TARJETA ROJA A LAS NOTICIAS INTERESADAS

TARJETA ROJA A LAS NOTICIAS INTERESADAS

Entre los deberes de un periódico está el de rectificar sus errores y hacerlo en forma clara, para que los lectores no se llamen a engaño. EL TIEMPO lo hizo el lunes pasado, en un caso que merece análisis porque ofrece una lección sobre las precauciones que se deben tomar para el adecuado manejo de las noticias.

25 de junio 1995 , 12:00 a. m.

La rectificación se refirió a unas declaraciones del gerente de la Empresa de Licores de Cundinamarca, Juan Manuel González Molano, en las cuales éste había acusado a las administraciones anteriores de dicha entidad de incurrir en gastos inoficiosos en publicidad y otras anomalías , según él con grave perjuicio económico para la misma. Estas declaraciones llegaron a la redacción dentro de un comunicado de la Oficina de Prensa de la Gobernación del Departamento, y fueron tomadas de allí por una periodista de este diario para elaborar una noticia que se publicó el 3 de marzo.

El primer error fue proceder a la publicación sin verificar los alcances de la acusación ni dar oportunidad a los acusados (en particular al último gerente de la Licorera, Pedro de Narváez López), de ofrecer su versión de los hechos para que los lectores recibieran una información completa y equilibrada. Como era de esperarse, el antecesor de González se dirigió al periódico para rechazar los cargos, y también al acusador para exigirle que los probara.

En respuesta a esta exigencia, el gerente envió a De Narváez una carta que desmintió sus propias declaraciones contenidas en el comunicado y publicadas en la forma descrita. También envió al periódico otra carta en el mismo sentido, que junto con la anterior dio pie para que EL TIEMPO rectificara la noticia original.

El asunto, sin embargo, no terminó allí. La Oficina de Prensa de la Gobernación, considerando que al rectificar su comunicado se había creado una duda sobre su comportamiento profesional, pidió al periódico aclarar que ella se había limitado a transcribir las declaraciones de González, hechas en rueda de prensa, en presencia de varios funcionarios del Departamento, y grabadas por esa dependencia en cintas de radio y de televisión. En la sección de Cartas al Defensor del Lector se publicó ayer esa comunicación, que deja en claro lo que pasó.

Un problema general El caso anterior es ilustrativo de un problema que está afectando el cubrimiento de las noticias en este diario, y posiblemente en los demás medios de comunicación del país. Se trata del uso creciente de los comunicados de prensa --emitidos por dependencias y organismos oficiales, empresas privadas o individuos--, como materia prima, a veces exclusiva, de la información que se presenta a los lectores.

Nadie podría cuestionar alegremente, ni en forma generalizada, la honorabilidad de quienes originan, producen y distribuyen esos comunicados, que forman parte de la masa de información recibida diariamente por los medios. Pero es obvio que ellos transmiten las versiones que sus protagonistas tienen interés en difundir, y por lo tanto no cubren casi nunca los distintos ángulos de los acontecimientos.

Los comunicados no pueden sustituir, por esto, el trabajo de investigación y verificación que deben realizar los periodistas para preparar las noticias. Sirven de fuente secundaria y elemento de apoyo en ese trabajo, pero no es lógico ni aceptable que se conviertan en el único componente de la información.

Hay excepciones, por supuesto, como los comunicados que en ocasiones muy especiales emiten las autoridades para informar a la ciudadanía sobre hechos importantes de interés público, los cuales constituyen noticia por sí mismos. Pero aún en las dependencias más altas del Estado ha ocurrido el caso de que un comunicado consignó un error, por lo cual nunca sobra, al menos, su verificación.

No hace mucho, en el boletín de prensa de la Secretaría de Información de la Presidencia de la República se incluyó una noticia, tomada de un noticiero radial, que resultó falsa. Se trató de un anuncio divulgado desde Palacio el 21 de mayo, según el cual las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) habían respondido la propuesta de paz del gobierno.

El comunicado tuvo acogida en los medios por tratarse de un documento oficial transmitido desde la Presidencia, y fue publicado por diversos periódicos, entre ellos EL TIEMPO. Poco después de supo, sin embargo, que la comunicación de las FARC se había producido cuatro días antes de la propuesta del presidente Ernesto Samper --hecha el 18 de mayo--, y siete antes de la emisión del boletín de la Secretaría de Información que lo presentó como primicia. También se estableció que la versión se había originado en el noticiero de la cadena radial RCN, del cual fue tomada por la Secretaría, sin que en el boletín se hubiera hecho la precisión del caso. Obviamente, debió ser rectificada de inmediato, como lo hizo este diario.

Este episodio, como el de la Licorera, demuestra la necesidad de que los periodistas se cuiden siempre de verificar los hechos, corroborar las versiones que les llegan, identificar las fuentes y, una vez recogidos los elementos necesarios para elaborar la noticia, guardar el equilibrio y poner las cosas en su debido contexto. Solo así es posible garantizar la veracidad de lo que se publica, eliminar los errores y, por ende, evitar las rectificaciones.

Frente a los comunicados --sobre todo a los de fuentes interesadas-- hay que estar siempre en guardia; y en algunos casos, para usar una popular expresión deportiva, no sobra tener lista la tarjeta roja.

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