LOS JUEGOS TIENEN SU PÚBLICO

LOS JUEGOS TIENEN SU PÚBLICO

Los caleños han dado un sííííííí rotundo a los I Juegos del Pacífico. La buena asistencia a los escenarios en muchas modalidades que desconocen, es una prueba de que Cali sigue siendo la capital deportiva de Colombia.

26 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Es un público heterogéneo. Los hay de todos los sectores y de todas las intenciones. Forman parte de una masa humana que se riega por las graderías y que ovacionan con entusiasmo.

Es lo que se percibe en el coliseo El Pueblo, en el velódromo, en el patinódromo, en la unidad Deportiva Panamericana y aún en las calles cuando de ciclismo se trata.

Sí, el público caleño ha respondido al llamado de los Primeros Juegos del Pacífico, aunque no en la forma como acude a ver a jugar al Cali y el América, pero sí a su manera, demostrando que el fútbol no es la única distracción.

Allí se ven los curiosos, los noveleros, los que van por entrar a la onda citadina del momento, los especialistas en cada modalidad deportiva, los familiares de los muchachos que compiten, los adictos al deporte y las delegaciones que en su idioma particular gritan cada uno en una expresión diferente animando a sus compañeros en las justas.

No en vano, Marta Cecilia Campos estaba este fin de semana a las 9:00 a.m. en la gradería del patinódromo para gozar del deporte que le parece más bello. Siempre vengo a ver las competencias en patinaje y ahora con más razón. Es una disciplina con un lindo estilo. además admira de estos muchachos la manera como trabajan pues es un ejemplo para los mayores , expresa una caleña que con falda larga se sentó a admirar el espectáculo donde unas mil personas hacían lo mismo.

Allí con sus cachuchas, los pantalones cortos y envases para calmar la sed, gritaban pitaban y ondeaban con energía las banderas colombianas que Griselda Reitan elaboró para animar a Julián Fernández, el patinador caleño, miembro de la selección nacional.

Otros en cambio recochaban, como las chicas que van admirar al más guapo de los patinadores, o como los australianos y los entrenadores que brincaban sin parar además de los aplausos que brindaban mientras el vértigo y la velocidad de patinadores como Chad Hedrick de Estados Unidos hacía que el patinódromo vibrara.

En las calles, al norte de Cali la emoción también mostraba el frenesí del deporte, en la contrarreloj de ciclismo, en especial cuando los colombianos celebraban arrodillados (algunos) la medalla de oro del paisa Duván Ramírez.

En el sur, el coliseo El Pueblo se apreciaba un espectáculo hermoso: la gimnasia artística. Aproximadamente unos cinco mil espectadores se dieron cita para aplaudir a rabiar cuando las chicos de Australia, Nueva Zelandia, Chinese Taipei y de Colombia, demostraban su poderío en salto de caballete y en el piso. La barra de los chinos con su bandera colgada en las barandas, unas (30 personas en las que se incluían niños) animaban a las chinas por la plasticidad de sus movimientos.

Entre tanto a los 5.000 espectadores que asistieron al Diamante de Béisbol de la Unidad Panamericana parecía que el tiempo no les pasaba. Poco se llenaron las graderías y así permanecieron desde la 1:00 de la tarde del sábado cuando se inició el encuentro entre Panamá y Nicaragua hasta las 9:00 de la noche, después de emocionarse con los partidos Colombia-Ecuador y Chinese Taipei-Estados Unidos, el cual elevó los ánimos de los caleños que hasta pasadas las 9:00 de la noche.

Este público que se abarrota buscando conocer otros deportes también tiene sus preferencias. Hay barras para los chinos que son los más populares del certamen y los gritos y los vamos vamos, más fuerte, más fuerte son para los colombianos que cumplen bien su papel. Entre tanto, un silencio acompaña la salida de los estadounidenses.

Es la fiesta de la alegría deportiva, con un público disímil que va a gozar aunque los juegos no cuenten con muchas estrellas. Espectadores que olvidaron este fin de semana las preocupaciones por los allanamientos, porque para ellos el deporte es aplicar eso que falta en Cali y que se había olvidado: cuerpo sano en mente sana. Ese es el cuento en que andan por ahora los caleños.

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