadores de la guerrilla.

Renato Menéndez el periodista y el delator usando su formidable memoria fotográfica, había canjeado, mano a mano con las autoridades, toda la información que conocía sobre el ELN... a cambio de su libertad.

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