BUENA ESTRATEGIA

Como lo dijo el ministro de Defensa, las entregas de los capos caleños no son fruto de un milagro. No es que la Divina Providencia haya intervenido para que estos ciudadanos hubieran sentido el soplo del arrepentimiento para decidir, en consecuencia, ponerse en manos de las autoridades, o bajar la guardia en tal forma que cayeron presos después de habilidosa persecución.

26 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Todo lo que ha ocurrido es la consecuencia lógica de una estrategia bien planificada por el Gobierno y las Fuerzas Armadas, que han venido actuando con éxitos innegables. De manera que hasta los más empecinados opositores del actual régimen deben reconocer, con placer patriótico, la entrega de los narcotraficantes y el buen resultado que se atribuye el Gobierno por sucesos que bien pueden cambiar la historia del narcotráfico en Colombia. Pero no nos hacemos ilusiones. Sabemos que esta industria y así debe llamársele está extendida por todo el mundo y produce dividendos más jugosos que los de organizaciones honestas que trabajan todo el año y no alcanzan a dar un rendimiento similar al del tráfico de drogas. Pero también saber que los están golpeando, que las tácticas empleadas son inteligentes y reciben el premio al buen esfuerzo, puede minar, y seguramente minará, la disposición de aquellos que han entregado parte de su vida a enriquecerse con este estilo de delincuencia. Otra cosa es creer que mientras no disminuya el consumo, y, por el contrario, aumente, va a desaparecer el narcotráfico en los Estados Unidos, en Asia, en América y en Europa.

Con todos estos éxitos, se caen por su base las campañas para desprestigiar a las Fuerzas Armadas, para pensar que este es un país de corruptos vendidos a las mafias. No vamos a negar nadie podría hacerlo la influencia del poderoso dinero surgido de las arcas de los narcotraficantes. Son muchos los corruptos, son numerosos los ciudadanos afectados por el riesgo de vender su conciencia ante un puñado de dólares o pesos. Pero de aquí a extender a los colombianos el horrible calificativo de que el nuestro es un país narcotraficante, donde inclusive su democracia está contaminada, hay un gran abismo. Entre ese cúmulo de ciudadanos que llevan una vida honesta; que gozan de riquezas, elevadas o reducidas, producto de una labor que beneficia a Colombia, se debe incluir a muchos oficiales, soldados, trabajadores civiles dependientes de las Fuerzas Armadas. Es un reconocimiento justo a una tarea cumplida desde hace buen tiempo, y donde también la sangre ha corrido en la batalla contra el narcotráfico y la guerrilla. En estos momentos hay que felicitar al Gobierno y a su Ejército, en todos los campos.

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