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EVOCACIONES Y RECUERDOS

EVOCACIONES Y RECUERDOS

(A manera de memorias) De los personajes de dimensión universal con quienes topamos algún día en nuestra actividad periodística, recordamos un feliz y grato encuentro en Washington con el entonces presidente Franklin Delano Roosevelt y el Primer Ministro inglés Winston Churchill. La Casa Blanca había citado a una conferencia de prensa y a ella asistimos periodistas de todas partes del mundo, desde luego mayoritariamente norteamericanos. El evento tuvo particular interés, pues eran los días posteriores de la segunda guerra mundial, y los dos estadistas absolvieron con amplitud las diversas preguntas de la apretada audiencia. Al finalizar la conferencia fuimos invitados a dialogar con el presidente Roosevelt tres periodistas latinoamericanos. Y así fuimos recibidos, en audiencia privada, por el mandatario estadounidense, en el salón oval, Alberto Gainza Paz, director de La Nación de Buenos Aires; Victoria Ocampo, directora de la revista Sur, de la misma ciudad, y quien estos recuer

La reunión se realizó en ambiente cordial, ajeno a todo estirado protocolo, asistidos y bien interpretados por inteligente traductor bilinge. El presidente Roosevelt, además de una penetrante inteligencia, gozaba de un fino sentido del humor. Naturalmente la grata y descomplicada conversación giró en torno de la good neighbour policy , o sea acerca de la política de buena vecindad , puesta en boga y en marcha por el gobernante demócrata, feliz antecedente de la kennediana Alianza para el progreso . A sus tres interlocutores latinoamericanos nos sorprendió muy gratamente el amplio conocimiento de nuestra América, de que Roosevelt hizo gala. Por ejemplo, deploró con vivo sentimiento democrático la circunstancia de que por entonces hubiera en el Continente algunos aberrantes casos de absolutistas dictaduras.

Naturalmente otro de los temas de la fructífera e inolvidable conversación fue acerca de lo que habían significado para el mundo Hitler y su nazismo. Triunfante la coalición aliada, Roosevelt veía con fundado optimismo el porvenir de los pueblos libres. En la recién creada Organización de las Naciones Unidas fincaba él seguras esperanzas. Hablando de Rusia hizo interesantes observaciones. Recordó cómo Lenín y su círculo consideraban como la tarea principal por realizar, la reanudación de las relaciones diplomáticas con el mundo, pero en particular las comerciales, ya que se tenía la absoluta certidumbre de que era imposible pretender la reconstrucción y el desenvolvimiento económico del país sin la ayuda del extranjero.

La entrevista supuestamente proyectada para unos 15 o 20 minutos, se prolongó cerca de algo más de una hora, llevados por la magia de la palabra del universal estadista. Ya en la Avenida Pensilvania, Gainza Paz, Victoria Ocampo y el evocador de este imborrable encuentro, comentábamos la certeza moral de haber asistido a un instante histórico en nuestro quehacer de periodistas. Febrero de 1993

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