PROBLEMAS DE CIENCIA-MICCIÓN

PROBLEMAS DE CIENCIA-MICCIÓN

Hernán Tovar y Jaime Ruiz dos columnistas de las llamadas páginas de Bogotá de EL TIEMPO por fín han resuelto abordar otro tema distinto a los eternos de la congestión de tráfico, los huecos y la rampante inseguridad.

30 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Temas éstos sobre los cuales cada día se hacen denuncias más alarmantes y nada pasa, pues, como se sabe, estamos en época de plena pedagogía ciudadana, con intenciones muy positivas pero resultados estériles.

Y a propósito de lo primero la pedagogía, tanto Ruiz como Tovar se enfrascaron la semana pasada en un tema interesantísimo: la orinadera de los bogotanos al aire libre, a falta de posibles baños públicos, o de refectorio, como decíamos en el Colegio Mayor del Rosario.

Según Ruiz (experto en temas educativos y distritales), aunque la falta de baños públicos es alarmante, ésta no parece ser la causa de los innumerables casos que se ven en Bogotá de hombres orinando en vías públicas. Y no parece serlo porque igual comportamiento no tienen las mujeres. Es decir, o ellas siempre logran encontrar un baño o, aunque no está sustentado médicamente, parecen tener mejor control de vejiga .

A su vez, Tovar cachaco típico sale en defensa de la decencia de los verdaderos santafereños, y advierte: Cierto es que hoy la desvergenza de los hombres para satisfacer sus necesidades menores es una costumbre cochina, que se observa en Bogotá. Pero que sea bogotana, eso no: el auténtico bogotano se distingue del mero habitante de Bogotá, en que aquel sabe aguantar hasta el suplicio antes que cometer un desacato, mientras éste no tiene empacho ni reato en descargar el riñón donde sea y cuando sea .

Que este es un país orinón, no cabe duda... Pero reducir el asunto de la incontinencia pública a la capital de la República es en cierta forma una injusticia. Aquello, por ejemplo, de Boyacá en los campos , no resulta gratuito: a lo largo de las carreteras de este departamento, uno ve a los campesinos haciendo chichí al aire libre con una frescura inaudita. Y lo mismo en la Costa que en Nariño. Es, pues, un problema nacional, no local. Y problema grave, no sólo desde el punto de vista urinario y ecológico por lo de la polución nasal, sino de urbanidad y civilización elementales.

Paralelamente con este desage sin castigo, debe admitirse que si algo influye en la acumulación de esta necesidad fisiológica es el hecho de que Colombia es, además, un país de pompa y discurso, de protocolo y condecoraciones, de honores y ofrecimientos, en el que la verborrea incide notoriamente en la represión, no propiamente militar sino cistítica.

Me explico: un gran hombre de teatro español, don Eduardo Marquina, literalmente murió por sobrecargo en su vejiga cuando tuvo que padecer en el Congreso de los setentas, cuando la Anapo electoralmente arrasó con todo, un discurso de José Jaramillo Giraldo que, según entiendo, duró más de cinco horas. Marquina, hombre ya de edad, aguantó bizarramente las ganas y terminó muriendo de una oclusión, por culpa de semejante intervención... no quirúrgica, que habría sido salvadora, sino oratoria, que le fue fatal.

Y entiendo asímismo aunque en estas materias, el profesor Bustillo podrá corregir los vacíos históricos, si es del caso que a comienzos del siglo hubo un célebre debate parlamentario entre Concha y Ñito Restrepo, que éste interrumpió abruptamente cuando alzó la mano, y dijo: - Señor presidente del Congreso, con permiso voy a mear... Hasta ahí llegó la acalorada discusión.

Bogotá, sin duda, no dispone de suficientes mingitorios públicos, como toda ciudad que se respete; pero es evidente que los colombianos tenemos una mentalidad muy relajada en esta materia, y que aquí prácticamente no nos avergenza cambiarle el agua al canario , como se dice tan vulgarmente, donde nos coja el afán. Es una manía grosera y muy fea además de cochina, como decimos los bogotanos que debería reprenderse severamente con tarjeta roja y algo más, empezando por una adecuada educación familiar y escolar al respecto.

Empero, pese a todo, tengamos un sentido exacto de las proporciones, colegas Tovar y Ruiz... Aunque es cierto que las mujeres poseen una capacidad de resistencia mucho mayor que la de los hombres (y hay que verlas a las pobres haciendo cola en los estadios, para poder entrar al WC), es mil veces preferible soportar a ojos vistas esta costumbre masculina, obscena y propia de plebes, antes de que a los parroquianos nos sigan robando y asaltando. Y no propiamente por hacer pipí sino, simple y llanamente, por andar en la calle, así sea con el fundillo cerrado.

Doctor Mockus: usted, que es experto en estas materias, no le parece que el problema del Alcalde, y no solo de la indisciplina de los bogotanos, es de autoridad, más que de incontinencia? Al fin de cuentas esto último podríamos dejárselo a los operativos ecológicos de Cecilia López, mientras usted se encarga de la integridad de los ciudadanos, incluyendo sus órganos vitales. Que es la que hoy más que nunca está en veremos, aunque no simplemente por falta de baños.

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